domingo, 3 de enero de 2016

NATALIE FENTON / ACTIVISTA Y PROFESORA DE COMUNICACIÓN

"Internet crea guetos políticos entre quienes ya están bien informados"
JOAN PEDRO


<p>Natalie Fenton, durante una clase.</p>
Natalie Fenton, durante una clase.
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30 DE DICIEMBRE DE 2015
Natalie Fenton, activista y profesora de Comunicación en Goldsmiths, University of London, reflexiona en esta entrevista sobre las relaciones entre los medios de comunicación—tanto los medios tradicionales como los nuevos medios digitales— y el sistema capitalista, el activismo social y la construcción de fuerzas políticas y culturales contrahegemónicas.  Fenton es Professor in Media and Communications y Codirectora del Departamento de Medios y Comunicación de Goldsmiths, University of London. Es Codirectora del Goldsmiths Leverhulme Media Research Centre y Codirectora del Goldsmiths Centre for the Study of Global Media and Democracy. 
El título de su conferencia de apertura en el congreso que tuvo lugar en Saint Louis University--Madrid fue Esferas públicas mediadas: el problema de la política y el sueño de la democracia. ¿Podría empezar por proporcionar un breve resumen de las ideas clave?
Mi preocupación es que, como investigadores de los medios, tendemos a centrarnos en gran medida, y quizás es comprensible, en el lado de los medios de comunicación: la pluralidad de la propiedad de los medios y del contenido; cuán libre es la prensa; ¿cómo pueden los ciudadanos reclamar autonomía comunicativa? Sin embargo, rara vez se empareja este análisis con una valoración crítica de esta cosa llamada democracia —o peor aún, asumimos en nuestros escritos y marcos conceptuales que la democracia liberal ya está con nosotros.
Se nos dice que los medios de comunicación son el alma de la democracia. Entonces es muy fácil afirmar que la mejora de la democracia simplemente requiere una solución centrada en los medios: mayor pluralidad, menos concentración, mejor representación. Son reformas positivas en sí mismas, pero no podrán arreglar una democracia rota.
LA DESIGUALDAD ESTÁ ESTRECHAMENTE CORRELACIONADA CON LA DEGENERACIÓN DE LA DEMOCRACIA; Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN HAN HECHO MUY POCO PARA CONTRARRESTAR EL AUMENTO CONSTANTE DE LA CONCENTRACIÓN DE LA RIQUEZA
Tenemos que interrogar a la democracia liberal y abordar sus fracasos como proyecto y sistema político, junto con el papel de los medios, a fin de apreciar plenamente cómo es la relación entre los medios de comunicación y la democracia, y cómo debería ser. Si en lugar de empezar el análisis por los medios de comunicación, lo hacemos por el aumento de la desigualdad masiva en todo el mundo llegamos a un argumento muy diferente. Tenemos análisis de cómo la desigualdad daña nuestras sociedades, nuestras economías y nuestros sistemas democráticos. Los pobres no tienen influencia sobre las políticas y los políticos, y votan menos. La participación electoral aumenta conforme aumentan los ingresos, porque los más ricos tienen más probabilidades de ser escuchados. La desigualdad no es una condición favorable para una política democrática sostenible. Así que yo diría que la desigualdad está estrechamente correlacionada con la degeneración de la democracia; y los medios de comunicación han hecho muy poco para contrarrestar los patrones de aumento constante de la concentración de la riqueza. De hecho, tenemos más medios que nunca antes, hemos tenido una explosión digital, hemos visto una expansión masiva del espacio en el que pueden circular los mensajes mediados y, sin embargo, hemos sufrido más y más desigualdad. Por lo tanto, la solución o los temas deben estar en una política más amplia.
Su análisis también lleva a cuestionar las conceptualizaciones predominantes de la esfera pública.
En su enfoque básico, una auténtica esfera pública debe incluir el libre flujo de información e ideas para todos los públicos. La esfera pública es un espacio donde todos los debates pueden ser transmitidos y los temas discutidos de manera deliberativa y racional, conduciendo a una visión de consenso que luego es respondida por los responsables políticos a través de formas de gobernanza. Por supuesto, la democracia realmente existente a menudo está muy lejos de este ideal, con las sociedades caracterizadas más por la desafección política que por una ciudadanía satisfecha que entiende todos los temas que está votando y cuyas opiniones son atendidas por sus representantes electos y los medios de comunicación. Pero al centrarnos en la esfera pública mediada nos dejamos atrapar por la idea de que solo con que los medios de comunicación fueran múltiples y plurales la esfera pública sería saludable. Así, el pluralismo informativo está conectado (a pesar de que rara vez se explica cómo) a una mayor deliberación, que luego nos da una mejor democracia. 
SABEMOS QUE QUIENES DOMINAN LOS ESPACIOS 'ONLINE' SON LAS GRANDES ORGANIZACIONES DE NOTICIAS, EN PARTICULAR LAS ORGANIZACIONES DE NOTICIAS DE TELEVISIÓN
Lo que echo de menos son los muchos factores que crecientemente delimitan, constriñen y socavan las esferas públicas en la época online. Vigilancia ymalware, la censura y el bloqueo, la explotación y la dominación corporativa. Con la desigualdad y la pobreza masiva, la liberación a través de los medios de comunicación está solo al alcance de muy pocas personas. Sin embargo, de alguna manera, nos dejamos convencer por la idea de que ya que, en un mundoonline, podemos enviar libremente mensajes a mucha gente, la libertad es nuestra. Y eso significa que terminamos aceptando la democracia tal como se presenta en el actual periodo.
