martes, 20 de mayo de 2014

Reseñas Bibliográficas al 20_05_14


1er. cuatrimestre
2do. cuatrimestre
                Nombre
Reseña #1
Reseña #2
Reseña #1
Reseña #2
Ayelén
APROBADA
Muy completo!



Karina
APROBADA
- El antropólogo desarrolla su actividad en una situación de estado de cosas de la propia actividad y el objeto en estado histórico definido.
- La amenaza del acontecimiento provoca en la comunidad el desarrollo de rituales que tienen por objetivo la preservación del orden. Toda amenaza de fuerzas naturales que la comunidad no puede controlar genera una situación de vulnerabilidad hacia la estructura social



María de los Ángeles
Aprobada
Muy completo!
Aprobada
Muy Completo!


María Laura
Aprobada
Muy Completo!



Melisa
Aprobada
Muy completo!



Myriam
Aprobada
Muy completo!



Sebastián
APROBADA
- El antropólogo desarrolla su actividad en un situación de estado de cosas de la propia actividad y el objeto en estado histórico definido.
- Los rituales que desarrollan las culturas frente a la amenaza de acontecimiento siempre deben ser interpretados por los antropólogos como reflejo del orden social. Muchos antropólogos le asignaban erróneamente cualidades especiales a aquellos que participaban de los rituales por ejemplo posesiones.
La regla de olvido indica que la posesión no pertenece al ámbito personal sino comunitario



Dos pibes wichí

Desarrollaron un sistema para mejorar la harina de algarrobo

Premio de la OEA a dos chicos wichí

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Lupia, la profesora, y los premiados, Cristian Medina y Miriam Gómez.
“El proyecto busca evaluar el rendimiento y mejorar la obtención de harina de algarrobo blanco. La cosecha del fruto del algarrobo es una de las grandes tradiciones de las familias wichí en Formosa. Con la harina hacemos alfajores y budines, que no tienen gluten y pueden consumir los celíacos. La idea es ayudar a la gente para que pueda comer y comercializar una mayor cantidad de productos de mejor calidad.” Así de simple, Miriam Gómez, de 17 años, resumió a Página/12 un trabajo arduo y a conciencia que comenzó hace varios años y que finalizó con una distinción internacional. En 2011, su escuela, en la localidad formoseña de El Quebracho, comenzó un proyecto para promover las prácticas profesionales de la institución que consistía en la forestización de la región, conocida por ser semiárida y con pocas lluvias, difícil para la producción agropecuaria. Junto a Cristian Medina, un compañero de cursada, los dos estudiantes wichí fueron distinguidos por la Organización de Estados Americanos (OEA) en la Feria Internacional de Ciencias Intel-Isef, que se desarrolló en Los Angeles, Estados Unidos. El reconocimiento tiene la intención de identificar y hacer visible cómo los talentos jóvenes desarrollan ideas que pueden ayudar a solucionar problemas regionales.
Miriam y Cristian pertenecen a la Escuela Agrotécnica Nº 10, un pequeño secundario público de orientación técnica, integrado por 70 alumnos. Su proyecto se había destacado antes en la Feria Nacional de Ciencias 2013, realizado en Mendoza. Esta distinción les valió que fueran seleccionados por el Ministerio de Educación de la Nación para participar del certamen internacional.
La joven, quien cursa actualmente 6º año, comentó que “proponemos cambios en el proceso productivo de la harina. En la etapa de cosecha, colocamos mallas de media sombra debajo de las copas de los árboles para que los frutos del algarrobo no lleguen al suelo y se contaminen. Al momento del secado, la costumbre suele ser dejarlos al sol. Nosotros pensamos que esto se haga en una estructura rectangular cerrada, con cuatro bastidores donde entran 10 kilos de fruta, una cantidad mayor a la que se maneja habitualmente”.
“Las familias suelen desconocer el alcance de sus cosechas. Por eso también hicimos mediciones para conocer la cantidad de frutos que producen los árboles y estudiamos el rendimiento de estos frutos”, señaló Miriam. La estudiante sostuvo que esta optimización no sólo favorece la economía de los trabajadores sino también el cuidado del medio ambiente.
El proyecto estuvo coordinado por la docente de la materia Producción Vegetal, Natalia Lupia. La profesora dijo a este diario que “el reconocimiento se dio de forma natural. Desde la escuela coordinamos actividades prácticas que atiendan los problemas de los vecinos. Esta zona se caracteriza por la cría de ganado caprino y vacuno, y la producción agropecuaria resultado de la forestización. Es difícil. El año pasado, por ejemplo, tuvimos la mayor sequía en la ciudad”.
“A los chicos les encanta. Con la escuela trabajamos 22 hectáreas en un monte, donde abrimos caminos y cada siete metros ponemos plantines de algarrobo o chauchas que nosotros mismos cultivamos. También, gracias a la ayuda de una ONG, trajimos desde Brasil un molino para moler los frutos. Lla molienda se hace con mortero. El resto de los gastos por los bastidores del secadero o los alambres para atar las medias sombras los financiamos los docentes”, explicó Lupia, quien también es ingeniera forestal.
La Feria Internacional de Ciencias Intel-Isef es una de las competencias de ciencias preuniversitaria más grande del mundo. Anualmente participan para exponer sus investigaciones independientes más de 1700 jóvenes, de 3º a 6º año del nivel secundario, de unos 70 países. La OEA reconoce a los alumnos y a sus maestros/mentores su contribución al desarrollo integral de la región en la fase inicial de sus carreras académicas y profesionales.
De los millares de trabajos que participaron, sólo 1015 fueron de América y, entre ellos, los evaluadores seleccionaron a 50 que respondían a sus criterios. Finalmente eligieron a los seis mejores, uno de los cuales resultó ser el de los chicos argentinos.
“Esta es otra experiencia que evidencia que la estigmatización que se suele hacer de los jóvenes argentinos no coincide con la realidad. Hay reservas insospechadas en las escuelas públicas argentinas. Ustedes son la exposición y la muestra del esfuerzo, la dedicación, el compromiso; y de la excelencia de la escuela pública, que puede preparar a los alumnos con los más altos niveles”, destacó el ministro de Educación, Alberto Sileoni, al recibir a los chicos premiados.
Lupia contó que “ahora estamos probando un tratamiento experimental donde les ponemos distintos geles a las plantas y probamos distintos tipos de riegos para mejorar su resistencia al clima. También vamos a hacer un taller para comentarle a la gente lo que hacemos. Queremos que ellos mismos puedan hacerlo”. Con la misma conciencia social, Miriam confesó que “mi idea es seguir estudiando. Me gustaría ser ingeniera y seguir trabajando en proyectos para poder ayudar a toda la sociedad”.
Informe: Gonzalo Olaberría.
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lunes, 5 de mayo de 2014

¿Las lenguas indígenas son eficientes para comunicar?

Cristina Messineo, investigadora de los idiomas originarios en la Argentina

“Es prejuicio decir que las lenguas indígenas no son comunicativamente eficientes”

Pionera en el desarrollo local de la lingüística antropológica, su foco de atención son las lenguas que se hablaban aquí antes de la llegada de los españoles. “Cuando empecé, a los chicos que hablaban una lengua indígena en la escuela les hacían lavar la boca”, dice para recordar que hasta no hace tanto tiempo imperaba lo que llama la “ideología del desprecio”. Las actuales políticas, la tarea de recuperar las lenguas en peligro.

