miércoles, 20 de enero de 2016

Atheneadigital Vol. 15 N°4 (2015)

Ahora que el fenómeno de la disciplinarización institucional está cada vez más marcado, Athenea Digital promueve la reflexión interdisciplinar en la tradición de las ciencias humanas y sociales. La revista aborda los fenómenos sociales contemporáneos en sus múltiples dimensiones (política, económica, cultural, comunicacional...) y valora la reflexión rigurosa sobre la articulación entre los diferentes dominios de la actividad humana.

El principal objetivo de la revista es potenciar el diálogo y la innovación en los estudios sociales y culturales. Explícitamente reivindica un ethos receptivo al debate y la reflexión crítica tanto teórica como metodológica, internacional en su mirada y alcance, abierto, reflexivo, imaginativo y desdisciplinador. Athenea Digital presta especial interés a la conexión y relación que aparece entre diversos desarrollos intelectuales, a los procesos de cambio en las prácticas y formas sociales, y a la transformación institucional en su sentido más amplio. Junto a los temas habituales de la tradición social y cultural, Athenea Digital incluye reflexiones sobre: etnicidad, imaginario social, medio ambiente y sociedad, la globalización y sus discursos, poder-saber, género, teorías del caos y de la complejidad, postmodernidad, conflicto social, sociedad, espacio y tiempo, ciencia tecnología y sociedad, nuevos movimientos sociales, identidades...

Athenea Digital se publica cuatrimestralmente, apareciendo el primer martes no festivo de los meses de marzo, julio y noviembre.

Vol. 15, Núm. 4 (2015): Número monográfico

Políticas del miedo. Violencias y resistenciasEditoras invitadas: Isabel Piper (Universidad de Chile), Pilar Calveiro Garrido (Universidad Autónoma de la Ciudad de México)

Tabla de contenidos

Artículos

Isabel Piper, Pilar Calveiro Garrido
3-9
Martha Isabel Rosas Guevara
11-33
Pilar Calveiro
35-59
Darío Muñoz-Onofre
61-80
Virginia Maria Fuentes Gutiérrez, Belén Agrela Romero
81-104
Mariana Berlanga Gayón
105-128
Clara Camps Calvet, Núria Vergés Bosch
129-154
Isabel Piper Shafir
155-172
Adriana Espinoza
173-196
Alfonso Díaz Tovar
197-221
Roberto Fernández Droguett, Tamara Jorquera Álvarez, Javiera Ramos Basso
223-251

Ensayos

Omar Angel Arach
255-266
Francisca Fernández Droguett, Doris Ojeda Cisternas
267-277
Carlos Perez Soto
279-303
Juan Pablo Aranguren Romero
305-327
Silvana Rabinovich
329-343
Maya Victoria Aguiluz-Ibargüen
345-368

Reseñas

Imagen de portada
Reseña de Timmermann (2014) El Gran Terror. Miedo, emoción y discurso. Chile, 1973-1980
Loreto López G.
371-378
Imagen de portada
Reseña de Benjamin (1921) Hacia la crítica de la violencia
Federico Carlos Donner
379-390

lunes, 11 de enero de 2016

François Dubet

François Dubet, referente de la sociología de la educación, la marginalidad juvenil, la inmigración y las desigualdades sociales

La nueva “igualdad” social

¿Por qué un obrero vota a la derecha? A partir del debate tras los últimos atentados en París, el investigador francés advierte cómo se impuso la “meritocracia” en las sociedades actuales: ya no se busca reducir la brecha social (que los ricos sean menos ricos y los pobres sean menos pobres), sino que todos los individuos tengan iguales posibilidades de llegar a la “cima”.