Y mientras esto está sucediendo, mientras se celebra esta gloriosa abundancia comunicativa a nuestro alrededor, el capital global sigue adelante junto con las enormes desigualdades sociales y políticas que vienen con él. 
Las nuevas tecnologías parecen tener una inmensa capacidad de fascinarnos en la idea de que nos traerán de manera casi mecánica un mundo mucho mejor. En este sentido, me parece muy valiosa la diferencia que establece entre los medios ricos en información y los medios ricos en comunicación. ¿Podría explicar esta diferencia?
No hay duda de que, en la era digital, hay muchos más medios de comunicación, vivimos en un mundo comunicativo. Pero eso, ante todo, es un medio de expresión más que una forma de información. Por ejemplo, las redes sociales: después de Google, Facebook es la plataforma online más popular. Millones y millones de personas la utilizan todos los días. No la usan necesariamente para fines informativos, la están utilizando para fines comunicativos que son en su mayoría expresivos. La comunicación, por supuesto, se superpone con las necesidades y deseos de información, pero en general no es lo más importante. La evidencia empírica señala que casi todos utilizamos Internet para fines de entretenimiento. Aquellas personas que lo utilizan principalmente para fines políticos o informativos pertenecen a grupos muy concretos de la clase media y altamente educada. Así, lejos de aumentar la participación política de todos, Internet crea guetos políticos de los que ya están bien informados; afianza las desigualdades que existen offline. Esto me sucedió durante las elecciones del Reino Unido, donde me dejé seducir por esta idea de que en la tuitesfera y en Facebook todo se sentía bien, había un montón de buenos debates, se sentía cómo la izquierda iba ganando terreno. Pero, por supuesto, todo lo que estaba haciendo era hablar con mis amigos. Había una comunidad muy cerrada—aunque bastante grande— que me creó la ilusión de que algo muy diferente estaba pasando ahí fuera. Al final, la elección general trajo otros cinco años de un Gobierno socialmente conservador y económicamente neoliberal. Este es el verdadero problema de los nuevos medios, son muy seductores. Es agradable y reconfortante expresarnos dentro de nuestras propias comunidades. Pero son comunidades cerradas y se están cerrando cada vez más.
EL PERIODISMO COMO PRÁCTICA ÉTICA NO TRASCIENDE POR ARTE DE MAGIA EL MERCADO DEL QUE ES PARTE
Para aquellos de nosotros que tenemos comunidades grandes, de largo alcance, en las que nos implicamos intensamente con una élite altamente educada, eso podría estar bien. Pero aquellas personas que no están en esos círculos son privadas de sus derechos al ser informativamente empobrecidas. Eso es algo antidemocrático. Cualquier cosa que se mantiene exclusivamente online solo mantiene a unas pocas personas conectadas y afines entre sí, y se replicarán las viejas jerarquías y en última instancia no será inspirador. Terminamos con una carga completa de clicktivismo, una política que no nos lleva a ninguna parte. Conviene también reunirse y movilizarse en las calles y otros mundos offline.  
Los estudios de comunicación y cambio social se centran en buena medida en los nuevos medios digitales, pero participar en televisión permite abrir el círculo de los que ya participan y llegar a un público más amplio. 
Exactamente, eso es absolutamente correcto. He tenido esta experiencia con la campaña Hacked Off. Una vez más, una gran cantidad de activismo se lleva a cabo en los espacios de redes sociales online, pero sabemos que cuando salimos en las noticias de televisión nos estamos comunicando con un público mucho más amplio y logrando un mayor apoyo. También sabemos que quienes dominan los espacios online son las grandes organizaciones de noticias, en particular las organizaciones de noticias de televisión. Está aumentando aún más el control monopólico de las organizaciones que ya son muy poderosas y grandes, los medios de comunicación corporativos. Esa noción de que de alguna manera Internet es este gran y maravilloso nirvana comunicativo está muy fuera de lugar.
¿Podría explicar qué es Hacked Off, qué lo inspiró, qué promueve, sus objetivos, las actividades que desempeña?
Claro. Soy vicepresidenta de la junta directiva de Hacked Off  y una de las fundadoras de la Media Reform Coalition (Coalición para la Reforma de los Medios). Ambas organizaciones están trabajando para la reforma de los medios, pero de diferentes maneras. Surgieron de un enfoque de tres vías que se inició con la crítica de los medios, luego progresó hacia la práctica mediática y después a las políticas de comunicación. 
LA RESOCIALIZACIÓN DE LO POLÍTICO HA DADO A LA GENTE UN POCO DE CONFIANZA DE NUEVO EN LA IDEA DE QUE LA POLÍTICA ESTÁ AHÍ PARA ELLOS, QUE ESTOS SISTEMAS PUEDEN SER RECLAMADOS POR EL PUEBLO
El proyecto surgió con un análisis, en esencia, atado al estado actual de las noticias, a las nociones de aumento masivo de la mercantilización, la globalización y la desregulación. Luego, junto a estos desarrollos, vino la expansión masiva de los medios digitales y las nuevas tecnologías y las nuevas plataformas para la prensa. 