Por Verónica Engler
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Cuando empezó a ocuparse de las lenguas indígenas hace ya tres décadas, quienes se dedicaban a la lingüística antropológica –un campo en el que comulgan varias disciplinas académicas– eran apenas una minoría que se podía contar con los dedos de una mano. Fue en plena primavera alfonsinista cuando, entre otras cuestiones, se empezaba a reconocer positivamente a esas voces silenciadas de la América profunda. Desde entonces, la doctora Cristina Messineo ha recorrido diferentes zonas de la Argentina y países limítrofes para encontrar los sonidos del wichí, del toba, del quechua y del maká, entre otras lenguas. Pero para esta lingüista, un idioma no es un gramática compendiada en un libro, “es la manifestación, la construcción de un individuo, de un grupo, de una identidad. En ese sentido, es un aporte a la riqueza de un territorio, de un pueblo”, sintetiza su visión.
La situación de las lenguas indígenas, la forma de estudiarlas y de incluir a sus hablantes en los proyectos de investigación, las políticas lingüísticas, la ideología del desprecio que imperaba hasta no hace mucho sobre estos idiomas vernáculos, la recuperación de las lenguas que están en peligro y la función social de la ciencia son algunas de las cuestiones que aborda Messineo en la entrevista que sigue.
–¿Cómo empieza a trabajar con las lenguas indígenas desde la lingüística antropológica?–Fue en un momento bastante especial de nuestro país, al inicio de la democracia. Yo me contacté con una profesora de Letras que estaba trabajando con un grupo de antropólogos en el oriente boliviano con una lengua de esa zona. Ella dio un seminario en un instituto de antropología al que yo asistía, en el que hubo una clase abierta que dio ella con un hablante toba. Fue muy interesante porque él enseñó lo que es un consejo qom. Un consejo en realidad es una práctica lingüística comunicativa de los ancianos a los jóvenes, de los padres a los hijos, que regula la conducta de los tobas, pero tiene una forma y una estructura especial. Es el medio o instrumento por excelencia de educación, pero no sólo pedagógico, sino para transmitir los valores culturales, las conductas: qué es lo que se puede comer, qué se debe hacer cuando la persona va al monte a cazar, cómo debe ser el matrimonio. Es un compendio jurídico de toda la cultura. Eso fue lo primero que vi de este idioma. Así es como empecé. Pero en la Facultad de Filosofía y Letras (de la UBA) no hay una especialidad que sea Lingüística antropológica, sino que es un amplio campo de disciplinas. A quienes nos dedicamos a esto lo que nos interesa es relacionar fenómenos de la lengua con la cultura, ver cómo las personas se comportan lingüísticamente.
–¿Cuál es la situación actual de las lenguas indígenas en Argentina?–A partir de los años ’90, de la reforma de la Constitución nacional, lo que se ve es que hay un interés especial desde varios campos, por ejemplo la educación, que ha puesto mucho la mirada en los pueblos y las lenguas indígenas, y la investigación académica también. Antes éramos cuatro o cinco los que investigábamos esto y ahora hay muchos estudiantes y equipos de investigación dedicados a estos temas. En cuanto al número de lenguas indígenas que se hablan hoy en Argentina, la cifra va a depender de qué se denomine lengua, o variedad dialectal, y si se consideran las lenguas de un solo hablante o lenguas cuyos hablantes sólo recuerdan palabras sueltas. Por eso es difícil hablar con números absolutos. Teniendo esto en cuenta, se puede decir que existen catorce lenguas, de unas treinta y cinco que se hablaron en lo que es hoy el territorio argentino antes de la llegada de los españoles a América. Las lenguas son: toba, pilagá, mocoví, wichí, nivaclé, chorote, tapiete, ava-guaraní, mbya, guaraní (familia tupí-guaraní), quechua, tehuelche y mapuche. Gracias a investigaciones recientes, se pueden agregar a la lista las lenguas vilela, considerada extinta desde la década de 1960, y chaná, oculta durante casi doscientos años.
–¿Y en qué estado se encuentran estas lenguas que han sobrevivido?–Hay de todo tipo, hay lenguas que tienen muy pocos hablantes, como el caso del tehuelche. También hay lenguas indígenas que no las habla la población indígena, por ejemplo el quichua santiagueño, la población que la habla es criolla, lo mismo el guaraní, que es una lengua indígena y se habla en todos lados. Desde el punto de vista de sus hablantes hay lenguas indígenas que se hablan cotidianamente y tienen un número importante de hablantes, como el quechua que hablan los bolivianos migrantes a la Argentina, pero también se consideran dentro de las lenguas indígenas que se hablan en el país. Y hay lenguas que tiene un solo hablante, como por ejemplo el vilela, que es una lengua de la región chaqueña, de la que se ha encontrado a un solo hablante. Y también hay grupos indígenas que se reivindican como tales y están buscando su identidad, están tratando de recuperar su idioma, como es el caso del huarpe, que para los científicos había desaparecido en el siglo XVII.
–¿Cómo se recupera una lengua después de tanto tiempo en el que no fue utilizada por hablantes?–Es una pregunta a la que no sé muy bien cómo contestar. Técnicamente no puedo decir cómo se recupera, pero lo importante no es si se recupera técnicamente, sino que es el deseo de los descendientes de huarpe, que intentan recuperar su identidad y con eso su idioma. Quizá recuperan una palabra, dos oraciones o un pequeño texto. Para la antropología lingüística, el idioma no son sólo las palabras, las oraciones o la gramática, el idioma está ligado a un sentimiento de identidad muy profundo, de recuperar el pasado, un pasado que ha sido silenciado, ocultado durante años, durante siglos. No hay un técnica de recuperación, pero cuando hay un deseo, sobre todo de gente joven, descendientes, que hacen el esfuerzo por recuperarlo, eso ya es algo importante.
–En el caso del vilela, que tiene un solo hablante, ¿cómo es una lengua cuyo único hablante no la puede hablar con nadie?–Es muy interesante porque es una lengua sin comunidad lingüística, sin comunidad de habla. Para eso está el trabajo de los lingüistas, es el trabajo de documentación, que es una de las tareas del lingüista. En este caso se trata de documentar una lengua cuyo hablante es un recordante de la lengua, no es un hablante, no se comunica con esa lengua. Y eso es un paso, trabajar con la recuperación de las palabras, de las formas verbales, de textos.
–¿Y ese registro, esa recuperación, es una especie de legado, de objeto museístico?–Yo no trabajo con lenguas en “extremo peligro”, como el vilela. Pero en realidad son lenguas que tienen un solo hablante que no es hablante, sino que recuerda de sus abuelos o de su infancia. Entonces, el trabajo puede ser de dos tipos: o de museo, de archivo y documentación, o puede tener el otro apoyo, que es el de producir material en esa lengua para transmitirlo: por ejemplo, esa persona se lo puede transmitir a sus nietos, y les puede enseñar a los nietos o a los hijos algunas palabras, y eso puede llegar a tener en el futuro cierto efecto. Los idiomas no son meras palabras, sino que conllevan todo un significado y un conocimiento del mundo. Por ejemplo, en el toba, que es una lengua que tiene un número importante de hablantes, hay muchas palabras que refieren a especies naturales, y hay un nombre para un árbol que es el eucalipto, que se llama “domiaGai”. Esta palabra en toba significa “el que zumba”, “el zumbador”, porque en determinada época del año se acerca una especie de abeja que produce una miel especial, y que hace que el árbol zumbe. Ligada a esa palabra hay un montón de conocimiento acerca de la producción de la miel, de la época en que recolecta esa miel. Hay una serie de conocimientos entrelazados que si se pierde la palabra se pierden también.