Por Natalia Aruguete
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Los atentados del 13 de noviembre en París generaron reacciones diversas en la ciudadanía francesa, las primeras fueron emocionales y estuvieron atravesadas por un fuerte sentimiento de unidad nacional. A medida que pasó el tiempo, empezaron a surgir interpretaciones y puntos de vista profundamente conflictivos. Página/12 dialogó con François Dubet, uno de los sociólogos más reconocidos de Francia. Pese al dolor, este investigador exhibió con cuidadosa claridad los diagnósticos y conclusiones a los que arribaron diferentes sectores de una Francia que presenta “divisiones”. Si estas divisiones prevalecen en los próximos meses, “los terroristas habrán ganado una primera batalla”, advirtió Dubet.
–¿Cómo ve la reacción de la ciudadanía francesa ante los atentados del 13 de noviembre en París?–Para algunos, empezando por el gobierno, es un acto de guerra cuyo origen radica en la larga crisis de Oriente Medio. La mayoría de los franceses comparten este punto de vista, pero no todos arriban a la misma conclusión. Hay quienes creen necesario participar en una guerra contra Daech (organización terrorista producto de la rama iraquí de Al Qaida), mientras que otros consideran que es mejor retirarse porque los países occidentales tienen una gran responsabilidad en la crisis en el mundo árabe. Los que adhieren sólo a la tesis de la guerra creen que el Islam no es el enemigo y que los musulmanes franceses son, mayoritariamente, los rehenes y víctimas de la guerra. Todos son cuidadosos en distinguir entre el Islam y el islamismo.
–¿Creen que el enemigo es externo, que está fuera de Francia?–La tesis de guerra exterior se encuentra con una dificultad: algunos miles de jihadistas jóvenes son franceses y los autores de los atentados nacieron sobre todo en Francia, que es donde crecieron y se educaron. Para una gran parte de la opinión pública, que reconoce las tesis de la extrema derecha y de derecha dura, el terrorismo es la expresión de una guerra civil entre los “verdaderos franceses” y los musulmanes, que deben ser expulsados o reducir la religión a una práctica discreta. Desde esta perspectiva, los ataques se explican menos por la crisis de Oriente Medio que por la crisis de los Estados nacionales.
–¿En qué se diferencia el diagnóstico de esta derecha dura del que hacen los sectores de izquierda?–Para la izquierda tradicional y la extrema izquierda, los ataques son manifestación de una crisis social. Son la expresión de la segregación y el racismo experimentado por los jóvenes musulmanes de los suburbios que creen que encontrarán una forma de salvación en el sacrificio y la revolución islámica que sustituye a la antigua utopía revolucionaria. Por ahora, frente a los delitos de violencia ciega, predominan la emoción y la unidad nacional. Pero la confrontación sobre la forma en que interpretamos los ataques tiene implicancias tanto en la naturaleza de las respuestas como en puntos de vista profundamente conflictivos de la sociedad. Apuesto a que si las divisiones en la sociedad francesa prevalecen en los próximos meses, entonces los terroristas habrán ganado una primera batalla, al poner al descubierto contradicciones profundas de la sociedad francesa.
–En su último libro (¿Por qué preferimos la desigualdad?), usted afirma que las sociedades actualmente optan por la desigualdad, ¿por qué?–Esa fórmula de que la sociedad elige la desigualdad es un poco excesiva. Pero muchos individuos, como vos y yo, desarrollan conductas que sí van a generar desigualdad. Podemos observar un gran rechazo hacia las teorías igualitarias. La sensación que tenemos de nuestra igualdad fundamental sigue siendo importante, pero ya no se puede traducir como un deseo de igualdad social. Por supuesto que el desarrollo desigual tiene causas económicas, objetivas, pero hay algunas desigualdades que son muy importantes desde el punto de vista del individuo.
–Es decir que no se desprenden de un nivel estructural.–No provienen de una ley general del capitalismo. Más bien se trata de estrategias de desigualdad, como decidir vivir con gente que es como nosotros. De hecho, las desigualdades urbanas provienen de ese modelo: barrios ricos, medios y medios bajos. A los pobres se los reduce a guetos, se los descarta aunque no haya ninguna política que crea los guetos. El otro mecanismo es el de la obsesión por la distinción.
–¿En qué se aspectos concretos se despliega esa obsesión por distinguirse?–Uno de los casos más serios es el de las desigualdades escolares. En Francia, el sistema escolar formal es muy igualitario, sin embargo, las familias buscan alcanzar la mayor desigualdad posible para sus hijos: el valor del diploma es su rareza. Ahora es muy difícil hacer políticas culturales igualitarias porque las familias buscan la desigualdad. A mí me sorprendió mucho esto en Chile: Michelle Bachelet propuso una política escolar más bien igualitaria pero los ricos no quieren esto... y es normal; tampoco lo quieren las clases medias... y no es tan normal. Pero resulta que las clases populares tampoco lo quieren, porque prefieren soñar con una competencia igualitaria. En el fondo el modelo de igualdad de oportunidades se transforma en el modelo de justicia.
–¿En qué se diferencian los modelos de “igualdad de posiciones” e “igualdad de oportunidades”?–De una manera muy grosera, los países del Norte –Francia, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos– hasta 1980 tenían el propósito de reducir cuanto les fuera posible la desigualdad entre los más ricos y los más pobres. La izquierda, el movimiento obrero, los sindicatos, la socialdemocracia tenían el objetivo de reducir la distancia entre ricos y pobres. En cambio, desde hace 30 años, ya no se trata de reducir las desigualdades sino de lograr que todos tengan las mismas posibilidades de llegar a la cima, subir esa escalera. Es un modelo meritocrático que se impuso por completo. El tema central de este modelo es la lucha contra la discriminación: contra las mujeres, las minorías, migrantes, etcétera.
–¿Qué consecuencias trae la adopción del modelo de igualdad de oportunidades?–En primer lugar, el problema es que acepta las grandes desigualdades porque provienen de una competencia equitativa. La segunda consecuencia es que se acusa a los individuos de ser responsables de las desigualdades: si el rico se volvió rico fue gracias a él, si el pobre sigue siendo pobre fue por causa de él. Este modelo es esencial hoy y esto explica que en Estados Unidos las desigualdades sociales se hayan duplicado y nadie discute esto, ni siquiera en las clases populares.
–¿Por qué tampoco las clases bajas lo ponen en cuestión?–Porque dicen que son las reglas del juego. Este es un cambio muy importante, que crea nuevas políticas y explica la gran dificultad ideológica de la izquierda en todas partes. En Europa, la izquierda no desaparece pero se está reduciendo; hay que recordar que hubo una “izquierda americana” que era socialdemócrata y que ya no existe más porque hemos modificado la visión de las cosas. Esta es una de las razones por la cual muchos pobres votan por los partidos liberales: la idea de una competencia equitativa les parece más justa que la idea de reducir las desigualdades.
–¿Cómo logra instalarse esta idiosincrasia de las desigualdades?–Este modelo se instala porque la búsqueda de las igualdades sociales se basaba en mecanismos de solidaridad y fraternidad. Si quiero que estas personas sean mis iguales, si quiero pagar por ellos, me tengo que sentir cerca de ellos, semejante a ellos. Mi hipótesis es que este sentimiento de solidaridad se deshace hoy por tres razones.
–¿Cuáles?–La primera es la mundialización de la economía. Esto hace que las economías no sean más sistemas nacionales integrados sino que se internacionalizaron. A veces eso está bien, de hecho a los chinos, indios y brasileños les parece que eso está bien porque aumenta la riqueza, pero a los europeos no les parece tan bien porque están más en una posición defensiva. El segundo es un cambio cultural: la idea de solidaridad se basaba en el trabajo de las instituciones que creaba subjetividades comunes. Como la Iglesia, la gran escuela pública argentina que nunca estuvo para generar igualdad escolar sino que estuvo ahí para formar hombres, mujeres, campesinos argentinos, y nunca prometió la igualdad de oportunidades. La tercera razón, muy importante en el Norte (en Europa y en otras partes), es la transformación de la Nación. El sentimiento de fraternidad se basaba en la idea de una nación culturalmente homogénea, en realidad era más una novela que una realidad, era más una representación. En cambio, hoy con el flujo inmigratorio sabemos que las naciones no son más culturalmente homogéneas y, por eso, el imaginario de fraternidad se deshace. En todos los países de Europa, por ejemplo, se dice que ya no quieren pagar por los musulmanes, los homosexuales, los mapuches.
–Los mapuches pagaron por nosotros.–Cada uno tiene su mapuche (se ríe). Se aceptaba la igualdad de los otros porque existía un relato nacional de batalla, santos y demases, que hacía que se fabricaran todos estos símbolos, aunque esto nunca impidió la lucha de clases en el seno de un sistema de solidaridad. Hoy, los pilares de ese sistema se han fragilizado considerablemente, debido a lo cual hay un éxito en Europa y Estados Unidos de la derecha populista. Aclaro que la palabra “populista” no significa lo mismo que aquí... Ese movimiento populista habla de solidaridad, pero de una solidaridad imaginaria, xenófoba, autoritaria, peligrosa y, para mí, económicamente absurda porque lo que ellos quieren es cerrar las fronteras. La respuesta es escandalosa pero la cuestión está planteada. Es decir que la pregunta sería: ¿cómo hoy la izquierda puede construir un sentimiento de solidaridad de manera tal que la máquina pueda aumentar la igualdad y pueda volver a ponerse en marcha?