Recuerdo el día en que nos sentamos en la cafetería de la Universidad de Goldsmiths con James Curran y Des Freedman y acababa de saltar el escándalo de los pinchazos telefónicos. Los periodistas quedaron repentinamente expuestos por el hackeo telefónico de niños víctimas de asesinato, de la Familia Real, celebridades y miles y miles de personas comunes y corrientes. Nos pareció que teníamos la crítica de los medios que nos permitía explicar cómo podía haber ocurrido esto. En ese momento nos miramos y dijimos: “Sabes qué, no podemos no hacer algo al respecto. No podemos sentarnos aquí y no traducir nuestra crítica de los medios en alguna forma de práctica mediática” y que, en mi opinión, es lo que la teoría crítica es, si nos remontamos a la noción de Horkheimer de que la teoría crítica debe ser explicativa —la primera etapa: crítica de los medios--. Debe ser práctica —lo que estoy llamando aquí práctica mediática— y debería ser normativa. En otras palabras, debe arrojar luz sobre lo que es con un sentido claro de lo que debería ser y luego sugerir una manera de tender un puente sobre los dos, a fin impulsar el pensamiento y la práctica progresista. Para nosotros era una obviedad que teníamos que hacer algo. Estábamos en una posición perfecta para hacerlo. Así que creamos la Media Reform Coalition.
Hacked Off comenzó en 2011 como una campaña que era parte de otra organización de la sociedad civil, el Media Standards Trust, que ayudó a llevar a cabo la investigación Leveson de la cultura, las prácticas y la ética de la prensa. En el verano de 2012, se convirtió en un grupo activista separado con el mismo nombre y se dedicó a ayudar a las víctimas de abuso por parte de la prensa a contar sus historias, incluyendo el hackeo telefónico, el acoso y la intimidación que sufrieron durante su campaña para asegurar que se pusiesen en marcha mecanismos reguladores independientes y eficaces para hacer frente a tales transgresiones por parte de la prensa.
LA OTRA CARA DE LA RESOCIALIZACIÓN DE LO POLÍTICO ES LA REPOLITIZACIÓN DE LA ECONOMÍA. ESTO ES ABSOLUTAMENTE CLAVE
De modo que, mientras Hacked Off se concentraba en las normas periodísticas, los códigos y la ética y argumentaba a favor de un sistema de autorregulación independiente y eficaz para el periodismo, que fue el foco de la investigaciónLeveson, la Media Reform Coalition se centró en la pluralidad y la concentración de la propiedad. Ambos problemas están conectados (no se soluciona uno sin el otro). El periodismo como práctica ética no trasciende por arte de magia el mercado del que es parte. Lejos de ello, está envuelto en un sistema económico-político particular, por lo que se necesita abordar los problemas con ese sistema, así como el ejercicio del periodismo en su interior.
Hacked Off recibió lo que Herman y Chomsky llamaron flak(contramedidas disciplinarias) por parte de The Daily Telegraph. Esto plantea la cuestión de cómo responder a los ataques en términos estratégicos.
Responder al flak es una noción muy interesante. Creo que una vez apreciamos que a los medios nunca les van a gustar las propuestas de reforma mediática provenientes de cualquier persona que no sea de los propios medios de comunicación, entonces es más fácil no dejarse afectar. Por supuesto que no les va a gustar. Y cuanto más fuerte gritan o más te atacan, por lo general, es una señal de que estás haciendo algo bien. Así que te vas curtiendo y prevés en cierta medida los ataques. 
Para ver la parte positiva del flak, podemos considerar las doce páginas en The Daily Mail con una cantidad ridícula de noticias en torno a la relación entre Hacked Off y el Media Standards Trust y otras personas clave. El Daily Mail decía que se trataba de una gran conspiración de izquierda para dominar el mundo. Nadie se lo creyó. Así que, en última instancia, sólo les desacredita a ellos y a su periodismo. Harold Evans, exeditor de The Times, dijo que se habían convertido en una caricatura de sí mismos. De lo que no podían darse cuenta es que estaban diciendo que Hacked Off estaba dañando la libertad de la prensa, cuando estaban tergiversando todos los argumentos sobre una autorregulación independiente de la prensa, que era el marco Leveson. El Daily Mail dijo que esto era el preludio del autoritarismo. Lo llamaban el regreso al Zimbabue de Robert Mugabe. Era completamente ridículo. Y cuanto más lo hacían, más ridículos parecían. Aunque en un principio es deprimente, cuando te das cuenta de que por supuesto no van a responder de ninguna otra forma, se aprende muy rápidamente a tratar con los ataques.
Lo más alentador de Hacked Off  y las campañas de Media Reform es que, aunque no han cambiado necesariamente la manera en la que la prensa opera en el Reino Unido, sí que han ayudado a que la gente se dé cuenta de que pueden hacer frente a estas corporaciones mediáticas increíblemente poderosas. Muchos de los comentarios online de los usuarios en los tabloides son a menudo muy críticos y exigentes. Hubo un momento en que este no era el caso. No tengo evidencia empírica para respaldar esto, pero es una corazonada, parece como si hubiera un cambio en la forma de pensar que puede hacer frente al poder de los medios. Eso es un cambio cultural que ha ocurrido como resultado de la investigación Leveson y las campañas de reforma de los medios.
¿Cuál sería la principal aportación de Internet para contribuir a impulsar el cambio social?
