viernes, 20 de diciembre de 2013

Revista de Antropología Social Vol. 22 (2013)

Vol 22 (2013)

Antropología de las políticas públicas

Tabla de contenidos

Monográfico

Perspectivas antropológicas y etnográficas de las políticas públicasPDF
Adela Franzé Mudanó9-25
La mala administración de la seguridad públicaPDF
John Gledhill25-57
Entre el riesgo y la emergencia: insinuaciones policiales en la intervención socialPDF
Débora Ávila Cantos, Sergio García García59-82
Documentos e indocumentados: Antropología urbana, inmigración y ciudadaníaPDF
Juan Thomas Ordóñez83-101
De la “paga” a un derecho social: experiencias y puntos de vista de los beneficiarios gitanos sobre la Renta Mínima de InserciónPDF
Ariadna Ayala Rubio103-136
¿Existe algo como un “problema de los barrios sensibles”? Retorno sobre una categoría de acción públicaPDF
Sylvie Tissot137-153
La utilización, reutilización y patrimonialización de la cultura en los procesos de intervención socialPDF
José Luis García García155-175
La socialización del consultor antropológico: de la práctica a los marcos normativos de la política públicaPDF
Alejandro Agudo Sanchíz177-198
Un modelo para la etnografía de interés público: la conjunción de teoría, práctica, acción y cambio en un mundo globalizadoPDF
Peggy Reeves Sanday199-232

Miscelánea

La construcción política de la desertificación: el desierto que reptaPDF
Pedro Tomé Martín233-261
Los mapas geopolíticos de la Unesco: entre la distinción y la diferencia están las asimetrías. El éxito (exótico) del patrimonio inmaterialPDF
Beatriz Santamarina Campos263-286
Laberintos de la emancipación. Reciprocidad y conflicto entre agentes de promoción social y dirigentes campesinosPDF
Carlos Javier Cowan Ros287-312
Sexo sin palabras. La función del silencio en el intercambio sexual anónimo entre hombresPDF
Jose Antonio Langarita Adiego313-333

Reseñas

Instrucciones para adentrarse en el laberintoPDF
Pedro Tomé335-337
Cerrando una trilogía de Ávila: Ávila de las procesiones, Ávila de las Vírgenes y Ávila de la Fábrica de HarinasPDF
Maribel Blázquez Rodríguez38-343
Un enfoque inclusivo y transnacional a las ideologías lingüísticasPDF
Maria Rosa Garrido344-349
Una línea delgada en el parentesco: los padres/abuelos y las madres/abuelasPDF
Consuelo Álvarez Plaza350-354
La construcción social de la desigualdad en el sistema educativo español. El tiempo de la inmigraciónPDF
Carmen Reybet355-359
Paisaje y esencia castellana en construcciónPDF
Óscar Muñoz Morán360-364
Patrimonio natural y cultural. Una realidad en construcción. Parques, museos y patrimonio ruralPDF
Julio Bodí Ramiro365-368
Notas biográficasPDF
 369-372



Revista de Antropología Social 
ISSN
 1131-558X
ISSN-e 1988-2831
© 2013. Universidad Complutense de Madrid
Biblioteca Complutense | Servicio de Publicaciones

jueves, 12 de diciembre de 2013

REPORTAJE A CLAUDIA ESPINOZA ITURRI, VICEMINISTRA DE POLITICAS COMUNICACIONALES DE BOLIVIA


“Un sector de la prensa es racista”

La ministra Espinoza Iturri señala que aún hoy, después de siete años de gobierno de Evo Morales, persiste en algunos medios una visión muy conservadora que se traduce en discriminación.
 Por Gustavo Veiga

En la vida de Claudia Espinoza Iturri, la viceministra de Políticas Comunicacionales de Bolivia, El Alto en su trayectoria periodística equivalió al llano. No es ésta una paradoja caprichosa. Su actividad comprometida junto a los movimientos sociales y los medios alternativos de aquella ciudad populosa le permitieron llegar al gobierno de Evo Morales el 8 de febrero de 2012. De paso por Argentina para promover los talleres y las ferias del Estado Plurinacional llamadas Comunicando el Cambio, dialogó con Página/12 sobre su gestión.
–Usted ha pronunciado públicamente la definición “Un nuevo país necesita un nuevo periodismo”. ¿Cuál es su significado?
–Con la constitución política del Estado que nos ha costado muchas luchas, muchas muertes y que incluye el derecho a la información como un hecho colectivo que no lo teníamos constitucionalizado, nace la necesidad de construir una nueva comunicación a la par de construir este nuevo país, que es la expresión de la plurinacionalidad, que es la inclusión de los excluidos de siempre y eso requiere también tener a la altura un periodismo que exprese ese proceso histórico-político revolucionario para nosotros. Cuando el presidente Evo Morales llegó al gobierno, nos encontramos con que uno de los sectores que no había cambiado en nada era el sector de la prensa. Mantiene todavía una visión muy conservadora que se traduce en un racismo, una discriminación, una exclusión, inclusive de lo que son las voces populares, los sujetos históricos de este momento y que en muchos casos no pueden expresarse.
–¿Cómo se construye en el día a día ese nuevo periodismo en la Bolivia de hoy?
–Los sectores sociales hoy están sumamente empoderados, porque son los que han hecho este proceso y lo construyen día a día junto con el presidente. Empoderarse de toda esta cantidad de reformas, de cambios que se están llevando adelante, es que también asuman la necesidad de tener ellos mismos la posibilidad de expresar su propia voz y, por lo tanto, crear sus propios medios de comunicación donde no tengan necesariamente los intermediarios de los grandes medios.
–¿De qué manera avanzan los cambios en la comunicación que ustedes se han planteado?
–No podemos separar lo jurídico, lo político y lo ideológico. Se hacen de una manera integral. Por ejemplo, es un hito para nosotros, tanto a nivel de gobierno como de la comunicación, que de la Constitución se desprenda una ley, la 045, contra el racismo y toda forma de discriminación. Por primera vez se incluye a los medios de comunicación en este catálogo donde se establece que toda la sociedad tiene que aprender a respetar un derecho fundamental, que es el derecho a la dignidad de las personas. Eso responde a un proceso histórico boliviano muy concreto. Pero a partir de ese momento, los medios hicieron movimientos en contra, aunque ya en estos años, sin necesidad de aplicar la ley con sus sanciones, adhirieron a una autorregulación más efectiva en ese sentido.
–¿El empoderamiento del que usted habla ha sido transversal a todas las regiones del país, desde El Alto a Santa Cruz de la Sierra?
–No es igual. Porque cada región tiene una formación histórica propia, diferentes diversidades, pueblos indígenas, sectores de clase media urbanos. Pero estamos viviendo algo que para nosotros es un logro: el hecho de que un millón de personas haya dejado la pobreza extrema y pase al espacio de clase media. Eso generó cambios internos a nivel de regiones. Podemos decir que hay un vuelco muy acelerado, más acelerado en estos últimos siete u ocho años que en las dos últimas décadas antes del presidente Evo Morales.
–¿En Bolivia no tienen ley específica de medios, pero sí un Ministerio de Comunicación?
–Tenemos un ministerio que regula las normas. Y eso es lo que estamos haciendo. Pero no existe una ley como en Argentina o Ecuador. Sí contamos con atribuciones dispersas en muchas normativas para fiscalizar los contenidos de los medios de comunicación. No hemos avanzado sobre cómo abordamos su propiedad. Es muy importante cuando digo que los sectores sociales están empoderados de este proceso porque son ellos los que ejercen ese control social sobre los medios. Sin ese control social, más que del gobierno o el Estado, no habría autorregulación. La censura social colectiva es lo que muchas veces ha frenado a los medios en su accionar racista, manipulador... lo que hemos propuesto es que sean los propios gremios que planteen una ley para el ámbito de la comunicación. Hay varias instituciones ligadas al sector, pero hasta la fecha no hemos podido y por tanto no es un tema en el que estemos avanzando.
–¿Cuál es la proporción que existe en su país de medios públicos y medios en manos del sector privado?
–Podríamos decir que estaríamos en un ocho a dos, para ponerlo en cifras. Un ocho que pertenece a un sector privado conservador y un dos que le atribuyo al sistema estatal –que se ha fortalecido mucho con la gestión del presidente Evo Morales– y a un sector de medios que se dicen aliados, y que son privados algunos o reciben apoyos del Estado, pero integran una comunicación enmarcada en lo que la Constitución política nos ha puesto como misión. Entonces, yo diría que es un ocho a dos todavía. Y por lo que decía hace un momento, no es el tema de que sean privados, sino el hecho de que estén vinculados todavía a sectores muy conservadores.
–¿Nos daría un ejemplo?
–En el periódico Página 7 hay una presencia de sectores conservadores totalmente antinacionales. No solamente cuestionan la política que está llevando adelante este gobierno respecto del derecho a una salida al mar, también lo hacen con las políticas de nacionalización de recursos naturales. Privilegian la voz de las transnacionales. No tienen la mínima capacidad de interpretar lo que son los intereses del pueblo boliviano. Mienten. Son varias las mentiras que nos hemos visto obligados a desmentir, a pedir derecho a réplica. Página 7 refleja la presencia de familias chilenas, directamente. La esposa de uno de los dueños es chilena y, además, es la que tiene los vínculos con diputados del sector conservador chileno.
–¿Podría explicarnos cómo se materializa el slogan Bolivia cambia, Evo cumple?
–Bolivia cambia, Evo cumple es el tipo de gestión que hace el presidente, que es una gestión pública reflejada en hechos concretos. El presidente de Bolivia entrega obras en diferentes lugares del país: tres, cuatro, en el mismo día, en diferentes regiones. Este slogan es de un programa de gobierno, mediante el cual tiene la posibilidad de hacer obras de manera directa, sin pasar por todo el sistema burocrático del Estado. Por eso se llama así, Bolivia cambia, Evo cumple.