–Usted investiga el qom l’aqtaqa (lengua toba) desde hace varios años. ¿Qué cuestiones le parecen relevantes o significativas de esta lengua?–A mí siempre me interesó la relación lengua-cultura, poner el foco en ese aspecto. De todos modos, como mi formación es en lingüística, empecé trabajando con la gramática, con los aspectos más formales de la lengua. La perspectiva mía era la de ver cómo funcionaba la gramática con el significado. Porque todos los hallazgos que uno puede hacer en la gramática de una lengua no europea o no de las mayoritarias, pueden aportar a la teoría lingüística general. Y, justamente en ese sentido, las lenguas indígenas de América, sobre todo las latinoamericanas, tienen la particularidad de codificar ciertos aspectos del significado que las lenguas europeas no hacen de la misma manera. Entonces, en ese sentido, se tornan interesantes científicamente. Algunas tienen la particularidad de que en un verbo, además de tener todo lo que tiene un verbo en español, como el tiempo y la persona, codifica si el hablante lo vio o no lo vio, si fue testigo o no, si lo escuchó. Eso es lo que se llama “evidencialidad” en las lenguas, sería como el conocimiento del hablante sobre lo que sucedió, sobre lo que está relatando, la fuente del conocimiento. Eso es algo que en las lenguas europeas no existe codificado en la gramática, uno puede decir “me dijeron que está por llover”, pero la relación entre lo que se dice y el conocimiento de quién lo dice no está en el verbo.
–¿Por qué en el ámbito académico se hace referencia a las lenguas indígenas como lenguas “minorizadas”?–Tiene que ver con una concepción prejuiciosa acerca de que esas lenguas no son comunicativamente eficientes, porque no pueden comunicar conceptos abstractos o teorías, o que no son gramaticalmente completas. Nada de esto es cierto. Está la idea de que son dialectos, que no tienen el status de lengua. Pero en realidad no hay ninguna diferencia lingüística entre dialecto y lengua, es sólo política. Un sociolingüista muy conocido decía que la lengua es un dialecto con ejército, por eso el castellano es una lengua y el chorote es un dialecto. Hay una autora, que se llama Nancy Dorian, que hizo un trabajo interesante sobre ideologías lingüísticas, y habla de la ideología del desprecio, que es una ideología muy europea que vino con la conquista, y que adoptó esa mirada respecto de las lenguas en América. La ideología del desprecio tienen mucho de estos rasgos que comenté: supone que las lenguas indígenas no tienen una gramática, no pueden expresar el conocimiento abstracto, la idea de que si un hablante habla el español y una lengua indígena es nocivo para su aprendizaje, en cambio si habla inglés y español es bárbaro.
–Con la reforma de la Constitución nacional en 1994 parece expresarse un interés desde el Estado de revalorizar las lenguas indígenas y desarrollar una política lingüística más ligada a un bilingüismo vernáculo. ¿Hubo cambios reales en la educación desde entonces? ¿Los maestros y maestras pudieron prepararse para enfrentar esta situación y que no termine siendo un “problema” en clase que el niño o la niña hablen guaraní en su casa?–Creo que hubo cambios. Hay muchas escuelas preparadas. Me dediqué mucho tiempo a este tema de la educación bilingüe intercultural. En este momento no tengo cifras exactas sobre la situación porque no me estoy dedicando a eso, puedo dar una apreciación muy general. Cuando yo empecé, en el año ’89, en lo que fue el Programa Bilingüe Intercultural de la provincia de Chaco, se venía de una época en la que a los chicos que hablaban una lengua indígena en la escuela les hacían lavar la boca o los ponían en penitencia. Ahora ya hay muchas experiencias de educación bilingüe intercultural, mucho camino recorrido, están lo que se llaman “auxiliares docentes”, los maestros indígenas. Antes uno veía que el auxiliar docente barría el patio de la escuela. Creo que ahora hay mucha gente que tiene incluso formación terciaria como maestros, veo que hay un gran avance en la formación de los propios indígenas como maestros.
–¿En qué momento comienza a darse este cambio en la valoración de las lenguas indígenas?–Yo creo que empieza con la democracia, como tantas otras cosas que estaban ocultas, que eran consideradas denigrantes. Estas lenguas eran consideradas como yendo en contra de un proyecto de país que miraba la unidad. Cuando se unifica este país como Estado-nación a lo primero que se hace referencia es al puro idioma español, que no debe mezclarse con esos híbridos dialectos, y ahí también incluían a los dialectos que traían los italianos y los españoles inmigrantes, y a las lenguas indígenas. A partir del comienzo de la democracia, de alguna manera, empieza a romperse ese proyecto tan europeizante.
–Usted realizó un proyecto de investigación colaborativa en la comunidad toba de Derqui (Pilar, provincia de Buenos Aires). ¿Me puede contar qué características tiene una iniciativa de este tipo en la que los propios hablantes nativos colaboran activamente con la investigación?–Es un proyecto que empezó en 2001 y duró hasta 2006. Fue un proyecto que surgió bastante del interés de los científicos e investigadores de volcar o de transferir los conocimientos a una comunidad que recién se estaba organizando. Investigación colaborativa significa que el interés de la investigación se traslada a los propios actores, a los propios hablantes. Ese fue un trabajo muy lento. Cuando yo terminé mi tesis de doctorado, que es una gramática sobre la lengua toba, tuve el impulso de llevar la tesis a la comunidad y ver qué pasaba, qué podíamos hacer en ese lugar donde se estaba nucleando un grupo de gente que venía de distintos lugares del Chaco y que además tenía una problemática muy importante desde el punto de vista lingüístico, que era que los niños ya no hablaban más la lengua nativa, aprendían el español como primera lengua. Y eso es grave, porque el síntoma de que una lengua se pierde es cuando los niños ya no la hablan, cuando los padres ya no la transmiten. Se estaba dando esta situación ahí, yo había escuchado la preocupación de los mayores, de algunos ancianos, y pensé que quizás era un buen momento para empezar a trabajar en este sentido. Una comunidad urbana bilingüe, pero con niños monolingües en español, era una situación muy peculiar, distinto de lo que pasaba en el Chaco, en donde los niños eran monolingües pero en una lengua vernácula. Entonces empezamos unos talleres en los que se incorporaron muchos adultos y adolescentes. Y en esos talleres en realidad empezamos juntos a ver qué podíamos hacer. La primera cuestión que surgió es que querían aprender a hablar mejor el español, para poder desempeñarse mejor en el mundo laboral y educativo. Y mi idea era que eso estaba bien pero que también necesitaban recuperar su idioma, porque eso iba a ser positivo. Esta es una idea que a la gente le costaba entender. Pensaban que aprendiendo en toba se atrasaban en su aprendizaje del español. Pero mi hipótesis era que recuperar el toba también iba a servir para que se afianzara la confianza en uno mismo y fuera posible aprender el otro idioma. Entonces empezamos con los talleres en los que teníamos sesiones de gramática, de relatos sobre la historia, sobre las costumbres, de dramatizaciones de algunas situaciones comunicativas. En un proyecto colaborativo las personas no son estudiadas como objetos, sino que se incorporan a ese interés de la investigación y, justamente, se interesan por su propio idioma, y empiezan a encontrarle la belleza, la estructura, y se interesan en trasmitírselo a sus hijos.
–Y de esa experiencia colaborativa surgió un material que luego publicó el Ministerio de Educación de la Nación, ¿verdad?–Sí, fue muy lindo porque se hizo un acto de presentación en el Palacio Pizzurno, y en el acto estaba el ministro de Educación, que era Daniel Filmus, el director del programa, un anciano toba y yo. Cada uno habló, y fue hermoso porque el ministerio había puesto a disposición micros, y así pudo venir gente de todos lados. La plaza de enfrente del palacio estaba llena de gente qom, que llegaban al ministerio, y se llenó de whipalas, eso fue muy lindo. Otra cosa muy interesante es que una de las personas adultas que venía al taller, con un conocimiento y una sabiduría increíble, empezó a dar clase como maestro de lengua toba en la Facultad de Filosofía y Letras. Se llama Mauricio Maidana. Ahora va a salir un libro que hicimos, que incluye textos de él: Arte Verbal Qom: consejos, rogativas y relatos de El Espinillo (Chaco). Textos bilingües anotados.
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Racismo en Europa