Lo que el mundo online puede hacer bien es compartir ideas e inspirar. Compartir y difundir la solidaridad es muy importante. Como estudiosos de los medios, hay que tener en cuenta esto y tener cuidado de no reducir todo a la economía política. También tenemos que tener en cuenta la experiencia sentida de la protesta —la dimensión de lo político que inspira, frustra, entusiasma, enoja y moviliza--. En mi libro actual hablo de esto en términos del ser político yla política del ser. Tenemos que entender la política del ser, ¿cómo se agitan las emociones, la indignación ante la injusticia, la pasión por el cambio social y político. Pero también tenemos que entender lo que significa ser político para transformar las emociones en un proyecto político que provoque el cambio institucional material, una cierta forma de una verdadera transformación social y política. Con demasiada frecuencia en los estudios de los medios de comunicación se analizan los afectos de manera aislada. Pero cuando estamos hablando de la movilización política, tenemos que combinar este análisis con cuestiones estructurales de poder y desigualdad con el fin de concebir cómo lograr un cambio político.
Ambas tienen que ir de la mano, en los medios pero también en otras esferas de la vida.
Así es. La resocialización de lo político ha dado a la gente un poco de confianza de nuevo en la idea de que la política está ahí para ellos, que estos sistemas pueden ser reclamados por el pueblo. Se vuelve a conectar la política con la clase social y el ámbito social. Y creo que, en todo el mundo, la izquierda tiene que replantearse en estos términos, y en particular en el Reino Unido. Se trata de decir: “Está bien, la política no es algo para políticos profesionales que buscan ser reelegidos, se trata de satisfacer las necesidades sociales. Eso es a lo que me refiero con “resocializar de la política”.
La resocialización de la política por sí sola, por supuesto, no es suficiente para hacer frente a los problemas, porque te encuentras con la situación a la que los griegos se enfrentan a ahora, en un intento de conseguir el control de su economía. Todavía están cogidos por las élites financieras que les dicen lo que pueden y no pueden hacer con su economía. El control que la Troika (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) tiene sobre los países, los atrapa y les impide funcionar democrática y soberanamente. No pueden hacer lo que su país necesita o lo que su población quiere para conseguir salir de la situación en la que están. Sólo pueden hacer lo que los bancos les dicen que hagan.
AL IGNORAR LA POLÍTICA REAL TERMINAMOS DESPOLITIZANDO LA CONTRAPOLÍTICA PORQUE OFRECEMOS POCAS SUGERENCIAS VALIOSAS SOBRE CÓMO PODEMOS HACER QUE LA POLÍTICA SEA MÁS DEMOCRÁTICA
La otra cara de la resocialización de lo político es la repolitización de la economía. Esto es absolutamente clave. También es más difícil porque es una lucha contra el capital global y será imposible a menos que se resocialice la política. Pero imagínense que esto sucediese en varios lugares de Europa. ¿Cómo respondería la Unión Europea si hubiese un verdadero cambio que nos alejase de la economía neoliberal? Sería un gran problema para ellos. Correrían el riesgo de desestabilizar el continente si les echan fuera de Europa. Así que tendrían que adaptarse a la nueva situación.
En Redes de indignación y esperanza, Manuel Castells habla de cómo la descentralización puede funcionar en niveles reducidos. Pero de lo que no habla es de cómo puede funcionar cuando se tienen más de doscientas mil personas. Así que tienes que tener un sistema político de mayor escala que sustente y supervise toda la producción de capital. Hay que construir esos andamios. Pero, al mismo tiempo, también puedes tener comunidades más pequeñas que guíen, hagan y tomen el control de sus propias vidas. Un sistema así no está más allá de las capacidades humanas.
Para mi próximo libro estoy jugando con la idea de un título como ¿Mirar a la izquierda? Medios digitales y política radical. Aunque sé que la palabra radical tiene diferentes significados según el país, no puedo pensar en una manera mejor de decirlo. El libro comienza con la premisa básica de que cuando pensamos en la política radical y los medios de comunicación, estamos interesados ​​en el cambio social progresista. Se plantea la pregunta de cómo podemos empezar a abordar los desafíos a los que se enfrenta la política democrática si no hablamos de política real como parte de nuestra investigación. Creo que el problema es tanto conceptual como práctico. Una política requiere una práctica. No podemos entender la naturaleza de la práctica sin entender su política; no podemos entender la política sin apreciar sus procesos y organización. Sin embargo, muchos estudios omiten estas relaciones. Yo sostengo que dejar de lado la política limita nuestra capacidad de impulsar el pensamiento y la acción progresista. Al ignorar la política real terminamos despolitizando la contrapolítica porque ofrecemos pocas sugerencias valiosas sobre cómo podemos hacer que la política sea más democrática (tanto a escala pequeña como grande). Sin una comprensión de cómo la izquierda política progresista puede desarrollarse, la política en sí seguirá siendo nebulosa y estará mal definida. Entonces, ¿qué podría significar poner en el centro de nuestro análisis el desarrollo de una contrapolítica? ¿Cuáles son las condiciones necesarias (incluyendo las condiciones comunicativas) para que las organizaciones y colectivos políticos radicales puedan perdurar, construir capacidades y lograr un cambio social?
Esta entrevista forma parte del volumen Talking Back to Globalization: Texts and Practices (New York: Peter Lang, 2016), editado por Brian M. Goss, Mary R. Gould y Joan Pedro, quien conduce la entrevista. 
Joan Pedro es doctor en Comunicación, Cambio Social y Desarrollo por la Universidad Complutense de Madrid y profesor en la Saint Louis University–Madrid Campus.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Rachel Smith The “hidden abodes” of temporary migration programs