martes, 10 de diciembre de 2013

Saqueos & policías

Saqueos & policías, a 30 años de democracia: ¿cuál es la bomba de tiempo?

10 12 2013
Fuente: lavaca.org
¿Cómo entender lo que está ocurriendo desde abajo, desde los barrios? ¿Cómo juega lo político? ¿Y la inflación? ¿Cuál es el combustible del accionar policial? ¿Cómo pensar este momento y el futuro? Las miradas del padre Pepe, en la villa cercana al CEAMSE; Carlos Núñez de la Biblioteca Pocho Lepratti de Rosario; el Vasco René Irurzun, de los movimientos sociales de Cipolletti, Río Negro; Lalo Paret de los barrios construidos sobre la basura en José León Suárez en el conurbano. De qué manera juegan lo social, lo sistémico, y lo personal, en pleno cumpleaños democrático.
Saqueos en Bariloche
Saqueos en Bariloche

 Desde abajo

La sorpresa es la reiteración. Diciembres desquiciados, angustiantes, violentos. ¿Cómo los entienden los que viven en esos territorios calientes, pobres y criminalizados? Primer pantallazo:
“A veces cuesta opinar, porque parece que uno está a favor o en contra de un partido o gobierno, cuando lo que uno intenta es entender lo que está pasando”, reflexiona José María Di Paola, el padre Pepe, desde la villa bonaerense La Carcova.
“Hay deudas democráticas. Uno ve fuertes avances en estos 30 años de democracia, pero los sectores que no tenían trabajo siguen igual, o se repiten situaciones que le impiden a la gente dignificarse”, dice Carlos Núñez, director de la Biblioteca Pocho Lepratti, de Rosario.
“Lo que se consolida es el poder de descomposición. Es un tema local y global. Pero estos saqueos y acciones policiales que estamos viendo no son una tragedia, son una comedia, una payasada que trae Papá Noel sin nada reivindicable, salvo para una política que domina a todos: lograr que la que mande sea una derecha, más allá de que el que gobierne diga que es de izquierda”, plantea René Vasco Irurzun, del Movimiento Dignidad, de Cipolletti.
“El control, el poder de movilización y acción, no lo tiene la política ni los partidos. Lo tiene la policía. La gestión sólo parece consistir en contener a la gente. Pero todos se la pasan hablando de si es bueno el que saqueó harina, malo el que saqueó el plasma. Canal 13 y Canal 7 hacen la misma. Mientras no hablemos de los temas de fondo, todo esto es puro entretenimiento”, supone Ernesto Lalo Paret, vecino de José León Suárez, motor de fábricas recuperadas, cooperativas de reciclado y proyectos comunitarios en esos barrios construidos sobre los basurales.
Observa el Vasco sobre la actualidad territorial algo que podría ser una nueva lección para los estudios políticos del presente: “Descompone y reinarás”.
De lo que percibe Lalo, se desprende otra lección: “Gobernar es contener”.

Inflación, soja y policía

El padre Pepe Di Paola es el primer cura que se instaló a vivir en la villa La Carcova, en el partido de San Martín. Colocó al Gauchito Gil junto a la Virgen de Luján. En la capilla hay fotos del papa Francisco en la puerta, y del padre Carlos Mugica adentro. “Hay una diferencia grande entre la situación actual y el 2001, pero hay huellas más profundas que los índices económicos. Hay un descenso muy grande de lo social, chicos criados en comedores, achicamiento del sector productivo, avance de la soja, expulsión de gente del campo, cantidad de cosas que impactan la vida social, y que con el agregado de la droga que impacta muchísimo en sectores juveniles”.
Más lejos, desde Cipolletti, el Vasco René Irurzun (generador de los Movimientos de Trabajadores Desocupados de la zona de Río Negro, y del actual Movimiento Dignidad) plantea el siguiente mapa: “Sobre las dificultades de la situación social, lo que estamos viviendo es a una policía que cobra autonomía con respecto al Estado y la política, y ha generado un poder autosuficiente gracias a una fuente de recursos inagotable: el narcotráfico. El Estado se muestra impotente frente a eso. Hacen negocios por su cuenta y en vez de avanzar sobre la democratización de la policía, la institución se pervierte cada vez más. Y el Poder Judicial no es ajeno a eso. Sumale la inflación sin control, y la incapacidad del modelo que crea cada vez más necesidades para gente cada vez más empobrecida, y eso genera una psicosis como la actual, que se repite en cada diciembre, donde parece que cualquier cosa es posible”.
Protesta policial en Córdoba
Protesta policial en Córdoba

Los sospechosos de siempre

En Rosario Carlos Núñez propone este panorama: “Hay mucha angustia, año tras año, pero se ve que está todo muy armado por una policía cuya vinculación con el narcotráfico ya no es una sospecha sino una certeza comprobada. Y justo antes del aniversario de la democracia, aparece toda esta situación extorsiva. Pero claro, te hace pensar en las deudas fuertes de la democracia. La cuestión de la seguridad comunitaria, participación de sectores sociales y no que terminen siempre favoreciendo a estas fuerzas represivas”.
Carlos reconoce un dilema. “Se dice que los policías también son trabajadores, pero nunca dejamos de pensar que es la misma policía que mató a Pocho Lepratti”. En diciembre de 2001 lo mataron cuando subió al techo del comedor barrial a gritar que no dispararan porque allí había chicos. Lo mataron de un tiro en la garganta.
“Mataron a Pocho, pero asesinaron también a cientos de chicos y esa es una deuda pendiente con toda la comunidad”, dice Carlos. “No es lo mismo que salgan los docentes. ¿Qué te van a tirar? ¿ Tizas? Pero comprendiendo eso, no podés dejar de ver que la situación de las familias excluidas del trabajo sigue siendo la misma. La situación estructural no cambió, y los avances que uno reconoce no llegaron a transformar lo que sigue presente como demanda”.

La nueva pobreza

Irurzun propone comprender que la política tiene siempre resultados en la subjetividad, en lo que llevamos como bagaje de ideas, sentimientos y miradas. “Un modelo de rapiña, de saqueo de recursos naturales, un modelo que privilegia a las corporaciones multinacionales, genera una subjetividad de rapiña, saqueo y privilegios, en la cual todo el mundo cree que puede tomar lo del otro o hacer cualquier cosa”.
Para el Vasco no se trata de pobreza económica, solamente, sino de algo más nuevo: “Hay una pauperización mental, una pauperización de los sentidos. Siempre hay que sacar una tajada. Claro: si el jefe de Drogas Peligrosas tiene autos de lujo y vive en la opulencia y es jefe del narcotráfico, ¿qué puede pensar incluso un policía? Todo lleva a la legitimidad de rapiñar”.