HABLA PAUL LEMMENS, JUEZ DE LA CORTE EUROPEA DE DERECHOS HUMANOS

“El racismo crece en Europa”

De paso por Buenos Aires, el jurista nacido en Bélgica alerta sobre los casos de violencia extrema en el este europeo, hechos que por lo general, señala, son perpetrados en estaciones de policía y centros de detención.

Por Adrián Pérez
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“No se puede irse demasiado lejos con la jurisdicción universal”, opina Lemmens.
La democracia y el respeto por los derechos humanos atraviesan una crisis en el Viejo Continente que no encuentra antecedentes desde el final de la Guerra Fría. Ese fue el diagnóstico presentado por el Consejo de Europa en su último informe del mes pasado, donde señala además que la anexión rusa de la península de Crimea generó un punto de inestabilidad en la región. Página/12 conversó sobre este y otros temas con Paul Lemmens, juez de la Corte Europea de Derechos Humanos que visitó Buenos Aires esta semana, invitado por el Centro Internacional de Estudios Políticos de la Universidad de San Martín para disertar sobre el rol y los desafíos que ese Tribunal Supremo tiene por delante en una Europa en transformación.
Lemmens se desempeña como magistrado de la Corte hace año y medio. Desde ese tiempo a esta parte, lo que más llamó su atención fueron los casos de violencia extrema en el este europeo; hechos que por lo general, señala, son perpetrados en estaciones de policía y centros de detención. “No estoy diciendo que ocurran todos los días, que estos actos de violencia sean endémicos o habituales –advierte el jurista belga–. Pero lo característico es que son continuados por una acción de encubrimiento para evitar que se establezca qué fue lo que ocurrió”, completa.
Consultado sobre esos casos, el juez recuerda el calvario que un grupo de presos vivió por demandar mejores condiciones de encierro. Con la orden del gobierno de sofocar la protesta, las autoridades penitenciarias convocaron a los líderes de la revuelta a un encuentro donde discutirían sus reclamos. Una vez que los referentes se reunieron en una habitación, los encargados de la prisión llamaron al ejército. Después de torturarlos, los militares trasladaron a los prisioneros a otro sitio donde oficiales de seguridad esperaban para continuar con el castigo. Allí fueron obligados a firmar una declaración: el texto establecía que, aunque habían sido golpeados y maltratados, los detenidos merecían ese tratamiento.
Quienes encabezaron la protesta fueron enviados más tarde a distintas prisiones. De esa forma, las autoridades daban por resuelto el problema y se aseguraban de que los presos no volvieran a hablar del asunto. Pero los detenidos, a medida que recuperaron la libertad, se asesoraron con abogados que reconstruyeron los hechos. Luego de ser debatido en la Justicia local sin que ningún funcionario terminara procesado, el caso fue tratado en la Corte Europea de Derechos Humanos. Finalmente, el gobierno negó las torturas. Este diario pregunta el nombre y la ubicación de la prisión. Lemmens ensaya una sonrisa nerviosa. Hace lo posible por no dar referencias de los acontecimientos. Finalmente, cuenta que las torturas sucedieron en una cárcel ucraniana, hace cinco o diez años.
–A propósito, ¿cómo analiza la actual situación en Ucrania?
–El conflicto que atraviesa este país no sólo se vincula con la violación de derechos humanos; se relaciona también con la soberanía de los Estados. Hay un elemento que sí tiene que ver con los derechos humanos y es cómo se trata a las minorías. El secretario general del Consejo de Europa, Thorbjorn Jagland, señaló recientemente que lo que ocurre en Ucrania refleja lo que pasa cuando no se protege a todas las personas, incluyendo las minorías.
–Además de la discriminación de esos sectores y las condiciones de detención en las cárceles, el Consejo europeo mostró su preocupación por los altos niveles de corrupción, el funcionamiento y organización del sistema judicial. ¿Cómo pueden atacarse esos problemas?
–Quizás estas cuestiones requieran una aproximación política. Son 47 los Estados miembro del Consejo de Europa y no todos tienen la misma posición. La Corte Europea no está involucrada en la resolución inmediata de los problemas. Por las características de su jurisdicción, estas cuestiones le llegan años después de que sucedieron los hechos. Antes hay que agotar las instancias internas en cada Estado. En la base del conflicto ucraniano hay una situación de tipo económico y, cuando esto pasa, las personas comienzan a reclamar.
–Entre otras acciones, usted participó del Panel Asesor de Derechos Humanos de Naciones Unidas en Kosovo. ¿Cómo recuerda esa experiencia?
–En ese panel recibimos quejas contra Naciones Unidas por su intervención en Kosovo. Examinamos situaciones que tuvieron lugar entre 2006 y 2008.
–¿A quién iban dirigidas esas denuncias?
–Fueron presentadas contra la administración civil que desempeñaba Naciones Unidas. Durante esos años se recibieron quejas de personas que habían abandonado el país: las denuncias giraban en torno de la falta de respuesta por la desaparición de sus familiares durante la guerra, y al finalizar el conflicto, porque Naciones Unidas no logró llevar adelante investigaciones eficaces.
–¿Qué respuesta ensayó el Estado kosovar ante esas quejas?
–La semana pasada, el Parlamento de Kosovo adoptó una ley brindando su acuerdo para la creación de un Tribunal Internacional Penal, sobre responsabilidad individual, donde se juzguen estos crímenes. Luego debería ser implementado por la Unión Europea. En las opiniones del panel en el que participé aparecen consignados hechos que van a ser valiosos para este tribunal al momento de estudiar los casos.
–Tiempo atrás estuvo la posibilidad, mientras se discutía el juzgamiento de los crímenes cometidos en la ex Yugoslavia, de gestar un tribunal con esas características. Sin embargo, esa experiencia naufragó.
–Ese intento no fue exitoso porque los testigos que dieron testimonios valiosos fueron asesinados. La idea ahora es crear un tribunal con un buen sistema de protección de testigos para obtener información detallada. Los testigos no van a ser escuchados en Kosovo sino en otra jurisdicción, probablemente en La Haya.
–¿Qué otros desafíos en materia de derechos humanos avizora en Europa?
–La discriminación y el racismo son fenómenos crecientes y preocupantes en toda la región.
–¿Cuál es su análisis sobre el alcance de la Justicia universal en España?
–Bélgica tuvo una legislación que ampliaba la jurisdicción de una forma mayor que la existente en España. Con el tiempo fue abolida porque, a nivel político, daba la sensación de que podían juzgarse todos los crímenes de la humanidad. No puede irse demasiado lejos con la jurisdicción universal, sino que debe haber una vinculación clara entre los países involucrados.
–Los crímenes del franquismo no son investigados en España.
–La pregunta es en qué medida les concierne a otros Estados involucrarse en la investigación de los crímenes que ocurrieron en España. ¿A Bélgica le correspondería implicarse en la resolución de esos delitos?
–¿Usted qué opina?
–Sí hay un rol en la medida en que las víctimas estén involucradas con otro país, no por el mero hecho de que residan en otro país. Las víctimas pueden presentar sus denuncias ante el sistema europeo de derechos humanos en el sentido de que España no haya investigado crímenes, no necesariamente delitos de la época del franquismo, que en realidad preceden la adopción de la Convención Europea de Derechos Humanos.
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domingo, 27 de abril de 2014

Segregación en el Imperio

La raza importa: el regreso de la segregación en la educación pública estadounidense