Organizations such as the World Bank have repeated what has been called the “migration development mantra.” In this, remittances appear as a panacea—or “wonder drug” (Green 2015)—for economic development, while in real world interactions “social remittances” import liberal ideals such as “work ethic,” “financial literacy,” and democracy. Thus, this “mantra” reflects a neoliberal revival of 1960s modernization narratives (Glick Schiller and Faist 2010; Wise and Covarrubias 2009) with which it promotes temporary worker programs in particular, as they facilitate the return of the migrant and remittances and thus (it is assumed) greater economic development in the area of origin.

Here, I argue that we must look behind the current developmentalist focus on remittances as a generator of foreign exchange earnings, for that focus takes us into a global “realm of Freedom, Equality, Property and Bentham” (Marx 1990: 280). Instead, a perspective that begins with a broad notion of the articulation of different modes of production can help reveal how temporary foreign workers are subject to structural “over-exploitation” and subordination in the “hidden abode” of production (279).
Ethnographic analyses of articulation with capitalism through circular migration in the global “periphery” have revealed how domestic productive and reproductive activities, and not just labor time expended in the workplace, have been harnessed for the circuits of capital accumulation. Such critiques echo socialist feminist arguments that capitalism benefits from the “house-work” disproportionately performed by women (cf. Lem 2014), which point to the fact that a form of articulation with the domestic economy takes place even in the capitalist “cores.” In solidarity with these perspectives, I will discuss the need for an expanded notion of “modes of (re)production” to account for the production of people and social relations in transnational migration.
I do so with reference to New Zealand’s Recognised Seasonal Employer (RSE) program, which, as part of the migration development mantra, has been widely reported as a “best practice” example for other countries to follow. It is espoused for bringing “triple-win” benefits for employers, sending states, and migrants themselves (Gibson and McKenzie 2013), effectively absolving the program of accusations of class conflict and exploitation. This essay considers the position of seasonal migrants from a rural community in Vanuatu that participates in New Zealand’s RSE program, drawing on insights from wider Melanesian anthropology. In so doing, I will go beyond the migration-development nexus to reveal the “hidden” and “still more hidden” abodes that underpin these state-endorsed labor mobility programs.
Articulating circular migrationOne of the greatest contributions of French structural Marxist anthropologists was in drawing attention to how the articulation of capitalist and noncapitalist modes of production could benefit capitalist accumulation. Meillassoux (1972; 1982) usefully employed the concept of the articulation of modes of production to reveal how African circular migrants from populations also engaged in subsistence production were nevertheless “super-exploited” by colonial regimes to obtain cheap labor without incurring the costs of reproduction of the labor force, which were borne by the migrant’s domestic community.
However, the modes of production paradigm’s dominance in economic anthropology was over almost as soon as it began. Even among Marxists, the question of articulation was increasingly abandoned in favor of “dependency” and “world systems” theories that drew all ends of the globe into one capitalist system and focused on the workings of a global division of labor between core, semi-periphery, and periphery. For the system’s theorists, capitalism did not emerge with proletarianization and wage labor but with worldwide trading systems, and this shifted the emphasis from production to distribution and exchange (Graeber 2006: 75; Roseberry 1991: 153), in which labor is figured as another means for producing export commodities (even labor itself).
However, by complementing macroscale arguments about a global capitalist system that exploits the periphery, the concept of the articulation of modes of production helps to reveal how exploitation emerges and is reproduced at the local level, where actors make a living in circumstances not of their choosing. Arguably, this attention to the microlevel is particularly important for “kin-ordered” communities, where socioeconomic and political relations are interpersonal and shaped by mutual obligations (Asad 1987: 603).
From production to reproductionMany anthropologists have argued for an expanded notion of the “mode of production” that is conceived not of material production narrowly defined but also of the production of people and social relations (e.g., Friedman 1976; Graeber 2006; Meillassoux 1972; Turner 1986). This is compatible with feminist critiques of capitalist ideology, which they say ignores reproductive work, often performed by women. Therefore, an expanded concept of the mode of (re)production is employed in the following, which accounts for the production of people and noncommoditized social relationships, as well as how people access and use material resources.
Feminists have long argued that an exclusive focus on production of commodities obscures the important work of family reproduction and care. Nancy Fraser (2014) recently wrote that this reproductive work takes place in one of the “abodes that are still more hidden” from a capitalist perspective: that is, accumulation regimes are sustained by arenas that exist beyond the factory walls. To insist on the conceptual separation of the workplace and the home, and to privilege the creation and realization of surplus value through industrial production and commodity exchange, is to reiterate the economistic and alienating divisions and values that underpin the logic of capitalism: the alienation of workers from their noncommoditized relationships to people and things (Carrier 1992: 541).
For Graeber (2006), to focus only on material production is to reflect the capitalist rationale that thrives off the separation of the domestic and economic spheres, which affects the abstraction of labor power from kinship and social relations. Graeber argues that the concept of modes of production should be reformulated to give primacy to the production of people, reminding us that Marx (1993: 487–488) himself recognized that in precapitalist social formations, the production of material things was seen as just a moment in the fashioning of human beings. I would add that Marx understood that even at the core of the capitalist mode of production, the process of the production of material things must be understood as inseparable from the total system of social reproduction (i.e., the production of people and social relations):
When we consider bourgeois society in the long view and as a whole, then the final result of the process of social production always appears as the society itself, i.e., the human being itself in its social relations. Everything that has a fixed form, such as the product, etc., appears as merely a moment, a vanishing moment, in this movement. The direct production process itself here appears only as a moment. The conditions and objectifications of the process are themselves equally moments of it, and its only subjects are the individuals, but individuals in mutual relationships, which they equally reproduce and produce anew. The constant process of their own movement, in which they renew themselves even as they renew the world of wealth they create. (712)