–En su libro, usted trabaja sobre el rol de los Estados en el marco de la globalización, allí plantea que la globalización en sí no es mala sino que son los Estados los que la manejan mal. ¿Cómo pueden coexistir los intereses nacionales de los Estados con los intereses de clase, que son más globales que nacionales?–Las verdaderas clases dirigentes hoy son nacionales. Tienen igualmente una sensibilidad nacional pero juegan sobre todo el planeta. Las clases obreras, en cambio, son nacionales. De hecho, el peligro es que la clase obrera se vuelva totalmente nacionalista, es decir, que se vuelva antiprogreso. Hoy en Europa son los obreros los que votan a la extrema derecha. Lo que yo creo es que hay que crear un espacio político nacional, en Europa pienso en un espacio europeo. Los Estados ya no tienen ningún poder para determinar el valor de su moneda, el precio del petróleo, la salud de China. El problema es que los Estados se vuelven actores económicos porque juegan en el espacio económico, pero por otro lado tienen que crear un sentimiento de comunidad y unidad social y ahí es donde hay grandes dificultades porque hoy tenemos una crisis en todas partes de la representación democrática. Cuando miramos qué países tienen éxito en Europa, vemos que se trata de Estados muy democráticos y muy virtuosos, donde no hay corrupción y la gente tiene confianza. Creo justamente que el problema hoy es recuperar la confianza entre elites políticas y electores. Este es un gran problema porque probablemente haya cambios institucionales. La segunda cosa que deben hacer los Estados es poder reconstituir una suerte de contrato social.
–¿Cómo lo lograrían?–En Francia, más del 50 por ciento de la riqueza nacional es retenida a través de los impuestos y se redistribuye para pagar la universidad, la escuela, la desocupación, la jubilación, etcétera. Este sistema se ha vuelto tan complicado que ya nadie lo comprende y todo el mundo siente que “le roban”. Los ricos dicen: “me roban, esto no sirve para nada”, los pobres dicen: “no nos dan nada”. En ambos casos es falso. Las desigualdades en Francia, después de la redistribución social, disminuyen por dos pero la gente está convencida de que no sirve porque no comprenden cómo funciona. Para que la gente acepte este sistema tiene que comprender que hay una justicia detrás de ese sistema.
–¿Cuál es el rol de las instituciones en un escenario en el cual la redistribución achica la desigualdad y, sin embargo, no se confía en esos mecanismos?–Creo que el rol de las instituciones sigue siendo el mismo: producir y garantizar conductas de subjetividad y acuerdos, pero las instituciones deben producir sujetos democráticos. Hoy sabemos que los individuos quieren ser los dueños de sus vidas y el rol de las instituciones es ayudarlos. En otra época, el rol de las instituciones era “preparar a una mujer a tener el rol de mujer” cuando hoy el rol de las instituciones es “ayudar a la mujer a tener la vida que desea”. Hay un cambio en las instituciones y hay un sentimiento de crisis respecto de las instituciones. Hay un cambio muy profundo. En Francia, hubo movimientos contra los extranjeros, contra los homosexuales, contra el matrimonio igualitario, allí estaba la idea de que todo eso destruiría la sociedad. El desafío intelectual es poder demostrar que se trata de otra sociedad, no se destruye LA sociedad, lo que se destruye es la vieja sociedad.
–En este sentido, ¿qué factores están coaccionando el sistema democrático que usted plantea que hay que ampliar, que hay que abrir?–Hay una restricción del sistema democrático con la mundialización de las economías, al mismo tiempo hay una formidable expansión del sistema democrático. Creo que hoy esta dinámica crea frustración porque la gente tiene la sensación de poder actuar en muchos campos de su vida personal pero, por otro lado, se tiene la sensación de que ya no se puede accionar sobre el mundo. En cambio, cuando vivíamos en el Estado-nación teníamos la idea de cambiar la sociedad dentro de la Nación. Esto crea una crisis muy fuerte de la acción política en todas partes. A los hombres políticos se los acusa de ser impotentes, en todas partes dan la sensación de traicionar sus promesas y yo diría que no es culpa de los hombres políticos porque ya no estamos en ese espacio relativamente cerrado que era la Nación. Esta es una experiencia que siempre tuvieron las sociedades latinoamericanas.
–¿En qué sentido?–En el sentido de que siempre dependieron mucho más del capitalismo internacional que las sociedades alemanas, francesas e inglesas; en cambio, hoy las sociedades del centro son tan dependientes del capitalismo como las otras.
–Menciona sólo tres países de Europa, ¿qué pasa con los otros? Y, ¿en qué sentido son más dependientes ahora?–Cuando yo era chico vivía en una sociedad en la que lo esencial de lo que consumía –tanto en bienes industriales como en bienes alimentarios y bienes culturales– se fabricaban en Francia: coche francés, ropa francesa, literatura y cine franceses. Hoy vivo en una sociedad en la que esta camisa no es francesa, mi computadora tampoco y la música que escucho es muy poco francesa. Vivo en un mundo totalmente abierto, que da la sensación de no ser más controlado. El hombre político perdió gran parte de su capacidad de acción.
–¿Por qué la globalización de la vida, de la cultura, es la que restringe la distancia que usted marca entre la vida política y los electores? ¿Por qué lo atribuye a eso y no, por caso, a una tecnificación de la política?–Porque también está la idea de que la vieja sociedad era una verdadera sociedad de clases, en la cual las desigualdades tenían una estructura muy particular y el sistema político europeo reflejaba esa estructura de clases: un campesino vota a la derecha y un obrero vota a la izquierda. El sistema político representa la vida social. En todas partes, este sistema se está deshaciendo. Lo que vemos hoy en Europa es que no hay verdaderamente partidos políticos, hay máquinas políticas: la máquina socialista o la máquina política pero ya no hay más militantes políticos. La gente vota en función de las circunstancias.
–¿Por qué hoy las circunstancias llevan a un obrero a votar por la derecha?–Porque el obrero tiene la sensación de ver su mundo social desaparecer y entonces vota por los que le dicen que van a rehacer ese mundo: dejar Europa, echar a los extranjeros y crear instituciones autoritarias. Los obreros no son democráticos por naturaleza. En todas partes encontramos este electorado que cambia. La gran lección de la última elección en Argentina es que los electores son cada vez menos cautivos. Podemos lamentar eso pero me parece que esa evolución es irreversible.
–¿Por qué aquí es irreversible? Y en todo caso, ¿cautivo de qué?–Porque me parece que la elección de los individuos es cada vez más individual, porque la política tiene un mecanismo casi automático de decepción, es decir, que se vota “en contra” de algo. Esto pasó en Francia hace 30 años cuando vimos que el mundo comunista francés, un mundo totalmente tomado por un partido político desapareció en diez años, porque los modelos de identificación social han cambiado profundamente.
–¿Cómo ve el fenómeno de los “nimby” (Not In My Back Yard. Trad: No en mi patio trasero) en este escenario que describe?–El nimby es un fenómeno bastante clásico del movimiento ecológico. Es necesario que una autopista pase por nuestra ciudad, todos están de acuerdo, pero no por mi casa. Es un fenómeno totalmente banal: quiero electricidad pero no centrales nucleares en mi país. Quiero un hospital pero no muy cerca de mi casa. Es cierto que, por lo general, son las clases medias las que tienen esas capacidades políticas porque tienen la capacidad de presionar sobre los políticos. Por ejemplo, quiero una escuela social mixta pero no para mis hijos. La gente siempre fue nimby, siempre fue egoísta. No podemos imaginar que la gente fuera generosa, pero los mecanismos políticos tenían la capacidad de imponerse. En cambio hoy, los mecanismos políticos son demasiado débiles para imponerse. Por un lado, esto es desagradable pero, por otro lado, está bien porque los individuos tienen derechos y porque tenemos mucha experiencia de regímenes autoritarios. El mundo de ayer era por lejos tan abominable como el de hoy, e incluso más.
–Usted ha mencionado que la democracia del bienestar debilita la democracia política y la solidaridad, ¿a qué se refiere con esa afirmación?–La democracia la podemos ver en cuatro niveles. El nivel elemental es el reconocimiento de los derechos. Democracia es el derecho de poder ser juzgado por jueces, el derecho a la seguridad física, etcétera. El segundo nivel es el de los derechos políticos. El tercero, el de los derechos sociales. Y hoy vemos un cuarto nivel, el de los derechos culturales. Ciertas minorías pueden tener derechos particulares, por supuesto que cada uno de estos derechos debilita al otro. El derecho político es un derecho absoluto y el social es un derecho relativo, porque vos podes decir: “sean cuales fueren las condiciones yo tengo derecho a votar”, pero también podes decir: “tengo derecho a trabajar” con la condición de que haya trabajo, y eso cambia la naturaleza del derecho. Una de las dificultades de hoy es que la condición de los derechos sociales, aquellos que se benefician con los derechos, no quieren cambiar nada y hay una especie de bloqueo de los derechos sociales.
–¿Podría ilustrarlo con un ejemplo?–El problema de los derechos sociales es que se van a delegar, a sumar a los derechos económicos. Un ejemplo simple: tengo derecho a jubilarme a los 65 años y que me paguen, con la condición de que haya muchos jóvenes, que ellos trabajen y que los viejos vivan mucho tiempo. Ahora, si no hay muchos jóvenes y, además, no trabajan mucho, ese derecho a jubilarme a los 65 años no tiene ningún contenido. Cuando la canciller de Alemania, Angela Merkel, permite que entren inmigrantes a su país lo hace por razones humanitarias pero, fundamentalmente, para pagar la jubilación de los alemanes porque no hay más jóvenes alemanes. Entonces, hay que entender que estos derechos no son iguales como el derecho a la libertad personal o como el derecho a la información. Por eso es que hoy existen muchas tensiones entre estos diversos sistemas.
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jueves, 7 de enero de 2016