Medios, miedos y Pichiruchi

Los medios son parte del problema y no de la solución, sugiere Irurzun: “Porque son hacedores de esa subjetividad. Exacerban el consumo, y la violencia. Al hablar de inseguridad y violencia generan situaciones de miedo. El miedo lleva a muchas personas a encerrarse, pero a otras las empuja a no quedarse afuera de la rapiña, y a salvarse de cualquier modo. Clarín ataca a tal o cual funcionario, pero es mugre superestructural. La situación de fondo es idéntica y de descomposición”.
Mientras las pantallas destilan tales contenidos, la policía es la que tiene “una capacidad delictiva totalmente desarrollada para incentivar situaciones como las actuales: es una autonomía delictiva, no controlada por el resto del Estado”. El poder de esas fuerzas, sostiene Irurzun, proviene de su relación con fenómenos económicos como el narco “al cual el gobierno está lejísimos de controlar, o de tener un interés político de hacerlo, y menos a nivel provincial. Un gobernador es un Pichiruchi que no tiene la capacidad ni el poder de la policía”.

Ayer militares, hoy policías

Lalo Paret cree que la política como la conocemos está agotada en los territorios. “Lo único que moviliza en términos de orga es la policía, que además le dice al que gobierna: ¿Viste lo que te puede pasar si yo no controlo la situación?”
Si el siglo 20 estuvo signado por “el problema militar” en la vida política argentina, los últimos 30 años muestran la evaporación de ese “problema” para la gente, reemplazado por el “problema policial”. Es la policía la que controla, disciplina, reprime, corrompe y se enriquece a costa de la sociedad. “Y parte de la sociedad cobija todo esto. Yo creo que por eso va a haber más efectos de este tipo. Pero el problema de fondo es otro. La raíz es que después de la dictadura, y profundizado en democracia, no se modificaron cuestiones de pobreza que no tienen que ver con la Asignación Universal por Hijo. Lo que digo es que si no soy sujeto de verdad, si no tengo posibilidad real de acceder a la salud, la justicia o la escuela, soy peor que antes”.
poli y gente

Gestión + contener – corpiños

Paret sostiene que la situación está yendo para atrás. “No se piensa a gran escala, en qué va a pasar de aquí a 20 años. Todo es el efectismo. Cambian un colorcito, una banderita. El tema no es transformar o mejorar, sino contener. La gestión es contener, armonizar, todo pegado con moco, pero que siga para adelante.  Lo ves en Santa Fe. ¿Eso es socialismo? Ahí están contando la plata de la soja delante de los pobres”.
El poder está miope y soberbio, dice Lalo, “y hay gente que te habla de Duhalde. Che, ¿Duhalde andará por La Carcova? Es no tener noción de lo que pasa en el territorio. Mientras tanto sí se comprende que la harina está a 11,60 y que la inflación desquicia todo”.
Padre Pepe: “Produce un enojo porque la gente ve que todo sale el doble. Pero no por eso piensa en saquear”.
Lalo: “Pero cuando se da la situación, la señora del 7° que no tiene problemas, se suma al saqueo y se afana un corpiño. Es como un ánimo, y no sé cómo explicarte: lo toman como una venganza justa. El ánimo social está así”.

Saqueos motorizados

Un detalle interesante observado por el Vasco Irurzun es que los saqueos no se organizan con celulares. “Porque la policía sabe que ahí deja pruebas. Se manejan en motos, los propios policías o los que trabajan para ellos, pueden cortar calles, avisar dónde y cuándo habrá un saqueo, y esa es la metodología que se ve desde hace rato”.
Otra noción: “Es una etapa de fuerte descomposición de las relaciones sociales, de la conviviencia. La Presidenta dice que la democracia es el otro, pero eso no existe. Existe el sálvese quien pueda”. ¿A quién puede atribuirse eso? “A la política del gobierno. Porque vos tenés el plan social, la bolsa de comida de la provincia, el reparto de droga, o trabajar para la policía. Y muchas veces todo eso junto. El común denominador es que la vida ha pasado a no tener valor. Cualquiera se vende, se compra, se corrompe. Hay pibes en las esquinas que establecen pactos de convivencia. ¿Sabés cuál es? No violar a las hermanas de los otros. Hasta ahí llegan”.

Remar contra la descomposición

Pero frente a eso se ven cantidad de situaciones diferentes, de construcción social, de cuidado ambiental y comunitario, de realización productiva, de defensa y ampliación de derechos: “Por supuesto. Son las luces que reman contra la corriente. Pero esta es la corriente, y en todo caso ponemos las mejores esperanzas en que esas luces sean las que nos muestren como salir de la descomposición y la decadencia”.
Cree que el problema no es sólo local sino global: “El poder está muy lejos de la Casa Rosada y de los partidos políticos. Hoy son capitales y dinámicas de poder real, que funcionan a partir de la descomposición social. Hoy no se puede gobernar en este esquema si no es descomponiendo”. En ese rubro contabiliza el Vasco la desaparición de movimientos sociales en las entrañas políticas y económicas del actual Estado. “Y las democracias no como formas de libertad, sino como formas de dominación”.
Definición: “Lo que se percibe es una descomposición globalizada de lo humano, que es la forma de sostener lo que hacen los gobiernos y corporaciones del mundo. Por eso creo que los cambios, esas luces que mencionábamos antes, nacen fuera del Estado y del mercado”.
¿Qué representan? “Lo expresaría así: representan que la vida sigue presente, sigue desenvolviéndose. Todos podemos caer en la descomposición, o seguir viviendo y respirando un aire distinto. Digno. No contaminado por estas cuestiones. Los que querramos hacer eso, seguiremos haciendo cosas. Lo otro es la pudrición, en el sentido más llano, cuando se pudren los sentimientos, los sentidos, las virtudes de lo humano y de la vida. En ese punto hay que decidir si seguís con la corriente o te largás a remar en contra de la descomposición”.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Entrevista a la socióloga Alejandra Ciuffolini sobre el conflicto social en Córdoba

Entrevista a la socióloga Alejandra Ciuffolini sobre el conflicto social en Córdoba

“Nos vuelven rehenes de un poder irresponsable”

Ciuffolini señala que detrás de los saqueos y los hechos de violencia registrados están las políticas del gobierno provincial, que plantean una “dinámica excluyente y segregadora” hacia los sectores populares.