In a critique of then-popular Althusserian approaches, Friedman (1976: 3–4) argued that a complete analysis must begin with the object of a total system of reproduction, that is the production of individuals within socially determined relations. The fact that distribution appears to be determined by relations of production is historically specific to capitalism, in which the two moments are both structured according to the same categories. And recently, Narotzky and Besnier (2015: S5) argued that anthropologists should combine analyses of production, exchange, and circulation in an approach based on social reproduction, broadly defined. That includes attention on how people “make a living” through working to achieve the creation and maintenance of persons and social relations, as well as their struggle over access to material resources required to sustain their livelihoods. And, as Neveling (2015) suggests, recognizing wage laborers not as victims but as actors who make decisions in an attempt to attain well-being and maintain a household does not entail a denial of their structural exploitation in the workplace, but rather reveals how engagement in the labor market has become an inevitable domain of social reproduction.
The domestic economy: Material abodesSo how do we begin to understand such an articulation in Melanesia, and Ni-Vanuatu seasonal work in particular? Attempts to apply analyses based on the exploitation of the producing class through the appropriation of labor power to the internal dynamics of social reproduction in Melanesian formations have been criticized for uncritically employing “Western” bourgeois and Marxist concepts (Gewertz and Errington 1999: 151n17; Jolly 1987; Strathern 1988: 137–145).
Gregory (1982) argued that whereas commodity logic organizes self-replacement through production and requires a quantitative value relationship between things (i.e., prices), the gift logic common in Melanesian ceremonial exchange social reproduction is based on methods of consumption and requires the classification of people through kinship relations. This conceptual distinction was not intended to classify societies into opposed “types” but rather to address the paradox of why articulation with capitalism as the dominant mode of production had resulted in the flourishing of Melanesian ceremonial exchange systems rather than their destruction (Gregory 1982: 115; 1997: 50).
Drawing on Meillassoux, Gregory (1982: 115–116) further suggested that throughout the periods of indentured and “agreement” labor in Papua New Guinea, wages were calculated in such a way as to discourage the resettlement of families and the formation of a permanent population, all for the benefit of the colonial regime. These low wages were enabled by the fact that land was not commoditized, and the worker’s clan continued to bear the costs of reproduction. Carrier and Carrier (1989: 224) argued that we also ought to look more closely at the effect of this articulation on household and village life, which is “dominated by the social conditions of the reproduction of people.” They suggested that in Manus Province, urban migration had created a “bizarre sort of division of labor,” whereby migrants delivered much of the material resources required for village life while the villagers provided the ceremonial wealth required for the production of social identity and kinship relations.
For 150 years, the people of my field site in rural Vanuatu have been engaging in subsistence production, supplemented with intermittent cash cropping and labor migration, subject to external demand. However, the social structure remains organized around the relations of production of people—that is, by exogamous land-holding clans. The current seasonal work programs reflect the types of circular contractual agreement of labor common across pre-independence Melanesia, in that they entail circular forms of migration, and much of the costs of reproduction are borne by kin in the home village.
What, then, is happening as these long-standing albeit historically dynamic agreements engage with present patterns of transnational migration? Due to the conditions of temporary foreign worker programs, in which workers are typically tied to particular employers on short-term contracts regulated by the migrant-receiving state, typically seasonal workers are likely to accept low wages, perform unpleasant work, or work long hours, and are unlikely to leave, protest, or unionize (e.g., Basok 2002; Binford 2013). This was true of the Ni-Vanuatu migrants I spoke to in New Zealand, who often found the work hard and exhausting, and in some cases they accused the employers of exploiting them through lowering pay, pushing for excessive work rates, and overcharging for deductions such as rent and transport.
Ni-Vanuatu seasonal workers in a New Zealand packhouse, March 2012 (Photo: Rachel Smith)
Ni-Vanuatu seasonal workers in a New Zealand packhouse, March 2012 (Photo: Rachel Smith)
While migrants spoke of the hardships of their separation from kin and community, predominantly female family members bore the brunt of the work at home, including subsistence and petty commodity production to support the family, in addition to childcare and domestic tasks. Nevertheless, people valued the opportunity to migrate in a situation where they had few options to find the cash now necessary for living expenses and their children’s education. One migrant said, “Sometimes we feel like slaves, but we believe there is a Judge God that will turn these hardships into a blessing in many of our children’s lives, if this scheme continues.”
As Glick Schiller (2012: 92) points out, “migrants, most of whom are overworked, underpaid and work in increasingly difficult conditions, often are primarily concerned with the subsistence and social reproduction of family members ‘left behind.’” This concern for social reproduction is evident of a desire both to overcome global material inequalities and to nurture, protect, and ensure a good future for one’s kin and offspring.
In addition to a house constructed from permanent materials and school fees for their children, migrants I spoke to during my research in New Zealand and Vanuatu spent much of their savings on contributions to life cycle rituals, which ensure the reproduction of kin and community relations, and I was told such ceremonies have escalated in cost. These ritual costs, often seen as irrational “consumption” by development economists, allow migrants and their families to invest in the web of kinship relations that binds them to the wider community and to retain their customary rights to land, ensuring them a continued means of subsistence and for simple commodity production if they withdraw from wage work. This determination to maintain customary land tenure also reflects the value they place on maintaining their clan and community identities and the conditions required for their social reproduction.
ConclusionIn the introduction to this essay, I argue that the current ideological emphasis on foreign exchange, in the form of migrant remittances (and hence emphasizing the gain on the migrants’ side), obscures how migration programs benefit state capital by providing a source of reliable labor in the “hidden abode” of production without incurring the full costs of the reproduction of the migrants. Rather than preordaining an idealist and economistic emphasis on production and capitalist valorization, we should depart from an expansive and open notion of “modes of reproduction,” including the production of noncommoditized social relations.
This entails attention to the perspective of the concrete “material abode” in which people make decisions to meet family expectations and kin obligations, striving to make a living in situations where engagement in market production, householding, and ceremonial exchange are intertwined. So then, following Nancy Fraser (2014)I have returned from the “hidden abode of production” to “abodes that are still more hidden.” Adopting the perspective of actors navigating between these different sites of social reproduction (Lem 2007: 378)can offer the grounds for a critique of neoliberal development paradigms and the assumed role of migration within these.