El valor de la palabra

LOS TESTIMONIOS DE LOS TESTIGOS EN EL MARCO DE LOS JUICIOS

“En el escenario de los juicios la palabra adquiere una dimensión reparatoria que restituye al sujeto su condición de tal. Se trata de restituir al sujeto en su posición subjetiva. De ser humano reducido a objeto del otro, a puro desecho, despojado de su dignidad de persona en el campo de concentración, en el ámbito de la Justicia se restituye también la posibilidad de la palabra y con ella la dimensión subjetiva que necesariamente ésta conlleva.”

Por Ana María Careaga *
“Cuando secuestraron a mi hija y a su esposo, el nene quedó con nosotros. Lloraba y lloraba, no paraba de llorar. Lloró mucho. Hasta que se fue calmando. Le decía papá a mi marido. Yo le explicaba que era el abuelo, no el papá. Pero él igual le seguía diciendo papá. Yo le insistía. Hasta que hablé con una psicóloga que me dijo ‘usted ya le explicó, ya está’. Se ve que él necesitaba nombrar al abuelo como el papá. Hasta que lo secuestraron al abuelo. Por segunda vez desaparecía el papá.”
La maternidad, la paternidad, son funciones. En relación al deseo de tener un hijo, los padres además de tenerlo, “adoptan” amorosamente a ese hijo como tal y ese acto es necesario en la constitución de la subjetividad. Probablemente este niño haya logrado sostener de algún modo la presentificación de la figura paterna en esa función ejercida por su abuelo.
Pero la crueldad de los perpetradores de la barbarie desplegada durante el terrorismo de Estado en la Argentina no tuvo límite. Y en ese goce oscuro ilimitado, mancillaron los cuerpos de las personas y arrasaron con sus subjetividades.
“Vinieron a mi casa, entraron a los gritos, armados, buscaban a mis hijas y a mi nuera. Para encontrarlas se llevaron a mi hijo menor y a mi marido. Mi hijo nunca apareció. También secuestraron a mis otras dos hijas y sus esposos. A mi marido lo liberaron unos días después, a la semana se murió.”
¿Cómo reparar esa tragedia? ¿Cómo recuperar, según el paradigma jurídico, el estado anterior a la comisión de los hechos delictivos? ¿Cómo retornar a esos hechos cotidianos de la vida en que los padres intentaban, siempre en el marco de una función fallida, poner en juego su deseo en esos roles que habían elegido, constituyéndose ellos mismos en hacedores fundamentales de la subjetividad de sus hijos?
“Me obligaron a hacer declaraciones, que fueron hechas públicas en las que tenía que decir que mi hijo era subversivo.”
En esos actos violentos, en la metodología del secuestro, la tortura y la desaparición, vulnerar la subjetividad, forzar a las personas a actuar contra sus principios, arrebatarles sus hijos, maltratarlos física y psíquicamente, fue un modo de actuar violentamente contra su deseo ejercido a través de la función paterna y materna.
“¿Por qué no los cuidó antes, señora?”, les decían a las madres cuando buscaban a sus hijos. O difundían en las publicidades de la dictadura: “Señora, ¿sabe usted dónde está su hijo?”.
Ellos sabían dónde estaban. Porque ellos se los habían llevado. Secuestrando de sus domicilios, de sus lugares de trabajo o en la vía pública a miles de seres humanos, a una generación comprometida con la realidad de su tiempo, a sus hijos, a sus madres y padres. Vulnerando de ese modo los lazos filiales, arrasando con esa estructura dibujada en un árbol genealógico, trastrocando las funciones de cada integrante de cada familia en la que irrumpieron, dejando una huella irreparable en esa escena traumática creada a su antojo. Sin límite, sin reparos, sin escrúpulos.
En los procesos judiciales en los que se están juzgando los delitos de lesa humanidad y genocidio perpetrados en los llamados años de plomo, se ventilan relatos como éstos. Testimonios desgarradores que dicen sin poder decirlo todo, exposiciones insoportables que en el intento de describir lo sucedido expresan en el entredicho, narraciones espeluznantes que apuntan a probar el delito, porque así lo demanda el discurso jurídico, y que dejan entrever aspectos de esa subjetividad arrasada. Porque más allá del pretendido estatuto de verdad, del contenido de su discurso, el valor de la palabra del testigo se expresa también en los efectos de su decir, en él mismo, en quienes los escuchan y en quienes fueron alcanzados por esa experiencia traumática.
Hoy en esos escenarios se repone una reconstrucción histórica de los hechos que da cuenta de las razones políticas, económicas, sociales del llamado Proceso de Reorganización Nacional. De sus principales beneficiarios; de sus autores intelectuales y materiales; del organigrama del orden represivo; de los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio que, diseminados por todo el país, fueron parte de la infraestructura diseñada para cumplimentarlo; de la metodología implementada, el secuestro, la tortura y el carácter clandestino de la represión. En definitiva, del despliegue ilimitado de la pulsión de muerte, en lo peor que la condición humana puede poner en juego.
Sigmund Freud, frente a la afirmación del individuo como virtual enemigo de la cultura, plantea, en El porvenir de una ilusión, que sin embargo ésta está destinada a ser un interés humano universal que por lo mismo debe ser protegida, porque “las creaciones del hombre son frágiles y la ciencia y la técnica que han edificado pueden emplearse también en su aniquilamiento”. Para afirmar más adelante que “una cultura que deja insatisfechos a un número tan grande de sus miembros no tiene perspectivas de conservarse...” y sosteniendo que en muchas personas esa pulsión destructiva y anticultural determina su conducta en la sociedad humana.
Asimismo, en su obra El malestar en la cultura, Freud va a caracterizar el desarrollo cultural como “la lucha por la vida de la especie humana”.
Retomando este texto de Freud, Jacques Lacan va a plantear en la Etica del Psicoanálisis, que lo escribe justamente para poner de relieve que el goce es un mal porque entraña el mal del prójimo y de esto da cuenta con el concepto de “más allá del principio del placer”, que surge ante el problema del mal, esa “insondable agresividad”.
El mismo Freud va a dar cuenta de sus propios reparos como expresión de una “actitud defensiva” ante esta conceptualización inherente a la condición humana en la que la cultura encuentra su más poderoso obstáculo. En torno a la cuestión de la reparación posible, entonces, es allí donde la justicia viene a tener un efecto en relación a la sanción del delito. En donde el Estado se hace cargo de castigar esos crímenes realizados por quienes se presuponían impunes y que pusieron lo peor de su condición al servicio de intereses contrarios a los de las mayorías.
El próximo 24 de marzo se cumplen 40 años del golpe instaurado en 1976. Hubo sucesivos intentos de consagrar la impunidad mediante leyes y decretos –punto final, obediencia debida, indultos–, que pretendieron impedir el juzgamiento y sanción de estos delitos aberrantes, pero hubo también un reclamo sostenido del movimiento de derechos humanos y otros actores sociales que hicieron de la lucha por memoria, verdad y justicia una posición ética e innegociable. Y eso se tradujo en una política de Estado. La construcción de políticas públicas de memoria, la investigación de los crímenes, el desarrollo de los juicios, la reposición de un texto de la historia que había sido arrancado de ese contexto, la incorporación de ese relato en los establecimientos educativos, las fechas conmemorativas y los homenajes y actos de restitución, entre otras muchas expresiones reales y simbólicas, han contribuido a institucionalizar un discurso otrora alternativo.
Algunos de esos procesos reparatorios en que se está juzgando a los responsables de esos delitos, están en su etapa de alegatos. En los fundamentos para el pedido de penas para los acusados el material de la fiscalía y querellas reproduce esos testimonios dolorosos, singulares, únicos, en que cada testigo aporta su trozo de historia que se constituye en prueba de los hechos aberrantes.
Numerosos instrumentos de la jurisprudencia internacional son soporte y herramienta en la reivindicación del derecho a la verdad, a la justicia y a la reparación en torno a delitos cometidos contra víctimas vulneradas en sus derechos más elementales.