Publicado el 25 de abril de 2014
Amy Goodman y Denis Moynihan
“Segregación hoy, segregación mañana, segregación por siempre”, proclamó George Wallace, Gobernador de Alabama, hace más de cincuenta años. Su retórica racista, de la que se enorgullecía, fue acompañada de una gran variedad de actos atroces: homicidios, linchamientos y violencia sistémica contra afroestadounidenses y quienes luchaban por los derechos civiles, a menudo cometidos con el apoyo de los gobiernos locales y estatales o incluso organizados por ellos. A pesar de ello, la lucha por la igualdad venció y logró victorias como la aprobación de la Ley de Derechos Civiles de 1964, la Ley de Derecho al Voto de 1965, la acción afirmativa y la integración en las escuelas por orden judicial. Sin embargo, tras el fallo de esta semana de la Corte Suprema en apoyo a la prohibición de la acción afirmativa en la admisión a las universidades estatales de Michigan, y debido a la nueva ola de segregación en las escuelas, el sueño de Wallace de la “segregación por siempre” parece estar más vivo que nunca.
Nikole Hannah-Jones se dedica al periodismo de investigación y trabaja para la organización de noticias sin fines de lucro ProPublica. Acaba de publicar un artículo de 9.000 palabras, en el que trabajó durante un año, acerca del regreso de la segregación en las escuelas públicas de Tuscaloosa, Alabama. Este excelente informe denominado “Segregación hoy”, observa que: “En Tuscaloosa, hoy en día, prácticamente uno de cada tres estudiantes negros asisten a escuelas en las que da la impresión de que el fallo Brown contra el Consejo de Educación nunca hubiese ocurrido”. Este fallo, emitido en mayo de 1954 por la Corte Suprema, agrupó varios juicios pendientes (todos presentados por la Asociación Estadounidense por el Progreso de la Gente de Color, NAACP) en contra de la segregación racial en las escuelas. El entonces Presidente de la Corte Suprema, Earl Warren, fue el autor del fallo que contó con el apoyo unánime de todos los magistrados del máximo tribunal, y que expresaba: “Concluimos que en el ámbito de la educación pública, la doctrina de ‘separados pero iguales’ no tiene cabida. La existencia de centros educativos separados por raza es inherentemente desigual”.
El artículo de Hannah-Jones cuenta la historia del proceso de desegregación en Tuscaloosa a través de la mirada de tres generaciones de la familia Dent. James Dent se crió en Jim Crow, Alabama y nunca compartió el aula con alumnos blancos. Su hija, Melissa, asistió por primera vez a una escuela interracial recién en la secundaria, en 1980. Le llevó décadas a Tuscaloosa poner fin a la segregación y lo logró únicamente luego de que se emitieran órdenes judiciales adicionales. Las dos escuelas secundarias públicas de la ciudad se unieron para formar una sola institución, llamada Central High School, que se convirtió en un símbolo de excelencia a nivel estatal, tanto desde el punto de vista académico como deportivo. Melissa se convirtió en la primera integrante de su familia en graduarse de la universidad.
Sin embargo, esta época dorada sin segregación racial no duraría mucho. “Tuscaloosa se ha convertido en uno de los distritos escolares del país donde la segregación volvió a instalarse más rápidamente”, explicó Hanna-Jones en el programa “Democracy Now!”. Y añadió: “En 2000, cuando un juez federal dejó sin efecto la orden judicial anti-segregacionista en Tuscaloosa, el Consejo de Educación decidió de inmediato dividir la secundaria Central [High School]. Central se había creado mediante una orden judicial. En 1979, 25 años después del fallo del caso Brown, Tuscaloosa aún tenía prácticamente una secundaria para alumnos negros y otra para blancos. De modo que un tribunal obligó a que se fusionaran ambas secundarias y así se creó la secundaria Central. De hecho, fue una historia exitosa de integración racial en las escuelas, pero por temor al éxodo de la población blanca, el Consejo de Educación votó en el año 2000 volver a dividir y separar esa escuela y crearon tres escuelas: dos interraciales y una exclusiva para estudiantes de raza negra”. He aquí su gran descubrimiento: un nuevo tipo de segregación. A pesar de que en Tuscaloosa no hay escuelas “solo para estudiantes blancos”, como solían existir hasta 1979, ahora hay una secundaria “solo para estudiantes negros”, la nueva Central High School. “Lo irónico es que la secundaria Central High School está ubicada en un barrio interracial. Sin embargo, se manipuló la división de los distritos de manera tal que obliga a los estudiantes blancos que viven frente a la escuela Central a asistir a una escuela interracial situada más lejos, mientras que se creó la nueva escuela Central solo para alumnos negros a través del trazado intencional de los límites de los distritos”.
El problema no se reduce al sur profundo de Estados Unidos. El proyecto de derechos civiles de la Universidad de California-Los Ángeles, la UCLA, ha hecho un seguimiento de las tendencias a nivel nacional. Sorprendentemente, descubrió que “En el estado de Nueva York se encuentran las escuelas donde existe la mayor segregación del país. La ciudad de Nueva York afecta considerablemente la posición del estado, ya que tiene uno de los sistemas de educación pública más grandes y más segregados del país”. El informe de la UCLA utiliza varias veces un término que actualmente es habitual en los círculos académicos que estudian los nuevos tipos de segregación: “las escuelas apartheid”, es decir, aquellas escuelas que tienen menos de un 1% de alumnos blancos matriculados. El informe agrega que: “En 2010, en toda la ciudad de Nueva York, un 73% de las escuelas chárter (escuelas de gestión privada que se financian con fondos públicos) fueron consideradas escuelas apartheid y un 90% fueron consideradas como escuelas con un alto nivel de segregación (menos de un 10% de alumnos blancos matriculados)”.
La decisión de la Corte Suprema de esta semana profundizará sin duda la tendencia de la nueva ola de segregación, tanto en las escuelas secundarias como en las universidades. La decisión, que tuvo 6 votos a favor y dos en contra, ratifica la prohibición que rige en Michigan de aplicar la política de la acción afirmativa por motivos raciales en la admisión a las universidades estatales. El Presidente de la Corte Suprema, John Roberts, expresó su opinión acerca del racismo en 2007 cuando realizó la siguiente declaración polémica: “La forma de poner fin a la discriminación por motivos raciales es dejar de discriminar por motivos raciales”. La magistrada Sonia Sotomayor, al emitir su voto en contra de la mayoría de la Corte, escribió: “Mis colegas opinan que deberíamos dejar a la raza fuera de la discusión y permitir que los votantes lo resuelvan. …Es una opinión totalmente fuera de la realidad”.
La realidad es que la discriminación racial y la segregación van de la mano. Es probable que el racismo no se propague desde el estrado de un Gobernador, como ocurrió en 1963 con George Wallace, pero un país racialmente dividido nunca logrará ser igualitario.

© 2014 Amy Goodman
Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta yDemocracy Now! en español, spanish@democracynow.org