Rachel E. Smith is a PhD Candidate in Social Anthropology at University of Manchester. She conducted sixteen months of ethnographic fieldwork focused on kinship and economic change among Ni-Vanuatu seasonal migrants from the island of Epi, Vanuatu. Her research is part of the comparative research project Domestic Moral Economy: An ethnographic study of value in the Asia-Pacific region,” funded by Economic and Social Research Council (UK).

References
Asad, Talal. 1987. Are there histories of peoples without Europe? A review article. Comparative Studies in Society and History 29(3): 594–607.
Basok, Tanya. 2002. Tortillas and tomatoes: Transmigrant Mexican harvesters in Canada. Montreal: McGill-Queen’s University Press.
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Cite as: Smith, Rachel. 2015. “The ‘hidden abodes’ of temporary migration programs.” FocaalBlog, 12 November. www.focaalblog.com/2015/11/12/rachel-smith-the-hidden-abodes-of-temporary-migration-programs.
- See more at: http://www.focaalblog.com/2015/11/12/rachel-smith-the-hidden-abodes-of-temporary-migration-programs/#sthash.O7oJBHTz.dpuf

viernes, 25 de diciembre de 2015

Journal of Ethmographic Theory - Vol. 5, N°3 (2015)


Cover Page

Table of Contents

Editorial

Gifts by stealth and silent trades
Giovanni da Col
i–iii

Special Issue - Introduction

Harry Walker, Iza Kavedžija
1–23

Special Issue - Articles

Charles Stafford
25–43

C. Jason Throop
45–68

Matthew Engelke
69–91

Henrik E. Vigh
93–110

Michael Lambek
111–134

Iza Kavedžija
135–156

Dena Freeman
157–176

Harry Walker
177–196

Special Issue - Colloquium

Katy Gardner
197–214

Special Issue - Afterword

Joel Robbins
215–233

Lectures

Jessica R. Cattelino
235–250

Book Symposium - The spirit of the laws in Mozambique (Juan Obarrio)

AbdouMaliq Simone
251–256

Ato Quayson
257–261

Morten Nielsen
263–266

Harri Englund
267–271

Juan Obarrio
273–284

Reprints

Maurice Bloch
285–299

Bronislaw Malinowski
301–303

Conicet Digital

Un servicio de acceso gratuito que permite la consulta, recuperación y difusión de la producción científico-tecnológica de investigadores, becarios y demás personal del CONICET.
CONICET Digital es la nueva plataforma virtual de acceso abierto que pone a disposición de la sociedad, la producción científico-tecnológica realizada por investigadores, becarios y demás personal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Ver Políticas del CONICET Digital
Buscar en CONICET Digital
Los investigadores, becarios y demás personal de CONICET autoarchivan su producción científico-tecnológica en el Sistema Integral de Evaluación (SIGEVA), estas producciones...
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Revista Etnográfica

Etnográfica es una revista cuatrimestral de antropología social y cultural publicada en Portugal. Edita artículos en portugués, inglés, español y francés que abordan contextos etnográficos diversos. La revista privilegia la investigacíon empirica de calidad, la diversidad de puntos de vista analíticos y la innovación teórica. Los artículos seleccionados por la comisión editorial se someten anónimamente a la evaluación de dos revisores.Etnográfica esta indexada en importantes bases de dados y colecciones como Anthropological Index Online, EBSCO, Revues.org, SciELO, Scopus, Web of Science – SciELO Citation Index.

último número en línea
vol. 18 (2) | 2014

Hemeroteca Digital Brasileña

Hemeroteca Digital Brasileña

Río de Janeiro. La Fundação Biblioteca Nacional pone a disposición de sus usuarios la Hemeroteca Digital Brasileña, un portal de periódicos nacionales (diarios, revistas y publicaciones seriadas) para ser consultado por internet. En ella, investigadores de cualquier parte del mundo pueden tener acceso libre y gratuito a títulos que incluyen desde los primeros diarios creados en el país –como el Correio Braziliense y la Gazeta do Rio de Janeiro, ambos fundados en 1808- a diarios desaparecidos en el siglo XX, como el Diário Carioca y el Correio da Manhã, o que ya no circulan en forma impresa, como el Jornal do Brasil.