En el alegato de la fiscalía que actúa en el juicio que juzga los delitos cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada, la fiscal solicitó que los medios gráficos que estuvieron involucrados en hechos delictivos difundiendo información falsa y manchando el buen nombre y honor de las personas, publiquen sendos artículos reponiendo la verdad histórica.
Aquí también se trata de graves violaciones a los derechos humanos que trascienden lo individual y alcanzan a la sociedad en el derecho a la información. Y este pedido es un acto de reparación. Como lo es también el pedido, de la misma Fiscalía, para que este proceso histórico sea declarado de interés para las generaciones presentes y futuras.
Y ése es el valor de la palabra. Y el efecto también de la palabra desplegada en la escena de los juicios. Si el análisis es una práctica del lenguaje, si no hay otro modo de acceso a lo inconsciente que no sea por la vía del lenguaje, en el equívoco, en el entredicho, cómo pensar entonces en la palabra del testigo que resuena en las audiencias si no es también atendiendo a lo que no puede ser dicho del todo pero que impacta desde esa imposibilidad en la conciencia y en el alma de quienes escuchan.
Precisamente en torno a “los laberintos de la verdad”, Lacan va a decir en El reverso del psicoanálisis, que la verdad tiene más de un rostro. “Lo real, si lo real se define como imposible, se sitúa en la etapa donde el registro de una articulación simbólica se encuentra definido como imposible de demostrar” y da cuenta del carácter radical de la repetición, “esa repetición que insiste y que caracteriza, como ninguna otra cosa a la realidad psíquica del ser inscripto en el lenguaje” (...) “La división del sujeto no es, sin duda, nada más que la ambigüedad radical que se vincula con el propio término de verdad”.
Giorgio Agamben, en su texto Lo que queda de Auschwitz. El Archivo y el Testigo, analiza el rol del testigo en torno de la experiencia de los campos de concentración del nazismo. Al respecto, partiendo de la base de que las circunstancias históricas en que tuvo lugar el exterminio de los judíos han sido suficientemente aclaradas, sostiene que “muy diversa es la situación por lo que hace al significado ético y político del exterminio, e incluso a la simple comprensión humana de lo acontecido”, “al sentido y las razones del comportamiento”, plantea que a pesar de poder describir y ordenar esos sucesos temporalmente con precisión “siguen siendo particularmente opacos cuando intentamos comprenderlos verdaderamente”. Y agrega que tras la impotencia de Dios, se deja ver la de los hombres, que repiten su “plus jamais ça cuando ya está claro que ça está en todas partes”.
Para cada sujeto que da su testimonio, lo que tuvo lugar en los campos es lo único verdadero e inolvidable; por otra parte, esta verdad es “inimaginable”, “irreductible a los elementos reales que la constituyen, unos hechos tan reales que, en comparación con ellos, nada es igual de verdadero, una realidad tal que excede necesariamente sus elementos factuales”. Y continúa en relación a la experiencia de los campos de concentración del nazismo planteando que necesariamente los testimonios comportan una laguna: “Los supervivientes daban testimonio de algo que no puede ser testimoniado, comentar sus testimonios ha significado de forma necesaria interrogar aquella laguna (...), tratar de escucharla”.
El autor analiza etimológicamente las dos acepciones que la palabra testigo, tiene en latín. Una es testis, que significa “aquel que se sitúa como tercero (terstis) en un proceso o litigio entre dos contendientes” y la segunda, que él va a tomar, es superstes, que hace referencia “al que ha vivido determinada realidad, ha pasado por un acontecimiento y puede dar su testimonio”, el superviviente.
Son estos los testigos que están reconstruyendo los hechos sucedidos durante el terrorismo de Estado en donde la verdad trasciende la consistencia jurídica.
Son los que deben “mantener fija la mirada en lo inenarrable”. Al respecto, sostiene el autor, “el testigo testimonia de ordinario a favor de la verdad y de la justicia, que son las que prestan a su palabra consistencia y plenitud. Pero en este caso el testimonio vale en lo esencial por lo que falta en él; contiene en su centro mismo algo que es intestimoniable”. El testigo da testimonio en definitiva de la imposibilidad de testimoniar, y en esa paradoja lo hace posible, “no se puede testimoniar desde el interior de la muerte, no hay voz para la extinción de la voz”, y, sin embargo desde esa frontera entre el “dentro y fuera a la vez” funda la posibilidad del testimonio. Introduce así la vivencia singular del sujeto en la experiencia histórica (Ref. Consecuencias subjetivas del terrorismo de Estado).
Articulando la intersección entre el campo del discurso jurídico y el sujeto del psicoanálisis, entonces, interrogarse por el alcance del decir posibilita una lectura más profunda respecto del valor de la palabra del testigo y ensancha su alcance en relación a su valor probatorio.
El testigo jura frente al tribunal decir toda la verdad y nada más que la verdad. J. A. Miller propone distinguir lo verdadero de lo real, en la perspectiva de que lo verdadero no recubre lo real en términos absolutos. La verdad tiene agujeros. Y en esos agujeros se instala el testimonio en su imposibilidad de decirlo todo, en su equívoco, en las “inconsistencias” para la mirada del discurso jurídico. Sin embargo en la experiencia del terrorismo de Estado, en la metodología aplicada en “los campos”, esa verdad a medias, esa incertidumbre respecto de los hechos, esas contradicciones e inconsistencias son las que paradójicamente le dan consistencia y contundencia a un relato construido fragmentariamente. Se trata justamente de “saber hacer con la opacidad que resta”, con lo insondable del horror. Escuchando la singularidad de un sujeto en el marco de un dispositivo “para todos”.
Para el testigo la palabra cobra un valor singular porque crea la condición de posibilidad de intentar decir lo que durante años no pudo ser dicho y no ya por la estructura misma del sujeto del lenguaje sino por su experiencia concentracionaria y los años posteriores de silenciamiento. No se podía hablar y no se podía, y en algunos casos tampoco se quería, escuchar.
En los campos de concentración la palabra quedaba perdida. Al respecto dice Primo Levi en Los hundidos y los salvados, “... llovían los golpes y estaba claro que se trataba de una variante del mismo lenguaje: el uso de la palabra para comunicar el pensamiento, ese mecanismo necesario y suficiente para que el hombre sea hombre, había caído en desuso. Era una señal: para aquéllos no éramos ya hombres; con nosotros, como con las mulas o vacas, no existía una diferencia sustancial entre el grito y el puñetazo” (...) “Esto de sentirse seres a quienes no se hablaba tenía efectos rápidos y devastadores”. Uno de ellos, afirma el autor, era no poder dirigir la palabra.
En el escenario de los juicios la palabra adquiere entonces una dimensión reparatoria que restituye al sujeto su condición de tal. Se trata de restituir al sujeto en su posición subjetiva. De ser humano reducido a objeto del otro, a puro deshecho, despojado de su dignidad de persona en el campo de concentración, en el ámbito de la justicia se restituye también la posibilidad de la palabra y con ella la dimensión subjetiva que necesariamente ésta conlleva.
Muchas expresiones de afecto, recuerdos, anécdotas de vida contadas por algunos cautivos a otros, quedaron seguramente sepultadas para siempre por la desaparición forzada de ambos. Muchas cosas quedaron sin poder decirse en miles de historias de vida truncadas por la barbarie.
Pero muchas otras, que hablan del amor por sus hijos, del amor a sus madres, a sus padres, a sus familiares, de la añoranza por sus seres queridos, de sus sueños, de sus ideales, de sus vivencias, mensajes dados que pudieron llegar a destino, que se constituyeron en palabras traídas del submundo de la desaparición a este otro mundo, al mundo de los vivos. Palabras pretendidamente condenadas al silencio resuenan hoy en el alma de quienes las trajeron y de quienes las escuchan y resignifican en los alegatos probatorios. Palabras que no sólo son prueba sino que también ponen a prueba todo el tiempo, el alcance y el valor de la justicia.
* Psicoanalista. Docente en la UBA. Ex detenida-desaparecida, testigo en los juicios.