Por Leonardo Rossi
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Desde Córdoba
La jornada del martes y madrugada del miércoles pasado resquebrajó el aparente contrato social de la ciudadanía cordobesa. La propagación de los saqueos que se sucedieron con el correr de las horas, y la cadena subsiguiente de hechos que se desató (tiroteos, heridos, muerte) hizo estallar las ideas de comunidad, espacio público, bien colectivo, entre otras categorías. Frente a los discursos que hablaron de “anomia”, “caos” o “desborde social”, el grupo de investigadores del Llano en llamas, de la Universidad Católica y la Universidad Nacional de Córdoba (ver aparte) puso en juego otra interpretación: “Esta no es una ciudad de delincuentes que sin presencia de la fuerza policial es tierra de nadie. Este es un modo de gobierno que extiende a la sociedad todas sus disputas y nos vuelve a todos rehenes de un poder irresponsable y displicente”. Alejandra Ciuffolini, coordinadora de este colectivo académico dedicado a estudiar la conflictividad social, explica que la propia fuerza policial ha sido creadora de “espacios de violencia” o “zonas liberadas”, que luego devienen “situaciones incontrolables”. Pero no comparte la idea de espontaneidad del “desborde social”.
Ciuffolini intenta rastrear las problemáticas que subyacen a lo ocurrido los últimos días y entiende que hay un marco de políticas, encabezadas en la provincia por José Manuel de la Sota que propone una “dinámica excluyente y segregadora” hacia los sectores populares que han decantado en estos hechos de violencia. En diálogo con Página/12, la doctora en Ciencias Sociales puntea los vínculos entre una sociedad que invita a los jóvenes pobres a un consumo del que no pueden formar parte, mientras construye sentido para que las clases medias y altas salgan a la “caza de los ‘negros de mierda’”.
–En las últimas horas algunos analistas hablaron de “desborde social”, “anomia”, de un hecho “fuera de lo socialmente razonable”. ¿Qué historia subyace a la jornada del martes pasado?–Nuestro trabajo de investigación sobre luchas sociales nos permite un análisis en el que los hechos recientes se inscriben en una historia más larga de conflictos y necesidades en los sectores populares. Cabe reseñar la dinámica excluyente y segregadora de la mayor política de vivienda en la última década, como el programa “Mi casa, mi vida”, que ha desplazado a los bordes de la ciudad a buena parte de los sectores populares que habitaban en villas y asentamientos. Incluso relocalizó en un mismo barrio a poblaciones con enemistades históricas, cuyo resultado ha sido la configuración de espacios inhabitables por la violencia imperante. Tenemos además una práctica de seguridad, que se asienta en el abusivo Código de Faltas como herramienta de control de la vía pública, delimitando espacios de circulación y vida de los pobres; leyes como la de narco-menudeo y contra la trata, que con sus figuras escasamente tipificadas intensifican la persecución y el hostigamiento hacia los sectores populares. Hay que sumar la inaccesibilidad a cuestiones tan básicas como la tierra, la vivienda, por el encarecimiento del suelo y por claras políticas de desarrollo urbano que privilegian los emprendimientos privados. De fondo también aparece el deterioro financiero de la provincia, que impacta en el diseño de programas y políticas sociales, y especialmente en materia de empleo. Estas cuestiones, entre otras, han generado un profundo malestar en las barriadas populares, especialmente en los jóvenes.
–Con todas esas problemáticas agudizándose, ¿podía advertirse una reacción de este tipo?–Hace ya unos años, cuando se conocían los disturbios en los suburbios de París, nosotros advertíamos que no estábamos distantes de eso. Sin embargo, esa rabia social que se gesta en los permanentes procesos de exclusión se agudiza aún más por la constricción del acceso al consumo, que parece ser el precario vínculo de pertenencia que especialmente los jóvenes de barrios populares ven como posibilidad. Esa rabia social permanece en un estado de latencia, de la que los sucesos recientes son sólo una muestra.
–¿Qué lectura particular tiene del motor que inicia los saqueos?–Especialmente en relación con los saqueos, cabría precisar que comienzan en barrios cuyos habitantes son en buena parte policías retirados o en actividad, por ejemplo barrio SEP, lo que casi no deja duda de la conexión entre los primeros saqueos y el mismo conflicto policial.
–¿Entiende que la propia policía tuvo un rol clave?–Si hay algo que la policía de la provincia ha usado como recurso casi permanente en los conflictos sociales es generar “zonas liberadas”, o lo que debería llamarse “creación de espacios de violencia”.
–Entonces, la idea de espontaneidad de los saqueos ¿hay que reformularla?–No comparto la idea de desborde social, y sí creo que se han generado espacios de violencia, cuyo devenir es siempre incontrolable, así lo demuestra también lo sucedido en otras circunstancias recientes, como el acampe contra Monsanto, donde una patota atacó a la asamblea de Malvinas Argentinas mientras la policía estaba en el lugar, y la reciente batalla en el barrio Bajo Pueyrredón luego de que un joven fuera baleado aparentemente por un efectivo.
–¿Qué diferencias tiene este hecho con otras irrupciones masivas y violentas en el espacio público?–La rabia social o el malestar que se evidencia en los sectores populares no logra aún organizarse de manera masiva y política. El hecho de la masividad lo distancia de los sucesos del 2001, y la aún insuficiente organización política del histórico Cordobazo. Aquí se trata de otra cosa, es aquello que aún está por venir, de eso que puede volverse y sobre eso que aún no es.
–¿Cómo interpretar el armado de “grupos de seguridad civiles” en barrios medios y altos?–La rabia social no sólo es de los sectores populares, también está en las clases medias y altas, y ése es el otro lado de la rabia. Si algo hay de llamativo en estos días es la furia de esos sectores. El modo violento con que jóvenes y adultos se lanzaron a la “caza” de aquellos que portan gorra, van en moto de a dos y son morochos. La peligrosa ideología construida alrededor del “negro de mierda”, que es exactamente aquella que está en nuestras calles desde hace más de una década dispuesta como paradigma de seguridad.
–¿Cómo queda la institución policial configurada en el imaginario colectivo luego de estas jornadas?–El traslado del conflicto salarial de la policía al campo social es una operación de legitimación y lavado de cara para una institución que había sido profundamente afectada con el escándalo de las conexiones entre poder político, la policía y el narcotráfico. El conflicto salarial, encarado por los estamentos más bajos de la fuerza, impacta frente al caos con un efecto de legitimación en los sectores medios-altos de la sociedad frente a la ausencia policial en las calles, que evita una reestructuración real de la fuerza.
–¿Cómo cree que se reflejará en lo inmediato esta conflictividad?–Lo sucedido en esta semana abre un escenario político y sindical complejo, pues será difícil contener la avalancha de reclamos que se inicia y que se han habilitado por esta situación, mostrando con más claridad aún la descomposición de las alianzas en la fuerza política gobernante. Ciertamente, entiendo que esto se traducirá en un plazo no muy largo en desplazamientos y nombramientos en las distintas carteras del Ejecutivo provincial.
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domingo, 8 de diciembre de 2013

Conurbanos

PROBLEMAS DE FONDO TRAS LAS CRISIS POLICIALES Y LOS SAQUEOS

Conurbanos

Los conflictos policiales y los saqueos pusieron a la vista una crisis de fondo, motivada por un modelo productivo que sólo fue atenuado en estos años. La brecha producida por el boom sojero en los conurbanos de Córdoba, Rosario y Buenos Aires, y el bang del delito regulado por una policía brava que sabe cómo negociar con los respectivos gobernadores, cualquiera sea su signo político. Sin reforma policial y acceso al suelo urbano no hay remedio contra el narcotráfico y la inseguridad.

Por Horacio Verbitsky
Imagen: Gonzalo Martínez.
Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires tienen gobiernos de distinto signo. Las disidencias y rivalidades entre ellos y/o con el gobierno nacional monopolizan todos los análisis políticos. Pero estos movimientos de superficie, donde los actores políticos interactúan con consultores, hombres de negocios, eclesiásticos y periodistas, resultan trastornados por eclosiones como la de esta semana en Córdoba, con sus reverberaciones en Santa Fe y Buenos Aires, que se extendieron como un eco a otras provincias cuyas policías reclaman mejoras salariales, como San Juan, Chubut, La Rioja, Catamarca, Neuquén y Río Negro.
Las policías de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires son parte activa de redes de ilegalidad y mantienen una relación de equilibrio inestable con la conducción política. Pero mientras los gobernadores de Córdoba y Santa Fe debieron dejar caer a sus cúpulas policiales, cuyos jefes están detenidos por complicidad con el narcotráfico, el de Buenos Aires prefirió retener a la suya, pese al lapidario informe de la comisión senatorial investigadora que pidió la destitución de medio centenar de oficiales, incluidos el jefe de entonces y el actual. Cuando la negociación con el poder político no les resulta favorable, las policías pueden acudir a un relajamiento del control social, con las consecuencias que están a la vista. Estos estremecimientos se originan en los conurbanos de las provincias fundamentales del modelo productivo implantado desde mediados de la década de 1990, con la tremenda polarización clasista y el desplazamiento de poblaciones, cuyos efectos sólo fueron atenuados por los avances reparadores de la última década. Esto mide la fragilidad del terreno sobre el que está asentada la democracia que esta semana cumple 30 años; también la magnitud y la diversidad de conflictos siempre prestos a manifestarse en cuanto una merma en el crecimiento macroeconómico y la generación de empleo exacerba ánimos y requerimientos. Más aún si se acercan el verano y las fiestas de fin de año, y se repiten las
inundaciones y los cortes de luz y de agua, consecuencia de los temporales con los que cada vez más habrá que convivir debido al cambio climático y la imprevisión urbana de sus consecuencias. El gobernador de Córdoba desdeñó los indicios previos y se fue del país mientras fermentaba el conflicto y, luego de su precipitado regreso, descargó toda responsabilidad en el gobierno nacional, politiquerizando una situación propia y grave. El de Santa Fe detectó a tiempo la convocatoria a un acuartelamiento por parte del sindicato policial Apropol, denunció a sus jefes por instigación a cometer delitos y recurrió en forma discreta al gobierno nacional. Así, la movilización se produjo pero no hubo abandono del servicio como en Córdoba. El de Buenos Aires coordinó acciones desde el primer momento con la Nación y juntos establecieron un comando ubicado cerca del cruce estratégico entre las avenidas Ri-ccheri y Camino de Cintura, como para señalar el corrimiento del eje y el centro de gravedad. Es fácil perderse en las diferencias, pero más importantes son las similitudes de fondo, entre tres provincias de un mismo país, con un único esquema productivo.