Entre las publicaciones más antiguas y raras del siglo XIX se encuentran, por ejemplo, O Espelho, Reverbero Constitucional Fluminense, O Jornal das Senhoras, O Homem de Cor, Semana Illustrada, A Vida Fluminense, O Mosquito, A República, Gazeta de Notícias, Revista Illustrada, O Besouro, O Abolicionista, Correio de S. Paulo,Correio do Povo, O Paiz, Diário de Notícias así como también los primeros diarios de las provincias del Imperio.

En cuanto al siglo XX, se pueden consultar revistas tan importantes como Careta, O Malho, O Gato, así como diarios que marcaron la historia de la imprenta en Brasil, tales como A Noite, Correio Paulistano, A Manha, A Manhã y Última Hora.

Las revistas de instituciones científicas componen un segmento especial del acervo disponible. Algunas de ellas son: Annaes da Escola de Minas de Ouro Preto, O Progresso Médico, la Revista Médica Brasileira, los Annaes de Medicina Brasiliense, el Boletim da Sociedade de Geografia do Rio de Janeiro, la Revista do Instituto Polytechnico Brasileiro, la Rodriguesia: revista do Jardim Botânico do Rio de Janeiro, el Jornal do Agricultor, entre tantos otros.

La consulta, posible a partir de cualquier dispositivo conectado a internet, puede realizarse por título, período, edición, lugar de publicación y hasta por palabra/s. También se pueden imprimir las páginas deseadas.

Además del apoyo del Ministerio de Cultura, la Hemeroteca Digital Brasilera es reconocida por el Ministerio de Ciencia y Tecnología y cuenta con el apoyo financiero de la Financiadora de Estudos e Projetos (FINEP), que hizo posible la compra de los equipos necesarios y la contratación del personal para su creación y mantenimiento. Hasta el momento ya son más de 5.000.000 de páginas digitalizadas de periódicos raros o extinguidos a disposición de los investigadores, número que se irá acrecentando con la continuidad de la reproducción digital.
[Fuente: FBN]

Biblioteca Digital Trapalanda


TRAPALANDA

Trapalanda era el nombre de una tierra mítica y ensoñada. La buscaron para conquistarla y les fue esquiva. Se convirtió en imagen en el ensayo y nombre de alguna revista.
Para la Biblioteca Nacional es el nombre de una utopía: la puesta en acceso digital de todos sus fondos. Aquí se encontrará el lector con distintas colecciones, en las cuales los libros y documentos que la institución atesora se encuentran en forma digital.

  • Archivo audiovisual
  • Archivo sonoro
  • Documentos fundacionales
  • Exlibris
  • Folletos
  • Fotografias
  • Libros
  • Manuscritos
  • Mapas
  • Materiales graficos
  • Musica impresa y manuscrita
  • Periódicos
  • Publicaciones de la Biblioteca Nacional
  • Revistas

COLECCIÓN SUGERIDA

Manuscritos de Leopoldo Lugones

Poeta, cuentista y ensayista, figura fundamental de la cultura argentina. La colección de manuscritos adquirida por la Biblioteca constituye el archivo público más importante dedicado a su obra. Posee correspondencia, capítulos manuscritos de El payador y de El dogma de obediencia, entre otros.

> Ver Colección completa

BIBLIOTECAS DIGITALES ESPECIALES

  • Biblioteca Digital Mundial
  • Pedro de Angelis
  • Martin Fierro Interactivo
  • Avervo Digital Anotado
  • Biblioteca Digital del Patrimonio Iberoamericano

La Biblioteca Nacional tiene acuerdos de integración de bibliotecas digitales con la Iberoamericana –que incluye varias bibliotecas nacionales de América Latina y España–, y constituye, junto con la Biblioteca Nacional de Brasil, la Biblioteca Virtual Pedro de Ángelis. Al mimo tiempo desarrolla colecciones y acervos de información específicos como el Martín Fierro interactivo y el Acervo digital anotado.

Bibliotecas de Montevideo en línea

La Intendencia de Montevideo lanzó el catálogo en línea de sus bibliotecas

Montevideo. La Intendencia de esta ciudad tiene una red de 19 bibliotecas públicas, quince de ellas en funcionamiento y las otras cuatro en procesos de reapertura y reacondicionamiento. Los servicios que ofrecen son gratuitos y la colección total comprende alrededor de 65.000 ejemplares de 8.000 títulos.

Por esto, la Intendencia creó este catálogo en línea que habilita búsquedas personalizadas por tema, título de publicación, autor o biblioteca. Según dijo un vocero: “El sistema detalla la información del material bibliográfico, la cantidad de copias existentes y la disponibilidad según cada biblioteca”.

El material disponible en las bibliotecas puede leerse en las salas o llevarse al hogar en préstamo. Además de libros, las bibliotecas cuentan con un importante acervo de “revistas, juegos y soportes audiovisuales, como vídeos, DVD y CD-ROM”, señalan desde la Intendencia.

Las bibliotecas, a su vez, ofrecen un espacio particularmente pensado para los niños, con sitios específicos dedicados a promover la lectura entre los más pequeños, además de actividades recreativas y lúdicas. Funcionan asimismo como centro de actividades educativas y de formación, recreativas y sociales de la comunidad donde se encuentran.
[Fuente: La red 21]

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