domingo, 3 de enero de 2016

NATALIE FENTON / ACTIVISTA Y PROFESORA DE COMUNICACIÓN

"Internet crea guetos políticos entre quienes ya están bien informados"
JOAN PEDRO


<p>Natalie Fenton, durante una clase.</p>
Natalie Fenton, durante una clase.
YOUTUBE
30 DE DICIEMBRE DE 2015
Natalie Fenton, activista y profesora de Comunicación en Goldsmiths, University of London, reflexiona en esta entrevista sobre las relaciones entre los medios de comunicación—tanto los medios tradicionales como los nuevos medios digitales— y el sistema capitalista, el activismo social y la construcción de fuerzas políticas y culturales contrahegemónicas.  Fenton es Professor in Media and Communications y Codirectora del Departamento de Medios y Comunicación de Goldsmiths, University of London. Es Codirectora del Goldsmiths Leverhulme Media Research Centre y Codirectora del Goldsmiths Centre for the Study of Global Media and Democracy. 
El título de su conferencia de apertura en el congreso que tuvo lugar en Saint Louis University--Madrid fue Esferas públicas mediadas: el problema de la política y el sueño de la democracia. ¿Podría empezar por proporcionar un breve resumen de las ideas clave?
Mi preocupación es que, como investigadores de los medios, tendemos a centrarnos en gran medida, y quizás es comprensible, en el lado de los medios de comunicación: la pluralidad de la propiedad de los medios y del contenido; cuán libre es la prensa; ¿cómo pueden los ciudadanos reclamar autonomía comunicativa? Sin embargo, rara vez se empareja este análisis con una valoración crítica de esta cosa llamada democracia —o peor aún, asumimos en nuestros escritos y marcos conceptuales que la democracia liberal ya está con nosotros.
Se nos dice que los medios de comunicación son el alma de la democracia. Entonces es muy fácil afirmar que la mejora de la democracia simplemente requiere una solución centrada en los medios: mayor pluralidad, menos concentración, mejor representación. Son reformas positivas en sí mismas, pero no podrán arreglar una democracia rota.
LA DESIGUALDAD ESTÁ ESTRECHAMENTE CORRELACIONADA CON LA DEGENERACIÓN DE LA DEMOCRACIA; Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN HAN HECHO MUY POCO PARA CONTRARRESTAR EL AUMENTO CONSTANTE DE LA CONCENTRACIÓN DE LA RIQUEZA
Tenemos que interrogar a la democracia liberal y abordar sus fracasos como proyecto y sistema político, junto con el papel de los medios, a fin de apreciar plenamente cómo es la relación entre los medios de comunicación y la democracia, y cómo debería ser. Si en lugar de empezar el análisis por los medios de comunicación, lo hacemos por el aumento de la desigualdad masiva en todo el mundo llegamos a un argumento muy diferente. Tenemos análisis de cómo la desigualdad daña nuestras sociedades, nuestras economías y nuestros sistemas democráticos. Los pobres no tienen influencia sobre las políticas y los políticos, y votan menos. La participación electoral aumenta conforme aumentan los ingresos, porque los más ricos tienen más probabilidades de ser escuchados. La desigualdad no es una condición favorable para una política democrática sostenible. Así que yo diría que la desigualdad está estrechamente correlacionada con la degeneración de la democracia; y los medios de comunicación han hecho muy poco para contrarrestar los patrones de aumento constante de la concentración de la riqueza. De hecho, tenemos más medios que nunca antes, hemos tenido una explosión digital, hemos visto una expansión masiva del espacio en el que pueden circular los mensajes mediados y, sin embargo, hemos sufrido más y más desigualdad. Por lo tanto, la solución o los temas deben estar en una política más amplia.
Su análisis también lleva a cuestionar las conceptualizaciones predominantes de la esfera pública.
En su enfoque básico, una auténtica esfera pública debe incluir el libre flujo de información e ideas para todos los públicos. La esfera pública es un espacio donde todos los debates pueden ser transmitidos y los temas discutidos de manera deliberativa y racional, conduciendo a una visión de consenso que luego es respondida por los responsables políticos a través de formas de gobernanza. Por supuesto, la democracia realmente existente a menudo está muy lejos de este ideal, con las sociedades caracterizadas más por la desafección política que por una ciudadanía satisfecha que entiende todos los temas que está votando y cuyas opiniones son atendidas por sus representantes electos y los medios de comunicación. Pero al centrarnos en la esfera pública mediada nos dejamos atrapar por la idea de que solo con que los medios de comunicación fueran múltiples y plurales la esfera pública sería saludable. Así, el pluralismo informativo está conectado (a pesar de que rara vez se explica cómo) a una mayor deliberación, que luego nos da una mejor democracia. 
SABEMOS QUE QUIENES DOMINAN LOS ESPACIOS 'ONLINE' SON LAS GRANDES ORGANIZACIONES DE NOTICIAS, EN PARTICULAR LAS ORGANIZACIONES DE NOTICIAS DE TELEVISIÓN
Lo que echo de menos son los muchos factores que crecientemente delimitan, constriñen y socavan las esferas públicas en la época online. Vigilancia ymalware, la censura y el bloqueo, la explotación y la dominación corporativa. Con la desigualdad y la pobreza masiva, la liberación a través de los medios de comunicación está solo al alcance de muy pocas personas. Sin embargo, de alguna manera, nos dejamos convencer por la idea de que ya que, en un mundoonline, podemos enviar libremente mensajes a mucha gente, la libertad es nuestra. Y eso significa que terminamos aceptando la democracia tal como se presenta en el actual periodo.
Y mientras esto está sucediendo, mientras se celebra esta gloriosa abundancia comunicativa a nuestro alrededor, el capital global sigue adelante junto con las enormes desigualdades sociales y políticas que vienen con él. 
Las nuevas tecnologías parecen tener una inmensa capacidad de fascinarnos en la idea de que nos traerán de manera casi mecánica un mundo mucho mejor. En este sentido, me parece muy valiosa la diferencia que establece entre los medios ricos en información y los medios ricos en comunicación. ¿Podría explicar esta diferencia?
No hay duda de que, en la era digital, hay muchos más medios de comunicación, vivimos en un mundo comunicativo. Pero eso, ante todo, es un medio de expresión más que una forma de información. Por ejemplo, las redes sociales: después de Google, Facebook es la plataforma online más popular. Millones y millones de personas la utilizan todos los días. No la usan necesariamente para fines informativos, la están utilizando para fines comunicativos que son en su mayoría expresivos. La comunicación, por supuesto, se superpone con las necesidades y deseos de información, pero en general no es lo más importante. La evidencia empírica señala que casi todos utilizamos Internet para fines de entretenimiento. Aquellas personas que lo utilizan principalmente para fines políticos o informativos pertenecen a grupos muy concretos de la clase media y altamente educada. Así, lejos de aumentar la participación política de todos, Internet crea guetos políticos de los que ya están bien informados; afianza las desigualdades que existen offline. Esto me sucedió durante las elecciones del Reino Unido, donde me dejé seducir por esta idea de que en la tuitesfera y en Facebook todo se sentía bien, había un montón de buenos debates, se sentía cómo la izquierda iba ganando terreno. Pero, por supuesto, todo lo que estaba haciendo era hablar con mis amigos. Había una comunidad muy cerrada—aunque bastante grande— que me creó la ilusión de que algo muy diferente estaba pasando ahí fuera. Al final, la elección general trajo otros cinco años de un Gobierno socialmente conservador y económicamente neoliberal. Este es el verdadero problema de los nuevos medios, son muy seductores. Es agradable y reconfortante expresarnos dentro de nuestras propias comunidades. Pero son comunidades cerradas y se están cerrando cada vez más.
EL PERIODISMO COMO PRÁCTICA ÉTICA NO TRASCIENDE POR ARTE DE MAGIA EL MERCADO DEL QUE ES PARTE
Para aquellos de nosotros que tenemos comunidades grandes, de largo alcance, en las que nos implicamos intensamente con una élite altamente educada, eso podría estar bien. Pero aquellas personas que no están en esos círculos son privadas de sus derechos al ser informativamente empobrecidas. Eso es algo antidemocrático. Cualquier cosa que se mantiene exclusivamente online solo mantiene a unas pocas personas conectadas y afines entre sí, y se replicarán las viejas jerarquías y en última instancia no será inspirador. Terminamos con una carga completa de clicktivismo, una política que no nos lleva a ninguna parte. Conviene también reunirse y movilizarse en las calles y otros mundos offline.  
Los estudios de comunicación y cambio social se centran en buena medida en los nuevos medios digitales, pero participar en televisión permite abrir el círculo de los que ya participan y llegar a un público más amplio. 
Exactamente, eso es absolutamente correcto. He tenido esta experiencia con la campaña Hacked Off. Una vez más, una gran cantidad de activismo se lleva a cabo en los espacios de redes sociales online, pero sabemos que cuando salimos en las noticias de televisión nos estamos comunicando con un público mucho más amplio y logrando un mayor apoyo. También sabemos que quienes dominan los espacios online son las grandes organizaciones de noticias, en particular las organizaciones de noticias de televisión. Está aumentando aún más el control monopólico de las organizaciones que ya son muy poderosas y grandes, los medios de comunicación corporativos. Esa noción de que de alguna manera Internet es este gran y maravilloso nirvana comunicativo está muy fuera de lugar.
¿Podría explicar qué es Hacked Off, qué lo inspiró, qué promueve, sus objetivos, las actividades que desempeña?
Claro. Soy vicepresidenta de la junta directiva de Hacked Off  y una de las fundadoras de la Media Reform Coalition (Coalición para la Reforma de los Medios). Ambas organizaciones están trabajando para la reforma de los medios, pero de diferentes maneras. Surgieron de un enfoque de tres vías que se inició con la crítica de los medios, luego progresó hacia la práctica mediática y después a las políticas de comunicación. 
LA RESOCIALIZACIÓN DE LO POLÍTICO HA DADO A LA GENTE UN POCO DE CONFIANZA DE NUEVO EN LA IDEA DE QUE LA POLÍTICA ESTÁ AHÍ PARA ELLOS, QUE ESTOS SISTEMAS PUEDEN SER RECLAMADOS POR EL PUEBLO
El proyecto surgió con un análisis, en esencia, atado al estado actual de las noticias, a las nociones de aumento masivo de la mercantilización, la globalización y la desregulación. Luego, junto a estos desarrollos, vino la expansión masiva de los medios digitales y las nuevas tecnologías y las nuevas plataformas para la prensa. 