Puntos en común

Con alta probabilidad dentro de dos años se medirán en las urnas el Peornismo Opositor, el acuerdo radical-socialista y el Frente para la Victoria, ninguno de los cuales tiene todavía un candidato que sobresalga en forma excluyente sobre el resto, lo cual hace previsible que esta vez funcione a pleno la ley electoral que creó las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias. Pero en las provincias gobernadas tanto por el cordobesismo conservador de José de la Sota, el socialismo liberal de Antonio Bonfatti y Hermes
Binner y el peronismo de bajas calorías de Daniel Scioli, los cultivos transgénicos resistentes a su correspondiente herbicida se extendieron hasta la puerta de las ciudades, desplazando población y otras producciones de la agricultura de subsistencia y provisión para el consumo y encareciendo el valor de la tierra urbana. La concentración y los altos precios internacionales produjeron un enorme excedente que se volcó a la inversión inmobiliaria. Pero a falta de regulación estatal, una parte de las unidades construidas en torres o barrios cerrados permanecen desocupadas, como reserva de valor, mientras una cantidad equivalente o mayor de familias carece de recursos para acceder a la vivienda y se asientan de modo precario en terrenos de baja calidad, anegables y/o con acceso deficiente a los servicios esenciales. La explosión del consumo de un sector y la imposibilidad de equiparación para el resto constituye el caldo de cultivo para el surgimiento de una economía ilegal como forma de acceso a un universo tan dorado como prohibido. La regulación de ese mercado es una de las tareas principales de las policías, que reclutan varones jóvenes de esos sectores para delinquir. El diputado electo Felipe Solá merecería ser recordado en estos días. Como Secretario de Agricultura autorizó en 1996 a producir y comercializar la semilla y los productos y subproductos de la soja de Monsanto tolerante al herbicida glifosato. Como gobernador de Buenos Aires, impulsó en 2005 la ley por la que la represión de los consumidores y el comercio al menudeo de drogas cayó en manos de policías, fiscales y jueces provinciales, en los que se delegó el control social y los negocios.

Delegación o control

El esquema de gobernabilidad que Eduardo Duhalde implantó en Buenos Aires hace dos décadas tuvo más visibilidad que sus correlatos en Santa Fe y Córdoba, que no fueron diferentes. En cada caso, consistió en la delegación de la seguridad en la agencia policial, sin otra conducción política que el señalamiento tácito o explícito de la brecha social como territorio de su acción represiva, con algunos esporádicos intentos de reforma y la posterior restauración del esquema anterior. Lo fundamental no es el signo político del gobernador, porque el problema subyacente es estructural. Los dos presidentes Kirchner son los que mejor se aproximaron al abordaje de cada uno de esos problemas, pero en esta materia nada es suficiente. Las retenciones diferenciales para estimular otros cultivos que resistan el avance de la soja; la reindustrialización y el mejoramiento del empleo formal (que en los últimos años se estancó, en especial entre los jóvenes); la construcción de viviendas y los créditos blandos para ello; la oferta a precios accesibles de terrenos con los servicios básicos, la duplicación del universo alcanzado por el sistema jubilatorio, la transferencia directa de ingresos por medio de la asignación por cada hijo menor de 18 años, el regreso al sistema educativo de grandes contingentes que habían quedado al margen, el mayor control de las fuerzas de seguridad, el cuestionamiento a la lógica fallida de la “guerra a las drogas” son pasos apreciables. Pero no han tenido la extensión, la densidad y la persistencia necesarias para romper con la inercia favorable a los poderosos intereses que prosperan con el estado de cosas vigente, por lo cual la regresión es siempre posible. Las dificultades son enormes y se manifiestan de muy distintas formas. La resistencia a las retenciones casi acaba con el gobierno de CFK en 2008 y los intentos de reducir la gravitación del comercio exterior de soja están limitados por la importancia de los ingresos que permiten sostener los programas sociales, exhibiendo el peligro de impulsar una política de reparación con el mismo motor que dio fuerza al daño. Mientras otros países de la región han reprimarizado sus economías, en la Argentina creció la significación de las Manufacturas de Origen Industrial, pero el déficit de la balanza comercial de esas MOI consume la mayor parte del superávit total. La relación con las fuerzas de seguridad osciló entre la laxitud y el control por parte del poder político, según de qué ministrx dependieran. Esto impidió consolidar una política, si bien la diferencia con las fuerzas provinciales es sideral, aún en el peor momento. Desde la gestión de Aníbal Fernández hasta la de Sergio Berni, el gobierno nacional ha objetado el paradigma estadounidense de la denominada guerra contra las drogas, cuyo fracaso es ostensible. Sin embargo, hasta ahora no ha derogado la ley que penaliza la tenencia para el consumo, a pesar de que la Corte Suprema de Justicia la considera inconstitucional, no ha puesto en cuestión que se haya provincializado la represión del comercio minorista de estupefacientes, ni ha sabido crear una Agencia Nacional, como la que Gran Bretaña acaba de establecer, con cuatro comandos y sus respectivas áreas de responsabilidad: criminalidad organizada, delincuencia económica, fronteras y explotación infantil/protección online.

Las dos Córdobas

Según el periodista cordobés Dante Leguizamón, en el oeste de la ciudad y en la zona cercana al acuartelamiento fue evidente la organización y coordinación de los saqueos por la propia policía. Primero pasaban motos cuyos tripulantes sólo rompían las vidrieras, detrás otras motos que precedían a unas camionetas muy chetas en las que comenzaba a cargarse la mercadería saqueada, y recién después el contagio generalizado. Una vez cerrado el acuerdo con la aceptación de todas las condiciones de los alzados, De la Sota los envió a que hicieran lo que mejor saben y más les gusta. Como en una intensificación de la práctica cotidiana, usaron los peores modales para recuperar parte de los bienes robados en la zona que antes habían liberado. El antropólogo Pablo Semán tampoco cree en la espontaneidad del saqueo, pero prefiere detenerse sobre las condiciones estructurales que lo hacen posible. Especializado en temas de cultura popular, viaja a Córdoba varias veces por año. Es hijo del militante detenido-desaparecido Elías Semán, y vivió allí durante parte de su infancia, lo cual refuerza el interés de su visión. Semán compara con los bantustanes sudafricanos las ciudades dormitorio, o satélite, surgidas de la erradicación de villas que ocupaban terrenos apetecidos por la especulación inmobiliaria y del boom de la soja y la consolidación de la industria automotriz. Sus jóvenes pobladores son víctimas de retenes policiales sistemáticos “por portación de edad, cara, o zapatillas inconsistentes con el prejuicio del observador”, dice Semán. También el ex diputado radical y ex fiscal de Estado Miguel Ortiz Pellegrini dijo que las escenas nocturnas, con disparos que se escuchaban en diversos puntos de la ciudad, le hicieron recordar “a las películas del Apartheid”. La diferencia es que él representó en las negociaciones a los policías sublevados. Cada vez que Semán viaja a Córdoba le asombra “la debilidad relativa de la presencia numérica de aquellos sujetos que el racismo impiadoso de Córdoba podía llamar negrazones”, que fueron segregados en esas ciudades dormitorio. “En tiempos normales en Córdoba hay mucha policía en la calle.” Esa “gendarmería permanente, beligerante y numerosa” constituye un factor vital del orden social imperante, que aisló a los negros en las ciudades dormitorio. “Y es de esperar que si se ausenta, ese orden no funcione en automático.” La contraparte es Nueva Córdoba, “barrio emblemático de los beneficios del boom de la soja, con verdulerías decoradas al modo de Nueva York, vinerías finas, panaderías francesas, fotocopiadoras de lujo, casas de ropa de marca y locales nocturnos para la diversión de miles de estudiantes que vienen desde las prósperas localidades vinculadas a la expansión del agronegocio”. Esa población de estudiantes “no gasta menos de 20.000 pesos mensuales y viaja habitualmente a Estados Unidos, Europa y el Caribe”. Allí, hasta en los “puestos viles”, como dependientes de almacén, repositores o asistentes de limpieza se ve la presencia dominante de hijos de colonos gringos, más pobres, pero blancos. “La policía garantizaba ese orden, que se aceitaba con los recursos que el narcotráfico le derivaba a la policía y que ha perdido transitoriamente su lubricante”, a raíz de las denuncias sobre el narcoescándalo que lesionaron el pacto de delegación y gobernabilidad con el gobierno provincial (esto último no es cosecha de Semán sino propia). Cuando el reaseguro policial desaparece, emerge el carácter masivo del horror. “La Córdoba dividida y desigualada a la fuerza ha mostrado por un segundo la arquitectura y el dolor generalmente enmudecidos de su constitución social”, concluye el calificado observador.