viernes, 25 de abril de 2014

Los años setenta de la gente común

"Apuntes sobre 'Los años setenta de la gente común'" por Martín Rodriguez

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24/04/2014 13:18
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Comparto este post originariamente publicado en Panamá donde martín rodriguez refiere el libro de sebastián carassai "los años setenta de la gente común", uno de los libros que estoy leyendo en la actualidad y por una cuestión arbitraria (mundo parió es mi blog, qué tanto!) lo publico en este momento porque es un libro más que interesante (su enfoque, su método de estudio) y porque martín rodriguez es un crack escribiendo. salute APUNTES SOBRE "LOS AÑOS SETENTA DE LA GENTE COMÚN"imagePor Martín RodríguezSebastián Carassai es autor de un libro cuyo título dice todo: "Los años setenta de la gente común" (Siglo XXI, 2013). Sin embargo en todo el libro no vuelve a nombrar literalmente a la "gente común". En un principio, se trata de entrevista a personas que organizan también la investigación en puntos cardinales (Santa Fe, Tucumán, Buenos Aires) para que el texto tenga amplitud territorial. Sinteticemos su título más a gusto: es un libro sobre la clase media no politizada durante los años 70; donde da por hecho, sin emitir juicios apresurados, algunos rasgos de esa relación entre clase media y política: la militancia era una minoría, la mayoría de esa clase no era militante y seguía siendo, en esencia, anti peronista. ...En la investigación se confirman hipótesis, prejuicios, desconciertos, todo lo que suele rodear a la "clase media" en cualquier análisis, sus contradicciones flagrantes, versiones de los hechos que forman un archipiélago de confusiones. Es gente que habla de historia sin la línea de tiempo reconstruida por la educación democrática. ¿Qué busca el libro? Digámoslo sencillo: la violencia. La vieja violencia partera de los años 70. Una violencia que no es la violencia del presente, que no es la violencia social de estos años. Y más aún, lo que el libro busca es la "naturalización de la violencia" (tal como dice el subtítulo del libro), porque ?según el autor- se trata de una violencia que aparece en dos sentidos: en la superficie de un discurso de rechazo a la violencia política, y también como una violencia que no "se sabe que se tiene", es decir, la violencia en el lenguaje, en las imágenes, en las ansiedades de los que esperan cambios "irreversibles", etc. No se trata de la imagen de una sociedad paralizada frente a la acción de unas "patrullas perdidas", tal como se suelen algunos presentar desde el "escándalo del presente" la retrospectiva de esos años. Carassai se concentra en la "violencia" no para darle su perímetro exclusivo y político sino, también, para mostrar su circulación, sus lazos, sus lenguajes. Dice Carassai: "Más lejos o más cerca del protagonismo histórico, militantes y no militantes de las clases medias tendieron a coincidir con cúpulas militares y con los grupos guerrilleros en una creencia, basada menos en el contenido que en la forma, fundada en el rechazo a procesos paulatinos y en la fe en acciones extraordinarias, en acontecimientos que, como un rayo, partieran en dos la historia."Carassai además de las entrevistas también analiza publicidades de la época, programas de televisión, revistas, encuestas y una cantidad de material que ayuda a desmitificar las distancias, solidaridades o críticas en torno a la violencia política de esos años: ¿de verdad hubo apoyo a la guerrilla?, ¿cuál era el consenso sobre las dictaduras?, ¿cuánta clase media estaba politizada? Así avanza su desmalezamiento por el viejo campo de batalla.... Lo primero que hay que aceptar, como pacto de lectura con el libro, es que se habla de "violencia" sin usos ni abusos. Su tono no es moral, es apenas distante. No objetiva la violencia como si fuera una metafísica que se abstrae de lo que ella significa como instrumento de la política. No está deshistorizada, en tal caso, la violencia aparece como una materialidad concreta. Diríamos: es algo que está "en el medio" de esa sociedad. Dice: "En lo que refiere a la ética, puede pensarse que durante los años setenta la violencia devino un lazo social, por paradójico que parezca. (...) Que la violencia haya ocupado un lugar relevante en los consumos culturales orientados hacia los sectores medios no hace a estos más ni menos violentos. Indica, en cambio, hasta qué punto una comunidad había incorporado a su habitus la violencia como una curiosa forma de sociabilidad." Para ilustrar esta percepción en el libro aparecen fotos de notas a Carlos Monzón o al Beto Alonso donde a los fotógrafos casuales se les ocurrió retratarlos con rifles en la mano.El repaso sobre las publicidades entiende que en muchas de ellas "traducían al lenguaje del consumo transformaciones culturales y fantasías sociales". Dice Carassai: "Durante los primeros años de la década de los setenta, adquirió popularidad una motocicleta lanzada por la empresa Gilera Argentina `creada para gente de hoy'. El anuncio que la promocionaba exhibía en primer plano el ciclomotor, y detrás una mujer que apuntaba hacia el frente con un revolver. La leyenda indicaba que la motocicleta SP 70 era la `única con permiso para disparar...' y entre paréntesis agregaba `¡y cómo!'." Añade más adelante: "la sensualidad y la violencia connotaron a la vez seducción y muerte. Las armas potenciaban el carácter seductor de las mujeres al mismo tiempo que la belleza de las segundas dulcificaba la crueldad de las primeras. En sintonía con el resto de los artefactos considerados en este capítulo, deseo y violencia aparecían como un binomio de términos no sólo compatibles sino también complementarios. La violencia de la belleza era simultáneamente la belleza de la violencia."El libro, incluso justamente en éste capítulo (Deseo y violencia ), roza pero no abusa del psicologismo para analizar ese tiempo y las conductas sociales. El rechazo de sectores de la clase media sobre quienes proponían la lucha armada no excluye el análisis de la existencia de un deseo (¿violento?) de cambio. En definitiva, más allá de las manifestaciones concretas de apoyo o rechazo a tal o cual opción política, el libro contribuye a mostrar un terreno donde la violencia no es estricta y excluyentemente una propiedad de la política de "unos y otros". La campaña universitaria de la Juventud Radical Revolucionaria (opción de izquierda no armada del partido radical) tenía una consigna en 1973: "El cambio en paz... ¡o como sea!".En los monólogos analizados del personaje de la novela Rolando Rivas Taxista aparece el centro de un cuestionamiento moral a la violencia de la época. Rolando es un trabajador argentino que vive para su familia y sufre la vida guerrillera de su hermano Quique, con los riesgos y el alejamiento afectivo que envuelven su vida clandestina. Lo que en la exitosa ficción el taxista cuestiona en su hermano Quique ?dice bien Carassai? no es político, sino moral. Carassai arriesga que el problema de eso que se llama clase media, de eso que es la clase media, o de eso que está en la clase media, no es una determinada ideología política siempre, sino la presencia de un discurso moral que patenta la normalidad argentina, el equilibrio familiar, la preponderancia del esfuerzo individual (el "no se lo debe a nadie") por sobre la política. Si eso "es" la clase media también ese "es" su discurso de proyección, porque ese discurso tiene raíces populares más amplias. La moralidad aparece como terreno pre-político. Y cuando pensamos en la "normalidad" no pensamos sólo en los términos de un orden aburrido o conservador, sino en la expectativa social de ser feliz, de progresar. La felicidad es una de las formas de nombrar eso mismo. Digámoslo así: lo que la gente "normal" desea es la felicidad y eso es una excepción, es un deseo de progreso que no se alcanza solo pero cuya expresión e imaginario están desenganchados colectivamente. Son discursos defensivos e individuales cuyo horizonte debería ser de conquistas colectivas pero que aparece arrebatado ese espacio común por la política.El libro da cuenta de muchos discursos simultáneos (más o menos politizados, de Tato Bores a Rolando Rivas) sobre la ruptura de parámetros que justamente siguen funcionando como mano invisible de la sociabilidad. Muchos materiales del libro especifican ese deseo de "de casa al trabajo y del trabajo a casa". Y si en el imaginario del justicialismo el trabajador silvestre es el que "nunca hizo política, siempre fue peronista", lo que trabaja Carassai es la identidad de clase del que "tampoco hizo política, siempre fue radical" (o desarrollista, si más sofisticado; o socialista, si más romántico). Una identidad laica que, medida voto a voto, es una minoría, pero medida en su proyección cultural trasciende el número e instala un sentido común. ¿El peronismo no contuvo también mayoritariamente un discurso "así"? Acaso no toda política es política del orden, pero toda política está obligada a relacionarse inteligentemente con ese deseo de felicidad. Todas las tensiones políticas son, lo son, para imponer versiones de un orden justo. Puede ser un deseo más social, puede ser un deseo más policial. Vaya si el peronismo no supo hacer las dos cosas a la vez muchas veces.Por último, la investigación registra un dato esencial: la extinción de toda violencia en los discursos y las publicidades privadas a partir de 1976. El monopolio de la violencia del Estado alcanza todas las esferas. El Proceso recupera las armas para el Estado. De la bella rubia que posa con un rifle en el bosque al tanque de la DGI. ... ¿Qué hace a este libro importante? Si me tomara a mí mismo como un biotipo generacional diría: porque este es el libro que no leí . El relato de los años 70 está dominado por quienes lo pueden recordar a la altura de su tragedia. El relato es fundador de una sangre azul: las víctimas, los militantes, los familiares de las víctimas, los sobrevivientes, los ex presos, ex detenidos, ex. Contrario a lo que se supone de un tiempo que conmovió toda la estructura social argentina, el arco de los habilitados para hablar se fue angostando cada vez más hasta delimitarse en voces autorizadas. La memoria es una alta cultura de prestigios. Y ese límite no lo inventó el kirchnerismo. ¿Cuántas veces para inhabilitar su política de derechos humanos se utilizó ese recurso meritocrático que suponía que si Néstor Kirchner no había estado detenido o no había sido abogado de presos políticos, entonces no podía asumir esa política? A su pertenencia a la Juventud Peronista le faltaban pruebas de sangre, se decía. En la Argentina democrática la sangre derramada es una visa dorada. Los discursos "moderadores" de Fernández Meijide o Norma Morandini abusan también de esa misma "autoridad" papal. Carassai decide escuchar e intenta comprender eso que ya nadie escucha, esos discursos sueltos, hilachas, balbuceos del sentido común, guarangos no catequizados por la modernidad, víctimas predilectas de la televisión educativa de los productos de Diego Gvirtz. Las voces de los cacerolazos, de los que no fueron nunca a la plaza, de los testigos silenciosos de la historia que hacen "otros". Ese fenómeno que el 2001 también mostró: poner en la escena pública lo más privado, cuando irrumpió el ahorrista, el cacerolero, un energúmenos ciudadano sin los protocolos de izquierda o populares para ocupar el "espacio público". El que marcha por la inseguridad. Carassai viaja hacia ese fondo de cocina argentina de teorías maniqueas, autoindulgentes, pero que también son fundiciones de algunos grados de verdad que explican lapsos de gobernabilidad dura. ¿Qué le queda, qué se lleva, dónde se alojan las esquirlas de tanta historia argentina en esa "gente común"? ¿Hay "núcleos de buen sentido" en esos abanicos del sentido común? ¿Qué pensaban, qué deseaban, qué sentían? ¿Y qué piensan hoy? ¿Cambiaron? ¿Funcionó la pedagogía progresista en la mayoría no politizada, no militante? La "gente común" es el problema de la Historia, de los que escriben la historia, de los vencidos. Porque se parte además del terreno de la duda: ¿había gente común? Carassai escribe un libro que constata en primer plano la existencia de "esa" gente. Habla con ellos. Escucha....