Recuerdo el día en que nos sentamos en la cafetería de la Universidad de Goldsmiths con James Curran y Des Freedman y acababa de saltar el escándalo de los pinchazos telefónicos. Los periodistas quedaron repentinamente expuestos por el hackeo telefónico de niños víctimas de asesinato, de la Familia Real, celebridades y miles y miles de personas comunes y corrientes. Nos pareció que teníamos la crítica de los medios que nos permitía explicar cómo podía haber ocurrido esto. En ese momento nos miramos y dijimos: “Sabes qué, no podemos no hacer algo al respecto. No podemos sentarnos aquí y no traducir nuestra crítica de los medios en alguna forma de práctica mediática” y que, en mi opinión, es lo que la teoría crítica es, si nos remontamos a la noción de Horkheimer de que la teoría crítica debe ser explicativa —la primera etapa: crítica de los medios--. Debe ser práctica —lo que estoy llamando aquí práctica mediática— y debería ser normativa. En otras palabras, debe arrojar luz sobre lo que es con un sentido claro de lo que debería ser y luego sugerir una manera de tender un puente sobre los dos, a fin impulsar el pensamiento y la práctica progresista. Para nosotros era una obviedad que teníamos que hacer algo. Estábamos en una posición perfecta para hacerlo. Así que creamos la Media Reform Coalition.
Hacked Off comenzó en 2011 como una campaña que era parte de otra organización de la sociedad civil, el Media Standards Trust, que ayudó a llevar a cabo la investigación Leveson de la cultura, las prácticas y la ética de la prensa. En el verano de 2012, se convirtió en un grupo activista separado con el mismo nombre y se dedicó a ayudar a las víctimas de abuso por parte de la prensa a contar sus historias, incluyendo el hackeo telefónico, el acoso y la intimidación que sufrieron durante su campaña para asegurar que se pusiesen en marcha mecanismos reguladores independientes y eficaces para hacer frente a tales transgresiones por parte de la prensa.
LA OTRA CARA DE LA RESOCIALIZACIÓN DE LO POLÍTICO ES LA REPOLITIZACIÓN DE LA ECONOMÍA. ESTO ES ABSOLUTAMENTE CLAVE
De modo que, mientras Hacked Off se concentraba en las normas periodísticas, los códigos y la ética y argumentaba a favor de un sistema de autorregulación independiente y eficaz para el periodismo, que fue el foco de la investigaciónLeveson, la Media Reform Coalition se centró en la pluralidad y la concentración de la propiedad. Ambos problemas están conectados (no se soluciona uno sin el otro). El periodismo como práctica ética no trasciende por arte de magia el mercado del que es parte. Lejos de ello, está envuelto en un sistema económico-político particular, por lo que se necesita abordar los problemas con ese sistema, así como el ejercicio del periodismo en su interior.
Hacked Off recibió lo que Herman y Chomsky llamaron flak(contramedidas disciplinarias) por parte de The Daily Telegraph. Esto plantea la cuestión de cómo responder a los ataques en términos estratégicos.
Responder al flak es una noción muy interesante. Creo que una vez apreciamos que a los medios nunca les van a gustar las propuestas de reforma mediática provenientes de cualquier persona que no sea de los propios medios de comunicación, entonces es más fácil no dejarse afectar. Por supuesto que no les va a gustar. Y cuanto más fuerte gritan o más te atacan, por lo general, es una señal de que estás haciendo algo bien. Así que te vas curtiendo y prevés en cierta medida los ataques. 
Para ver la parte positiva del flak, podemos considerar las doce páginas en The Daily Mail con una cantidad ridícula de noticias en torno a la relación entre Hacked Off y el Media Standards Trust y otras personas clave. El Daily Mail decía que se trataba de una gran conspiración de izquierda para dominar el mundo. Nadie se lo creyó. Así que, en última instancia, sólo les desacredita a ellos y a su periodismo. Harold Evans, exeditor de The Times, dijo que se habían convertido en una caricatura de sí mismos. De lo que no podían darse cuenta es que estaban diciendo que Hacked Off estaba dañando la libertad de la prensa, cuando estaban tergiversando todos los argumentos sobre una autorregulación independiente de la prensa, que era el marco Leveson. El Daily Mail dijo que esto era el preludio del autoritarismo. Lo llamaban el regreso al Zimbabue de Robert Mugabe. Era completamente ridículo. Y cuanto más lo hacían, más ridículos parecían. Aunque en un principio es deprimente, cuando te das cuenta de que por supuesto no van a responder de ninguna otra forma, se aprende muy rápidamente a tratar con los ataques.
Lo más alentador de Hacked Off  y las campañas de Media Reform es que, aunque no han cambiado necesariamente la manera en la que la prensa opera en el Reino Unido, sí que han ayudado a que la gente se dé cuenta de que pueden hacer frente a estas corporaciones mediáticas increíblemente poderosas. Muchos de los comentarios online de los usuarios en los tabloides son a menudo muy críticos y exigentes. Hubo un momento en que este no era el caso. No tengo evidencia empírica para respaldar esto, pero es una corazonada, parece como si hubiera un cambio en la forma de pensar que puede hacer frente al poder de los medios. Eso es un cambio cultural que ha ocurrido como resultado de la investigación Leveson y las campañas de reforma de los medios.
¿Cuál sería la principal aportación de Internet para contribuir a impulsar el cambio social?
Lo que el mundo online puede hacer bien es compartir ideas e inspirar. Compartir y difundir la solidaridad es muy importante. Como estudiosos de los medios, hay que tener en cuenta esto y tener cuidado de no reducir todo a la economía política. También tenemos que tener en cuenta la experiencia sentida de la protesta —la dimensión de lo político que inspira, frustra, entusiasma, enoja y moviliza--. En mi libro actual hablo de esto en términos del ser político yla política del ser. Tenemos que entender la política del ser, ¿cómo se agitan las emociones, la indignación ante la injusticia, la pasión por el cambio social y político. Pero también tenemos que entender lo que significa ser político para transformar las emociones en un proyecto político que provoque el cambio institucional material, una cierta forma de una verdadera transformación social y política. Con demasiada frecuencia en los estudios de los medios de comunicación se analizan los afectos de manera aislada. Pero cuando estamos hablando de la movilización política, tenemos que combinar este análisis con cuestiones estructurales de poder y desigualdad con el fin de concebir cómo lograr un cambio político.
Ambas tienen que ir de la mano, en los medios pero también en otras esferas de la vida.
Así es. La resocialización de lo político ha dado a la gente un poco de confianza de nuevo en la idea de que la política está ahí para ellos, que estos sistemas pueden ser reclamados por el pueblo. Se vuelve a conectar la política con la clase social y el ámbito social. Y creo que, en todo el mundo, la izquierda tiene que replantearse en estos términos, y en particular en el Reino Unido. Se trata de decir: “Está bien, la política no es algo para políticos profesionales que buscan ser reelegidos, se trata de satisfacer las necesidades sociales. Eso es a lo que me refiero con “resocializar de la política”.
La resocialización de la política por sí sola, por supuesto, no es suficiente para hacer frente a los problemas, porque te encuentras con la situación a la que los griegos se enfrentan a ahora, en un intento de conseguir el control de su economía. Todavía están cogidos por las élites financieras que les dicen lo que pueden y no pueden hacer con su economía. El control que la Troika (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) tiene sobre los países, los atrapa y les impide funcionar democrática y soberanamente. No pueden hacer lo que su país necesita o lo que su población quiere para conseguir salir de la situación en la que están. Sólo pueden hacer lo que los bancos les dicen que hagan.
AL IGNORAR LA POLÍTICA REAL TERMINAMOS DESPOLITIZANDO LA CONTRAPOLÍTICA PORQUE OFRECEMOS POCAS SUGERENCIAS VALIOSAS SOBRE CÓMO PODEMOS HACER QUE LA POLÍTICA SEA MÁS DEMOCRÁTICA
La otra cara de la resocialización de lo político es la repolitización de la economía. Esto es absolutamente clave. También es más difícil porque es una lucha contra el capital global y será imposible a menos que se resocialice la política. Pero imagínense que esto sucediese en varios lugares de Europa. ¿Cómo respondería la Unión Europea si hubiese un verdadero cambio que nos alejase de la economía neoliberal? Sería un gran problema para ellos. Correrían el riesgo de desestabilizar el continente si les echan fuera de Europa. Así que tendrían que adaptarse a la nueva situación.
En Redes de indignación y esperanza, Manuel Castells habla de cómo la descentralización puede funcionar en niveles reducidos. Pero de lo que no habla es de cómo puede funcionar cuando se tienen más de doscientas mil personas. Así que tienes que tener un sistema político de mayor escala que sustente y supervise toda la producción de capital. Hay que construir esos andamios. Pero, al mismo tiempo, también puedes tener comunidades más pequeñas que guíen, hagan y tomen el control de sus propias vidas. Un sistema así no está más allá de las capacidades humanas.
Para mi próximo libro estoy jugando con la idea de un título como ¿Mirar a la izquierda? Medios digitales y política radical. Aunque sé que la palabra radical tiene diferentes significados según el país, no puedo pensar en una manera mejor de decirlo. El libro comienza con la premisa básica de que cuando pensamos en la política radical y los medios de comunicación, estamos interesados ​​en el cambio social progresista. Se plantea la pregunta de cómo podemos empezar a abordar los desafíos a los que se enfrenta la política democrática si no hablamos de política real como parte de nuestra investigación. Creo que el problema es tanto conceptual como práctico. Una política requiere una práctica. No podemos entender la naturaleza de la práctica sin entender su política; no podemos entender la política sin apreciar sus procesos y organización. Sin embargo, muchos estudios omiten estas relaciones. Yo sostengo que dejar de lado la política limita nuestra capacidad de impulsar el pensamiento y la acción progresista. Al ignorar la política real terminamos despolitizando la contrapolítica porque ofrecemos pocas sugerencias valiosas sobre cómo podemos hacer que la política sea más democrática (tanto a escala pequeña como grande). Sin una comprensión de cómo la izquierda política progresista puede desarrollarse, la política en sí seguirá siendo nebulosa y estará mal definida. Entonces, ¿qué podría significar poner en el centro de nuestro análisis el desarrollo de una contrapolítica? ¿Cuáles son las condiciones necesarias (incluyendo las condiciones comunicativas) para que las organizaciones y colectivos políticos radicales puedan perdurar, construir capacidades y lograr un cambio social?
Esta entrevista forma parte del volumen Talking Back to Globalization: Texts and Practices (New York: Peter Lang, 2016), editado por Brian M. Goss, Mary R. Gould y Joan Pedro, quien conduce la entrevista. 
Joan Pedro es doctor en Comunicación, Cambio Social y Desarrollo por la Universidad Complutense de Madrid y profesor en la Saint Louis University–Madrid Campus.