El boom y el bang

Ciudad del boom, ciudad del bang es el título del documental de Martín Céspedes que puede verse en Internet (http://www.youtube.com/watch?v=si952Ed7Vu0). Se refiere a Rosario y su zona de influencia, Villa Gobernador Gálvez, Granadero Baigorria, Pérez y Arroyo Seco, con datos oficiales del Instituto de Estadísticas y Censos de la Gobernación de Santa Fe y del Club de Investigaciones Urbanas. Desde la crisis de 2001 y los presuntos asados de gato, hasta 2007, la extraordinaria renta sojera pobló la costa de edificios de lujo. Los permisos para construir esos edificios denominados multivivienda, con y sin locales, se multiplicaron por 7,6 comparando 2001 con 2007 y por cinco con 2012. Entre 2005 y 2013 la Municipalidad de Rosario autorizó la construcción de 3,6 millones de metros cuadrados, de los cuales el 79 por ciento en la zona céntrica. Esto representa el 14 por ciento de la superficie total del distrito. Esa es la ciudad abarcelonada que se muestra a los turistas, cuyo aflujo se duplicó. Pero según el censo nacional de 2010, casi el 20 por ciento de las viviendas particulares están vacías. Si allí se ve el boom, el bang se escucha al norte y al sur de la ciudad, donde se amontonan como pueden los desalojados por el movimiento de pinzas entre el avance de las tierras rurales y el de los barrios privados. Villa Moreno, en la periferia sur, desemboca “en un casino cinco estrellas con palmeras imitación Miami”, sostiene el documental, que la califica como zona liberada por los transas. “La vida narco proyecta imágenes de felicidad fulgurante para los miles de pibes de esta sociedad inflamada de consumo. También reparte plomo”, afirma otra placa. El dato no es secreto: con 183 homicidios, Rosario es la ciudad record del país. El film concluye con el inquietante vaticinio de un militante social del Bodegón Cultural casa de Pocho Lepratti: “El grado de violencia que crece en los barrios, en algún momento va a volver, lamentablemente de la peor manera”. Durante los 24 años de gobiernos justicialistas, la policía respondió a un esquema clásico que un funcionario judicial describe como “marcada de territorio o cancha, espacios y materias donde se podía delinquir y donde no, recaudación centralizada, distribución equitativa de lo producido por las economías delictuales y garantía de impunidad vía poder judicial controlado”.
Luego de los dos primeros años en que intentó romper con este esquema, controlar a la policía y modernizar la Justicia, Binner se rindió y designó como ministro de seguridad al director del registro civil, el abogado Alvaro Gaviola, sin la menor experiencia en la materia. “Esa fue una clara señal para la Policía Santafecina acerca de que había piedra libre para cualquier cosa. Y así ocurrió. Comenzó una feudalización de las cajas recaudatorias en las diversas áreas policiales. Obviamente, la que más comenzó a recaudar y a desmadrarse fue la de Drogas.” Este es el origen del descontrol, la multiplicación de la violencia y las muertes relacionadas con el control geográfico de la ciudad. Cuando la justicia y la policía federales comenzaron a desmantelarlo, Bonfatti denunció una injerencia del gobierno central. Hasta que le balearon la casa y entendió que el juego se estaba poniendo demasiado peligroso. “La ciudad estallada en los márgenes se cuela en la ciudad protegida, ciertos homicidios (que la prensa oficial llama ajustes de cuentas), aparecen rondando calles macro céntricas, y entonces el gobierno reacciona. La sangre no debe salpicar a la ciudad turística”, dice el funcionario judicial.

Aniversarios

Ayer se cumplieron tres años de la ocupación del Parque Indoamericano en la conurbanizada zona sur de la Ciudad Autónoma, donde se concentran la mayor cantidad de población por debajo del índice de pobreza, el más alto porcentaje de hogares hacinados, los mayores índices de precariedad en la construcción y de falta de acceso al agua de red y cloacas. Su motivo transparente fue el déficit habitacional, que afecta a cerca de medio millón de personas en la Capital y que permanece sin solución. La causa por la represión policial que causó la muerte de tres personas, no avanza. En cambio sí progresa la de la justicia porteña por usurpación contra los referentes sociales que en el peor momento de la crisis lograron abrir el diálogo con las autoridades políticas. La Nación y la Ciudad anunciaron entonces un plan conjunto de viviendas, pero tres años después ni siquiera definieron en qué terrenos se edificarían. Esta semana se cumplió además un año de la promulgación de la ley bonaerense de hábitat y vivienda, un moderno instrumento de regulación del uso de la tierra, que sin avasallar los intereses de los desarrolladores inmobiliarios, contempla también la problemática angustiante de la vivienda popular. Pero el gobierno provincial primero resistió su sanción, luego demoró su publicación en el Boletín Oficial y aún no la reglamentó, con lo cual es como si no existiera. Ese es el problema central que nadie enfrenta y que torna tan vergonzoso como incomprensible que el gobierno nacional haya suprimido la función social de la propiedad del proyecto de reforma, unificación y modernización de los códigos civil y comercial de la Nación.
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viernes, 6 de diciembre de 2013

EL ICONO DE LA LUCHA ANTIAPARTHEID

A LOS 95 AÑOS, FALLECIO EL ICONO DE LA LUCHA ANTIAPARTHEID

El largo camino de Mandela

El líder sudafricano, Nobel de la Paz, combatió durante décadas contra el régimen segregacionista. Estuvo 27 años preso. Como presidente tuvo el trabajo más duro de desmontar el aparato jurídico heredado de los opresores.