¿Y cuáles son los ciclos discursivos sobre el pasado desde 1983?El alfonsinismo recupera el pasado y a las víctimas por lo universal que tienen. Quizás fueron "culpables", "terroristas", pero no se respetó su humanidad. No tuvieron derechos. De la teoría de los dos demonios (que supone equiparar las violencias terroristas) siempre se omite que se habla del terrorismo de Estado aún como uno peor y que en esos años se elaboró un discurso de víctimas que no omitían pero sí atenuaban su identidad política. "La noche de los Lápices" es el espejo de "Los chicos de la guerra". Eran adultos para los parámetros de una "nación en armas", pero para un orden civil a construirse eran carne de cañón, y se necesitaba la sangre de cordero joven e inocente que permitiera la condena doble entre los que los secuestraron y torturaron y entre quienes los "enviaron al matadero".Los años 90 recuperan con más potencia la particularidad de las víctimas contra la voluntad pacificadora y el manto de olvido de la política estatal de Menem; un político peronista que oscilaba entre mostrarse como Mandela (diciendo: ¡yo fui preso!) y asumir como propias las razones de Videla (reivindicar a los vencedores). Los tomos de La Voluntad (de Eduardo Anguita y Martín Caparrós) son el registro promedio de esa contracultura hegemónica: ya no importa tanto la humanidad universal y abstracta de las víctimas, ni su "inocencia juvenil" (los "perejiles"), sino su identidad política, por ende, el proyecto político por el que murieron. Había una "humanización" del militante, una revisión crítica de sus opciones, y una indagación del contenido político de sus causas en la Argentina de la crisis y de un orden democrático que parecía cada vez más hijo del 24/03/76 que del 10/12/83. Esto también habilitó el inicio en aquellos años de una discusión crítica sobre la política armada: no eran cuerpos atados a una mesa de torturas en un sótano estatal sino sujetos políticos.En la tercera década democrática el kirchnerismo asume desde el Estado las identidades de las víctimas. La Voluntad de las víctimas. Asume en nombre del Estado la cultura de los vencidos. Recorre un camino simbólico oficial que reivindica políticamente la causa de las víctimas eliminando cualquier posible equiparación entre lucha armada y terrorismo de estado. La voz del Estado ahora son las voces de las madres. Lo que hace más difícil cualquier discusión sobre la política y las responsabilidades de esos años. Curioso si se piensa que, por el contrario, la existencia de la justicia alivia y libera la posibilidad de una conciencia crítica. A la vez, consolidó la idea de complicidad civil, económica, empresaria, periodística, clerical... Que "eso" que fue la dictadura no entre en 140 caracteres: de movida, y para siempre, se dice que fue una dictadura "cívico-militar". La década kirchnerista avanza sobre la naturaleza política del Proceso. La vieja imagen jurásica de la dictadura se actualiza con otros actores de la vida civil. Se trocó el prólogo del Nunca Más: de Sábato a Walsh. De los "dos demonios" a la Carta Abierta.Salvo en alguna trasnoche de Menem, la exclusión de los vencedores fue unánime. Al menos los vencedores militares y políticos. El kirchnerismo es el Estado de los vencidos: de los desaparecidos, de las minorías, de los derrotados. En ese sentido el kirchnerismo pone más en tensión la relación de la sociedad con los derechos humanos, porque levanta el manto de "inocencia" y se aleja del punto medio, de la "mayoría silenciosa". El "show del horror" de la primavera radical (como Fogwill llamaba al amarillismo sobre la represión ilegal, sobre la psicología de los torturadores, etc.) permitía una asimilación de buenos y malos, lobos y corderos, sádicos y víctimas, donde alguien (no importa quién, no importa por qué) llegaba a un centro de detención, y ahí se abría el capítulo de un nuevo Matadero: la sociedad podía decir que no aceptaba la metodología del terror de Estado independientemente de sobre quién se aplicaba. Juzgar la historia por sus medios fue la opción de recuperación democrática, lo que logró consensos mayoritarios que implicaban la solidaridad de quienes a la hora de juzgar los "fines" se hubieran extrañado. Pero la justicia y la Historia se relacionan así: hasta un punto. Para los años 80 la lectura era la de una identificación con las víctimas de la represión ilegal. El consenso de los años 80 decía que el círculo abierto por el Proceso del "por algo será", tenía su reformulación cívica en un "no importa ese 'algo', se merecían el estado de derecho aunque fueran terroristas". Pero el kirchnerismo hace explícito y oficial ese "algo". El kirchnerismo te cuenta el "algo" del "por algo será" o del "algo habrán hecho". Es un discurso sobre los años 70 que no refina el sentido común, ni el extrañamiento frente al horror, y que no imagina una sociedad inocente. Por otro lado, la crisis de 2001 hizo inevitable una lectura económica de la historia: fracasó lo que empezó en 1976. Eso se fue abriendo en la conceptualización definitiva de un ciclo adverso de la vida económica y social del país: el "neoliberalismo" de 1976 a 2001. ...¿Quién quiere a la clase media?También sabemos que de esa misma clase surgen los sujetos radicalizados. Los universitarios del entrismo. Muchos que hacen Historia. Y también sabemos que ese mismo origen de clase es el que los desacredita: el que los volvió "menos peronistas" o "izquierdistas de café" a ojos siempre de una interpelación esencialista o auténtica. La clase media está en el intríngulis de todos los imaginarios: debe dejar al peronismo en paz porque es de los obreros, a la izquierda clasista en paz porque no pertenece a la clase, al populismo en paz porque ya tiene lo que desea, no debe golpear las puertas de los cuarteles porque es minoría, y así, en el trasfondo, en muchos imaginarios es una clase mutilada. Por izquierda nadie quiere ser de clase media. Aparece al lado del camino, representada como los sujetos de un No Lugar que piden que no haya Historia, es decir, que no haya revoluciones o lucha de clases, y que si se meten en las revoluciones o luchas de clases son extraterrestres. Lo cierto es que es en esa clase donde aparece sellado un pacto social, el de los que dicen que quieren "normalidad". Una vida entregada a las metas individuales, con un Estado lo más justo y a la vez lo menos molesto posible. Ahora, ¿existió esa normalidad alguna vez? En la Argentina todos desean un pasado de armonía que siempre "está más atrás", que no se sabe cuándo ocurrió, bíblico. ¿Fue durante el gobierno de Marcelo T. de Alvear? ¿El primer gobierno de Juan Perón? ¿Un mes de Frondizi? ¿Una semana de Illia? ¿El primer mes de Onganía? Ahora, en el presente, el punto ciego de este discurso anti clase media es la dictadura. La clase media trabajadora, cuentapropista, profesional y despolitizada, tiene en esos años ?se supone- su fábula del orden....En las mil ecualizaciones que registra este libro-antena de Sebastián Carassai, surge en el centro, quizás, su pregunta: ¿qué construyó el orden del Proceso? ¿No es justamente "esto", en nombre de "esto", que se construyó ese gobierno militar? No es el orden para la "gente normal". No es volver a distanciar la política, el Estado, sus excesos benefactores, de la gente. Y, a la vez, ¿no fue durante el Proceso el momento histórico en donde el Estado ?bajo una de sus formas, la más primaria, la del punto de partida weberiano (Estado reducido al monopolio de la violencia) ? se hizo más presente que nunca? ¿Volvió a haber tanto Estado como en la dictadura militar alguna vez? Estado cuerpo a cuerpo.Pero el espectáculo de esa dictadura fue el orden, el silencio, y no la violencia. La tecnología de la dictadura fue la invisibilidad de la violencia. Independientemente de los controles, de la presencia policial, de las razias, de la censura, del ojo en todos lados. Porque esa fue su rutina política: un teatro de represión explícita del que no dependía exactamente el éxito de su "guerra sucia contra la sociedad". El éxito dependía de la capacidad de ser invisible y clandestino, a la vez que sostener su desfile prusiano donde se cantaban las victorias que no se veían, los campos de batalla intangibles. Teatro del Estado + mano invisible de la represión. La tortura era el arma, y la tortura no se muestra nunca. La dictadura aparece como un pacto (de silencio) social: un "algo habrá hecho" el Estado. Complicidad, sobrevivencia, prudencia, miedo, aparecen en los relatos como sentimientos o percepciones confundidas pero que se distancian lo más que pueden de la política, de los hechos, bajo los paraguas que siempre se repiten ("por algo será"), y es lo que Carassai llama el "Estado supuesto saber", lo que supone para el civil que el Estado sabe por qué hace lo que hace, y que saber que el Estado sabe por qué lo hace (aunque no se sepa, ni se quiera saber, ni se quiera decir, qué es lo que hace) alcanza. Carassai dice bien esto, lo llama: "una superstición civil". Vivo mi vida sabiendo que hay un Estado que sabe por qué hace las cosas que hace. Y donde los límites de la sociabilidad, retirada la política de la escena, vuelven a ser claros. Todo Estado, así, parece tener en el centro un corazón militar donde anidan razones inaccesibles. La masa rodea a los legales que portan las armas. Carassai se asoma al misterio: el Estado es una superstición. Viene del fondo de los tiempos, con ruido de corceles y de aceros. No sabemos, pero sabemos que el Estado sabe. Porque la pregunta también es: ¿cuánto SABE una sociedad? ¿Cuánto soporta saber? ¿Dónde está el basural adonde manda lo que no puede asumir que sabe, lo que sabe pero también sabe "no puede hacer nada"? ¿Qué hago con esto que sé? La dictadura se muestra mucho más en lo que une aquellos años a la sociedad y al Estado que en lo que la sociedad o el pueblo "resisten". No es que no haya habido resistencias, Madres de Plaza de Mayo, APDH o la CGT de Ubaldini, pero en esos años se tramó algo que las historias épicas no nos explican: el pacto de silencio del pacto social. Lo que se sabía, lo que se aceptaba, lo que se callaba, lo que no se sabía tanto, y así, versiones que rodean una pregunta mayor: ¿qué se podía hacer si además eso que ocurría me convenía, me beneficiaba, me devolvía certezas mínimas para la vida? La dictadura vuelve a fojas cero una imagen de la civilización moderna: la gente está sola frente al Estado (que mata). Los mil runrunes que oímos de la "gente normal" son las mil formas de adaptación, de supervivencia, de complicidad con un Estado que se reconstruye desde su principio: desde la violencia. Desde toda la violencia que sea posible. Desde todas las formas de violencia que ni siquiera reconocen los límites legales que el mismo Estado fija. Pero oímos estas voces, estas versiones vidriosas de los años mitológicos, las oímos aún en el viento, las oímos en algo más que el perímetro de la clase media, las oímos también con igual fuerza llegar desde todas las clases, las oímos y también decimos "¡Pueblo Argentino, Salud!". Carassai busca en las voces de esos paisanos blancos un hilo posible, la entonación de una moral de fondo donde se dice todo: ¡sabíamos demasiado!, ¡no queríamos saber!, ¡no supimos!, ¡no supimos qué hacer con eso que quisimos que se haga! Un ciclo que va desde la violencia aceptada como habitus al monopolio definitivo que impuso la dictadura y que sentó las bases civiles del futuro orden democrático: sólo el Estado ( ese Estado) es la Nación en armas. Por suerte la democracia no cumplió la otra mitad: el desarme ideológico. El juego en que andamos.