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Hemeroteca Digital Brasileña

Hemeroteca Digital Brasileña

Río de Janeiro. La Fundação Biblioteca Nacional pone a disposición de sus usuarios la Hemeroteca Digital Brasileña, un portal de periódicos nacionales (diarios, revistas y publicaciones seriadas) para ser consultado por internet. En ella, investigadores de cualquier parte del mundo pueden tener acceso libre y gratuito a títulos que incluyen desde los primeros diarios creados en el país –como el Correio Braziliense y la Gazeta do Rio de Janeiro, ambos fundados en 1808- a diarios desaparecidos en el siglo XX, como el Diário Carioca y el Correio da Manhã, o que ya no circulan en forma impresa, como el Jornal do Brasil.

Entre las publicaciones más antiguas y raras del siglo XIX se encuentran, por ejemplo, O Espelho, Reverbero Constitucional Fluminense, O Jornal das Senhoras, O Homem de Cor, Semana Illustrada, A Vida Fluminense, O Mosquito, A República, Gazeta de Notícias, Revista Illustrada, O Besouro, O Abolicionista, Correio de S. Paulo,Correio do Povo, O Paiz, Diário de Notícias así como también los primeros diarios de las provincias del Imperio.

En cuanto al siglo XX, se pueden consultar revistas tan importantes como Careta, O Malho, O Gato, así como diarios que marcaron la historia de la imprenta en Brasil, tales como A Noite, Correio Paulistano, A Manha, A Manhã y Última Hora.

Las revistas de instituciones científicas componen un segmento especial del acervo disponible. Algunas de ellas son: Annaes da Escola de Minas de Ouro Preto, O Progresso Médico, la Revista Médica Brasileira, los Annaes de Medicina Brasiliense, el Boletim da Sociedade de Geografia do Rio de Janeiro, la Revista do Instituto Polytechnico Brasileiro, la Rodriguesia: revista do Jardim Botânico do Rio de Janeiro, el Jornal do Agricultor, entre tantos otros.

La consulta, posible a partir de cualquier dispositivo conectado a internet, puede realizarse por título, período, edición, lugar de publicación y hasta por palabra/s. También se pueden imprimir las páginas deseadas.

Además del apoyo del Ministerio de Cultura, la Hemeroteca Digital Brasilera es reconocida por el Ministerio de Ciencia y Tecnología y cuenta con el apoyo financiero de la Financiadora de Estudos e Projetos (FINEP), que hizo posible la compra de los equipos necesarios y la contratación del personal para su creación y mantenimiento. Hasta el momento ya son más de 5.000.000 de páginas digitalizadas de periódicos raros o extinguidos a disposición de los investigadores, número que se irá acrecentando con la continuidad de la reproducción digital.
[Fuente: FBN]

Biblioteca Digital Trapalanda


TRAPALANDA

Trapalanda era el nombre de una tierra mítica y ensoñada. La buscaron para conquistarla y les fue esquiva. Se convirtió en imagen en el ensayo y nombre de alguna revista.
Para la Biblioteca Nacional es el nombre de una utopía: la puesta en acceso digital de todos sus fondos. Aquí se encontrará el lector con distintas colecciones, en las cuales los libros y documentos que la institución atesora se encuentran en forma digital.

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COLECCIÓN SUGERIDA

Manuscritos de Leopoldo Lugones

Poeta, cuentista y ensayista, figura fundamental de la cultura argentina. La colección de manuscritos adquirida por la Biblioteca constituye el archivo público más importante dedicado a su obra. Posee correspondencia, capítulos manuscritos de El payador y de El dogma de obediencia, entre otros.

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Bibliotecas de Montevideo en línea

La Intendencia de Montevideo lanzó el catálogo en línea de sus bibliotecas

Montevideo. La Intendencia de esta ciudad tiene una red de 19 bibliotecas públicas, quince de ellas en funcionamiento y las otras cuatro en procesos de reapertura y reacondicionamiento. Los servicios que ofrecen son gratuitos y la colección total comprende alrededor de 65.000 ejemplares de 8.000 títulos.

Por esto, la Intendencia creó este catálogo en línea que habilita búsquedas personalizadas por tema, título de publicación, autor o biblioteca. Según dijo un vocero: “El sistema detalla la información del material bibliográfico, la cantidad de copias existentes y la disponibilidad según cada biblioteca”.

El material disponible en las bibliotecas puede leerse en las salas o llevarse al hogar en préstamo. Además de libros, las bibliotecas cuentan con un importante acervo de “revistas, juegos y soportes audiovisuales, como vídeos, DVD y CD-ROM”, señalan desde la Intendencia.

Las bibliotecas, a su vez, ofrecen un espacio particularmente pensado para los niños, con sitios específicos dedicados a promover la lectura entre los más pequeños, además de actividades recreativas y lúdicas. Funcionan asimismo como centro de actividades educativas y de formación, recreativas y sociales de la comunidad donde se encuentran.
[Fuente: La red 21]

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