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El hombre que simbolizó la lucha contra el apartheid y Premio Nobel de la Paz, Nelson Mandela, murió anoche a los 95 años en su hogar en Qunu, en Johannesburgo. La noticia la anunció el presidente sudafricano Jacob Zuma dirigiéndose al país por televisión. “Se fue en paz rodeado por su familia. Ahora está descansando. Nuestra nación perdió a su gran hijo. Sudafricanos, Nelson Mandela nos unió y unidos le diremos adiós.” Zuma les envió sus condolencias a su esposa Graça Machel, a su ex mujer Winnie Madikizela-Mandela, a sus hijos, sus nietos, sus bisnietos y a toda la familia. Dijo que Mandela recibiría un funeral de Estado y ordenó que todas las banderas flamearan a medio mástil desde ese momento hasta después del funeral.
Cientos de personas se congregaron anoche frente a la vivienda donde falleció Mandela, para despedir con música, flores y banderas al héroe del antiapartheid. Medios locales e internacionales se reunieron frente al domicilio de Mandela, en el barrio de Qunu de Johannesburgo, tras conocer que allí se había convocado una reunión familiar urgente a última hora de la tarde del miércoles. Horas antes de la comparecencia de Zuma, cuando anunció la muerte de Mandela, dos de las nietas del ex mandatario y una amiga cercana de la familia, Bantu Holomisa, fueron vistas entrando a la casa. Pese a los rumores que desataron estas visitas, uno de sus nietos, Madla Mandela, negaba después que se estuviera produciendo una reunión familiar relacionada con el empeoramiento del estado de su abuelo.
Pero su salud se había resentido este último tiempo. Desde 2011 Mandela había sido hospitalizado recurrentemente por sus problemas respiratorios, causados por la tuberculosis que contrajo en las casi tres décadas que permaneció en prisión. En 2001 había sido operado por cáncer de próstata y 11 años más tarde se le extrajeron piedras de la vesícula. Su paso por el hospital se hacía cada vez más frecuente y su cuerpo más frágil.
Cuando Mandela asumió la presidencia el 10 de mayo en 1994, Sudáfrica terminaba con 46 años de apartheid. Era el fin del régimen de segregación racial que impedía a los sudafricanos negros contar con los mismos derechos y oportunidades que sus compatriotas blancos. En su discurso inaugural ante miles de personas, que fue más una celebración democrática que una solemne toma de posesión, el flamante presidente dejó las cosas en claro: “Nunca más esta hermosa tierra volverá a experimentar la opresión de uno sobre el otro y sufrir la indignidad de ser la escoria del mundo”. El trabajo más duro sería desmontar el aparato jurídico heredado de los opresores y unificar un país dividido por casi medio siglo de discriminación institucionalizada. Desde el Congreso Nacional Africano (CNA), partido que ayudó a consolidar y que le sirvió como plataforma para plasmar su proyecto político, había asegurado durante la campaña electoral que convivir suponía gobernar para todos los sudafricanos, independientemente de su color de piel, origen, creencia, status o procedencia geográfica.
En su autobiografía, El largo camino hacia la libertad, Mandela escribió que el gobierno de las mayorías y la paz interna eran las dos caras de una misma moneda, y que si los sudafricanos blancos no lo entendían entonces jamás habría paz y estabilidad en el país. Los dirigentes del Partido Nacional (PN), artífices del apartheid, finalmente lo comprendieron y el 11 de febrero de 1990, tras 27 años de encierro, liberaron a Mandela. El entonces presidente Frederik de Klerk lo convirtió en un interlocutor legítimo para pactar una transición sin sangre. La proscripción al CNA fue levantada y el PN acordó el paulatino repliegue del régimen segregacionista, en momentos en que los enfrentamientos tribales y la tensión entre blancos y negros amenazaban con desencadenar una guerra civil. Fue entonces cuando Mandela entendió su misión casi providencial. Llamó a todos los sudafricanos a la calma y prometió que en la nueva etapa por comenzar no habría supremacía racial ni de ningún tipo. Su actuación le valió el Premio Nobel de la Paz en 1993, compartido con De Klerk, quien sería su vicepresidente. La elección de su compañero de fórmula era un gesto hacia la minoría blanca que esperaba, equivocadamente, un tiempo de revancha. En cambio, obtuvieron de él una oportunidad para la reconciliación.
“El gobierno esperaba que después de 27 años en la cárcel no estaría apto para ningún tipo de liderazgo, que habría perdido contacto con la realidad. No tardaron en darse cuenta de que la realidad era todo lo contrario”, escribió su biógrafo Anthony Sampson en Mandela: La biografía autorizada. A diferencia de sus rivales políticos, Mandela comprendió que cualquier reivindicación debía darse a través de las instituciones. Desalentó la lucha armada de sus camaradas y de otros grupos antiapartheid y promovió un acuerdo con miras a una democracia pluripartidaria y multirracial. Excepto Margaret Thatcher, que lo consideraba un terrorista y que se negó a participar del boicot internacional contra Sudáfrica en los ’80, tal como lo recordó el columnista de The Guardian Seumas Milne al fallecer la Dama de Hierro, el líder sudafricano gozaba de una simpatía generalizada dentro y fuera de su país. Klaas de Jonge, que luchó junto al CNA en los años ’80, contó a Página/12 que “Mandela fue elegido por el partido para que sea la cara visible de la lucha contra el apartheid, un símbolo que representara la libertad y que reuniera al pueblo contra sus opresores”. En sintonía con las necesidades de una sociedad a punto de explotar, condensó su filosofía política en una declaración coherente con su accionar: “Si querés hacer las paces con tu enemigo, tenés que trabajar con tu enemigo. Entonces él se vuelve tu compañero”.
Permaneció en la prisión de Robben Island durante 17 años. Los últimos diez de encierro los pasó en la cárcel de Pollsmoor. Durante su confinamiento, realizó trabajos forzados, sobrevivió en condiciones indignas y sin ningún tipo de comunicación con el exterior. Su abogado George Bizos lo recordó en uno de los pocos encuentros que el régimen le concedió. “En una visita, lo trajeron a la sala donde nos reuníamos con los presos. Llegó escoltado por dos guardias delante, dos a cada lado y dos detrás. Lo increíble de Mandela es que nunca se comportó como un prisionero. Caminaba con la frente en alto y era él quien marcaba el paso a los escoltas. Cuando llegó me dijo en broma: ‘George, permíteme que te presente a mi guardia de honor’. Al menos uno de los policías no pudo esconder una sonrisa”. A pesar de la proscripción que sufría el CNA, Mandela continuó su lucha a través de su propia figura, que adquiría notoriedad internacional y que congregaba a la mayoría de su pueblo. En 1984, el PN le ofreció dejarlo en libertad si abandonaba la conducción de su partido. Declinó la oferta por considerarla una burla a sus principios políticos y a su dignidad personal. Sabía que faltaba cada vez menos para ver cumplido su sueño de una Sudáfrica libre y democrática. Soportó seis años más en la cárcel.
La proscripción del CNA en 1960 lo obligó a pasar a la clandestinidad y a buscar apoyo entre los movimientos africanistas que luchaban por la independencia en sus respectivos países. Ese mismo año integra el Umkhonto we Sizwe, brazo armado del movimiento político que enfrentaba al PN. El recrudecimiento de la represión frente a las protestas y los levantamientos precipitó la estrategia de sabotaje, boicot y la guerra de guerrillas. Cuando Mandela regresó de una gira por el continente africano, donde se encontró con camaradas de países en procesos de emancipación, fue detenido por el régimen. En 1964 fue condenado a cadena perpetua por conspirar contra el gobierno en el célebre juicio de Rivonia. Asumió su propia defensa y aprovechó la atención que suscitaba el caso para pronunciar sus palabras más recordadas: “He luchado contra la dominación blanca y he luchado contra la dominación negra. He acariciado el ideal de una sociedad democrática y libre en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Se trata de un ideal que espero vivir y lograr. Pero, si tuviera que ser de otra forma, es un ideal por el cual estoy preparado para morir”.
Mandela nació en 1918 bajo el nombre de Rolihlahla, en un pequeño pueblo llamado Mvezo. Hijo de un jefe tribal de la etnia xhosa, fue el primero de la familia en ir al colegio y en terminar sus estudios. Fue un profesor que lo rebautizó con el nombre de Nelson. Cuando tenía 23 años, había escapado de un matrimonio arreglado con destino a Johannesburgo. Tenía incorporado el sentido de la libertad desde muy chico. En esa ciudad industrial y populosa, donde los efectos del apartheid estaban más a la vista que en cualquier otro rincón del país, conoció el racismo y la explotación del hombre por el hombre en primera persona. En la Universidad de Witwatersrand conoció a Harry Schwarz, a Joe Slovo y a Ruth First, todos ellos activistas blancos antiapartheid, quienes le mostraron que detrás de la segregación racial se escondía un imbricado sistema de exclusión e inequidad. En 1943 se recibió de abogado y se unió al CNA, fundando la Liga Juvenil del partido junto a Walter Sisulu y a Oliver Tambo. La estrategia adoptada fue la resistencia pacífica, inspirada en lo que Gandhi había logrado en la India. Pero el ascenso del PN en 1948 habría de profundizar el estado policíaco. Detenciones arbitrarias, proscripciones partidarias, prohibición para protestar o para circular libremente. La lucha armada se presentó como una posibilidad, quizá la única. La liberación de su pueblo no podía esperar.
En 1998 se casó con Graça Machel, la ex primera dama de Mozambique, luego de divorciarse de Winnie Mandela, una de las figuras más emblemáticas de la lucha contra el apartheid, dos años antes. En 1999 legó la presidencia a su vice y compañero de partido, Thabo Mbeki. El CNA se convirtió en la fuerza política más importante del país, algo en lo que Mandela tuvo mucho que ver. La prestigiosa periodista sudafricana Heidi Holland había dicho antes de morir el año pasado que el CNA ya no era el partido de Mandela. El líder renunció a cualquier cargo electivo y se consagró a la tarea filantrópica, que era otra forma de hacer lo que siempre hizo: buscar soluciones a los problemas de los sudafricanos de a pie. Promovió el deporte, la lucha contra el VIH/sida y la buena vecindad entre los países africanos. En 2004, aquejado por los problemas de salud, oficializó su retiro y pidió que no lo llamaran. El presidente Zuma lo recordó como un ejemplo y como un hombre que ha dado grandes lecciones al mundo. Las más significativas tienen que ver con la libertad, la dignidad humana y la lucha colectiva.
Informe: Patricio Porta.
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sábado, 30 de noviembre de 2013

El Shincal

UN ACUERDO PARA RECUPERAR UN IMPORTANTE ESPACIO ARQUEOLOGICO EN CATAMARCA

Ciudadela inca en Bellas Artes

Se trata de El Shincal, el asentamiento inca más austral que se conozca. Los ministerios de Ciencia y Turismo y la gobernación firman hoy un acuerdo para promover el lugar como destino turístico. Habrá una proyección en Bellas Artes.