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Hemeroteca Digital Brasileña

Hemeroteca Digital Brasileña

Río de Janeiro. La Fundação Biblioteca Nacional pone a disposición de sus usuarios la Hemeroteca Digital Brasileña, un portal de periódicos nacionales (diarios, revistas y publicaciones seriadas) para ser consultado por internet. En ella, investigadores de cualquier parte del mundo pueden tener acceso libre y gratuito a títulos que incluyen desde los primeros diarios creados en el país –como el Correio Braziliense y la Gazeta do Rio de Janeiro, ambos fundados en 1808- a diarios desaparecidos en el siglo XX, como el Diário Carioca y el Correio da Manhã, o que ya no circulan en forma impresa, como el Jornal do Brasil.

Entre las publicaciones más antiguas y raras del siglo XIX se encuentran, por ejemplo, O Espelho, Reverbero Constitucional Fluminense, O Jornal das Senhoras, O Homem de Cor, Semana Illustrada, A Vida Fluminense, O Mosquito, A República, Gazeta de Notícias, Revista Illustrada, O Besouro, O Abolicionista, Correio de S. Paulo,Correio do Povo, O Paiz, Diário de Notícias así como también los primeros diarios de las provincias del Imperio.

En cuanto al siglo XX, se pueden consultar revistas tan importantes como Careta, O Malho, O Gato, así como diarios que marcaron la historia de la imprenta en Brasil, tales como A Noite, Correio Paulistano, A Manha, A Manhã y Última Hora.

Las revistas de instituciones científicas componen un segmento especial del acervo disponible. Algunas de ellas son: Annaes da Escola de Minas de Ouro Preto, O Progresso Médico, la Revista Médica Brasileira, los Annaes de Medicina Brasiliense, el Boletim da Sociedade de Geografia do Rio de Janeiro, la Revista do Instituto Polytechnico Brasileiro, la Rodriguesia: revista do Jardim Botânico do Rio de Janeiro, el Jornal do Agricultor, entre tantos otros.

La consulta, posible a partir de cualquier dispositivo conectado a internet, puede realizarse por título, período, edición, lugar de publicación y hasta por palabra/s. También se pueden imprimir las páginas deseadas.

Además del apoyo del Ministerio de Cultura, la Hemeroteca Digital Brasilera es reconocida por el Ministerio de Ciencia y Tecnología y cuenta con el apoyo financiero de la Financiadora de Estudos e Projetos (FINEP), que hizo posible la compra de los equipos necesarios y la contratación del personal para su creación y mantenimiento. Hasta el momento ya son más de 5.000.000 de páginas digitalizadas de periódicos raros o extinguidos a disposición de los investigadores, número que se irá acrecentando con la continuidad de la reproducción digital.
[Fuente: FBN]

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Trapalanda era el nombre de una tierra mítica y ensoñada. La buscaron para conquistarla y les fue esquiva. Se convirtió en imagen en el ensayo y nombre de alguna revista.
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Poeta, cuentista y ensayista, figura fundamental de la cultura argentina. La colección de manuscritos adquirida por la Biblioteca constituye el archivo público más importante dedicado a su obra. Posee correspondencia, capítulos manuscritos de El payador y de El dogma de obediencia, entre otros.

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Bibliotecas de Montevideo en línea

La Intendencia de Montevideo lanzó el catálogo en línea de sus bibliotecas

Montevideo. La Intendencia de esta ciudad tiene una red de 19 bibliotecas públicas, quince de ellas en funcionamiento y las otras cuatro en procesos de reapertura y reacondicionamiento. Los servicios que ofrecen son gratuitos y la colección total comprende alrededor de 65.000 ejemplares de 8.000 títulos.

Por esto, la Intendencia creó este catálogo en línea que habilita búsquedas personalizadas por tema, título de publicación, autor o biblioteca. Según dijo un vocero: “El sistema detalla la información del material bibliográfico, la cantidad de copias existentes y la disponibilidad según cada biblioteca”.

El material disponible en las bibliotecas puede leerse en las salas o llevarse al hogar en préstamo. Además de libros, las bibliotecas cuentan con un importante acervo de “revistas, juegos y soportes audiovisuales, como vídeos, DVD y CD-ROM”, señalan desde la Intendencia.

Las bibliotecas, a su vez, ofrecen un espacio particularmente pensado para los niños, con sitios específicos dedicados a promover la lectura entre los más pequeños, además de actividades recreativas y lúdicas. Funcionan asimismo como centro de actividades educativas y de formación, recreativas y sociales de la comunidad donde se encuentran.
[Fuente: La red 21]

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