Por Eduardo Videla
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El sitio que eligieron los incas es un lugar privilegiado, un valle entre cerros y dos ríos.
En la provincia de Catamarca sobreviven vestigios de una ciudadela inca, la más austral que se conoce hasta hoy del imperio originario que reinó sobre el territorio andino. Se trata de El Shincal, un espacio que hoy llega a Buenos Aires, de manera virtual, en una proyección audiovisual en el Museo Nacional de Bellas Artes. El emprendimiento es impulsado por los ministerios de Turismo y de Ciencia y Tecnología y el gobierno de esa provincia, a manera de lanzamiento de la puesta en valor de ese sitio arqueológico con la idea de promoverlo como destino turístico. “El objetivo es generar, a partir de la arqueología, un proyecto de interés social que brinde posibilidades de trabajo para los habitantes de la zona”, definió Lino Barañao, ministro de Ciencia, a Página/12.
El Shincal está ubicado al sur de Catamarca, en el Departamento de Belén, a seis kilómetros de una ciudad llamada Londres. Fue construido por los incas en el extremo meridional del valle de Hualfin, a 1300 metros sobre el nivel del mar, entre los ríos Quimivil y Hondo.
Según los expertos, ese espacio representa uno de los sitios provinciales incas más importantes de todo el Tawantinsuyu. Su construcción data de la segunda mitad del siglo XV –antes de la llegada de los españoles–, planificado como centro político, administrativo y militar y también como espacio ceremonial. Tanto por su ubicación estratégica como por su arquitectura, ha sido calificado como un “nuevo Cuzco”, una suerte de capital meridional del imperio. Luego los incas –que en realidad eran una fuerza de ocupación– abandonaron el lugar, que quedó habitado por los pueblos diaguitas, originarios del lugar.
“Fue descubierto en el siglo pasado, pero recién en la década del ’70 comenzó a ser estudiado por arqueólogos de la Universidad de La Plata –explica Barañao–. Hoy estamos trabajando con investigadores del Conicet para reconstruir las edificaciones.”
Hasta ahora es un sitio casi inexistente y desconocido para el turismo. Llegan unos pocos visitantes que se enteran de su existencia después de ir a Machu Picchu. Muchos de ellos se interesan por ver el lugar aún virgen, sin trabajos de restauración ni infraestructura.
“Hay algo indescifrable en ese lugar”, describe Barañao, que estuvo en el lugar y quedó tan impactado como en la ciudadela de Perú. El valle está rodeado de cerros y llama la atención por el verde intenso en medio de un paisaje árido. En el lugar se detectaron restos de templos, barracas donde se almacenaban cultivos y tributos y obras de canalización de vertientes. Hay también una plaza ceremonial, eje que ordena un gran espacio público para reuniones y asambleas, y 70 recintos. En algunos de esos edificios vivían los jefes o kurakas locales.
En el lugar abundan los algarrobos, chañares, mistoles y talas, además de arbustos como el shinki, del que deriva el nombre del lugar, y plantas medicinales, utilizadas ahora casi tanto como en el pasado. Habitan allí zorros grises, hurones, cuises y guanacos, aunque no tanto como en tiempos precolombinos. De ese valle, hacia el norte, todavía pueden verse vestigios del Camino del Inca.
Tras la firma del acuerdo entre la provincia y los ministerios de Ciencia y Turismo, se cercará el lugar y se pondrá custodia, para preservarlo. La proyección con imágenes y sonido del lugar se presenta para la prensa y autoridades hoy, a las 20, en el Museo Nacional de Bellas Artes, pero habrá una proyección para el público en el exterior del edificio.
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Hemeroteca Digital Brasileña

Hemeroteca Digital Brasileña

Río de Janeiro. La Fundação Biblioteca Nacional pone a disposición de sus usuarios la Hemeroteca Digital Brasileña, un portal de periódicos nacionales (diarios, revistas y publicaciones seriadas) para ser consultado por internet. En ella, investigadores de cualquier parte del mundo pueden tener acceso libre y gratuito a títulos que incluyen desde los primeros diarios creados en el país –como el Correio Braziliense y la Gazeta do Rio de Janeiro, ambos fundados en 1808- a diarios desaparecidos en el siglo XX, como el Diário Carioca y el Correio da Manhã, o que ya no circulan en forma impresa, como el Jornal do Brasil.

Entre las publicaciones más antiguas y raras del siglo XIX se encuentran, por ejemplo, O Espelho, Reverbero Constitucional Fluminense, O Jornal das Senhoras, O Homem de Cor, Semana Illustrada, A Vida Fluminense, O Mosquito, A República, Gazeta de Notícias, Revista Illustrada, O Besouro, O Abolicionista, Correio de S. Paulo,Correio do Povo, O Paiz, Diário de Notícias así como también los primeros diarios de las provincias del Imperio.

En cuanto al siglo XX, se pueden consultar revistas tan importantes como Careta, O Malho, O Gato, así como diarios que marcaron la historia de la imprenta en Brasil, tales como A Noite, Correio Paulistano, A Manha, A Manhã y Última Hora.

Las revistas de instituciones científicas componen un segmento especial del acervo disponible. Algunas de ellas son: Annaes da Escola de Minas de Ouro Preto, O Progresso Médico, la Revista Médica Brasileira, los Annaes de Medicina Brasiliense, el Boletim da Sociedade de Geografia do Rio de Janeiro, la Revista do Instituto Polytechnico Brasileiro, la Rodriguesia: revista do Jardim Botânico do Rio de Janeiro, el Jornal do Agricultor, entre tantos otros.

La consulta, posible a partir de cualquier dispositivo conectado a internet, puede realizarse por título, período, edición, lugar de publicación y hasta por palabra/s. También se pueden imprimir las páginas deseadas.

Además del apoyo del Ministerio de Cultura, la Hemeroteca Digital Brasilera es reconocida por el Ministerio de Ciencia y Tecnología y cuenta con el apoyo financiero de la Financiadora de Estudos e Projetos (FINEP), que hizo posible la compra de los equipos necesarios y la contratación del personal para su creación y mantenimiento. Hasta el momento ya son más de 5.000.000 de páginas digitalizadas de periódicos raros o extinguidos a disposición de los investigadores, número que se irá acrecentando con la continuidad de la reproducción digital.
[Fuente: FBN]

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TRAPALANDA

Trapalanda era el nombre de una tierra mítica y ensoñada. La buscaron para conquistarla y les fue esquiva. Se convirtió en imagen en el ensayo y nombre de alguna revista.
Para la Biblioteca Nacional es el nombre de una utopía: la puesta en acceso digital de todos sus fondos. Aquí se encontrará el lector con distintas colecciones, en las cuales los libros y documentos que la institución atesora se encuentran en forma digital.

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La Intendencia de Montevideo lanzó el catálogo en línea de sus bibliotecas

Montevideo. La Intendencia de esta ciudad tiene una red de 19 bibliotecas públicas, quince de ellas en funcionamiento y las otras cuatro en procesos de reapertura y reacondicionamiento. Los servicios que ofrecen son gratuitos y la colección total comprende alrededor de 65.000 ejemplares de 8.000 títulos.

Por esto, la Intendencia creó este catálogo en línea que habilita búsquedas personalizadas por tema, título de publicación, autor o biblioteca. Según dijo un vocero: “El sistema detalla la información del material bibliográfico, la cantidad de copias existentes y la disponibilidad según cada biblioteca”.

El material disponible en las bibliotecas puede leerse en las salas o llevarse al hogar en préstamo. Además de libros, las bibliotecas cuentan con un importante acervo de “revistas, juegos y soportes audiovisuales, como vídeos, DVD y CD-ROM”, señalan desde la Intendencia.

Las bibliotecas, a su vez, ofrecen un espacio particularmente pensado para los niños, con sitios específicos dedicados a promover la lectura entre los más pequeños, además de actividades recreativas y lúdicas. Funcionan asimismo como centro de actividades educativas y de formación, recreativas y sociales de la comunidad donde se encuentran.
[Fuente: La red 21]

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